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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La verdad de Dios en nuestra carne, como se ha manifestado en Cristo, es criterio normativo de toda otra verdad de fe.
Homilía nde1010a, predicada en 20150105, con 5 min. y 18 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada de la primera Carta de San Juan en el capítulo tercero. Recordemos lo que hemos dicho en otras ocasiones. En estos tiempos litúrgicos especiales, la Iglesia nos da siempre buenos, verdaderos guías. En el Adviento nos estuvieron guiando el profeta Isaías, San Juan Bautista y la Virgen María. Ahora, en Navidad, nuestro principal guía es San Juan. A través sobre todo de su primera carta.
Y yo creo que el pasaje de hoy, tomado del capítulo tercero, es realmente emblemático. Es representativo de lo que este apóstol quiere que quede profundamente grabado en nuestros corazones. Las lecciones de hoy son dos.
Primera, que es necesario discernimiento. Jesús había dicho en alguna ocasión, No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos. Indicando así que aunque las palabras tengan un aspecto religioso, no necesariamente corresponden a la verdad del corazón y a la verdad de la fe. La fe que salva.
Algo parecido es lo que nos propone el apóstol Juan en este caso, porque hay mucho lenguaje religioso. En nuestra época, por ejemplo, hay muchas revelaciones, hay mucha gente que se supone que ha tenido revelaciones, palabras que vienen de ángeles, que vienen de Cristo, que vienen de la Virgen pero hay que discernir esos mensajes. No todo lo que se dice que viene de Dios realmente viene de Dios.
En Internet, por ejemplo, circula una gran cantidad de información que solo puedo calificar de verdadero veneno. Cuando el Papa Benedicto fue elegido como sucesor de Juan Pablo segundo. Hubo personas que empezaron a regar información de que el Papa Benedicto era un falso Papa, incluso apoyándose en el hecho de que la fisonomía de Joseph Ratzinger indica cansancio y tal vez no es la más agradable. Basándose en cosas tan superficiales como el aspecto de su rostro, ya querían hacerlo aparecer como si fuera un enemigo, como si fuera el anticristo. Yo vi mensajes de esos. Llegaron a mi buzón de correo.
Pues algo parecido ha sucedido también con el Papa Francisco. Hay una gran cantidad de gente que dice que el Papa Francisco es el Papa falso, que eso estaba anunciado, que es muy peligroso, que este es el final, que ya empezó el final de los tiempos, que ahora viene el cisma, cosas parecidas. El pánico en ningún caso va a ser un buen consejero. Así que hay que discernir. Esa es la primera lección.
La segunda lección es parecida. Necesitamos también tener un gran criterio de discernimiento y el gran criterio no es otro que la persona misma de nuestro Señor Jesucristo y en particular la realidad de su Encarnación. Todo aquello que tiene que ver con la vida real de Cristo en esta tierra, es decir la verdad de su nacimiento, la verdad de su cansancio, la verdad de su Pasión, la verdad de su dolor, la verdad de las torturas que padeció por nosotros, la verdad de su muerte redentora.
Solo cuando tomamos en serio esas verdades, cuando afirmamos lo que se afirma de la carne de Cristo, podemos decir que estamos en la verdad de nuestra fe. Por consiguiente, aquellos que niegan la verdad de aquello que sucedió en la carne y a través de la carne bendita de nuestro Señor Jesucristo, que es precisamente lo que cuentan los Evangelios. Quien dice eso, se ha apartado de la verdad.
Qué hermoso contemplar el misterio de la Encarnación con todo lo que sigue. La realidad histórica de la vida de Cristo, su dolorosa pasión por nosotros. Contemplar todo eso y saber que ahí, precisamente ahí, es donde está la fuente de nuestra verdad. No solamente por los contenidos que se dicen, sino porque en esa realidad, en eso que allí se nos cuenta, ahí tenemos también el manantial de espíritu, el manantial de gracia.
Dicho de otra manera, quien contempla con fe, quien contempla con verdadero amor estas palabras, quien contempla con verdadera convicción lo que allí nos dicen los Evangelios, está a la vez abriendo su corazón a la verdad y la acción del Espíritu, que es el que le preserva en la verdad. Importantes enseñanzas de uno de los grandes apóstoles, San Juan.

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