Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Creer en la verdad de la encarnación es creer que es verdad el compromiso y la donación de Cristo hasta la efusión de su propia sangre.

Homilía nde1007a, predicada en 20110103, con 4 min. y 15 seg.

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Transcripción:

Para muchas personas, la Navidad es solamente un día o incluso una noche o menos aún una gran fiesta o una gran comida, y ahí termina todo. Para nuestra iglesia en cambio, la Navidad es un tiempo, así como hay un tiempo de Adviento que nos preparaba para el nacimiento de Cristo, así también existe el tiempo de Navidad. Y este tiempo cuando empieza, pues empieza en la noche santa, en la noche que llamamos Nochebuena, buena por excelencia, la noche en que hemos recibido la bondad de Dios, es decir, la noche de Navidad. Pero luego se extiende ¿Hasta qué punto? El tiempo de Navidad llega hasta la fiesta del bautismo del Señor. Es decir, que no solamente celebramos que Cristo salió de las entrañas de María y fue puesto en el pesebre.

En realidad, lo que celebramos es que en todos los acontecimientos, desde el parto hasta el momento del bautismo, Jesucristo ha entrado en nuestra historia por una parte, y se ha convertido en el lenguaje de Dios, por otra parte. En Cristo, Dios nos está hablando del modo más perfecto, el más pleno, el más hermoso, el más necesario para nuestra salvación. Por eso el tiempo de Navidad cobija todos esos años de Cristo, porque durante esos años sucedió como una especie de amanecer. Es el amanecer de la gracia. Es el amanecer de la vida. Durante este tiempo de Navidad tenemos nuestro guía. Como ya lo hemos dicho. Se trata del evangelista San Juan y la primera lectura está tomada de San Juan en el Capítulo Tercero, invitándonos a ejercer el discernimiento.

Si nosotros somos de Cristo, no podemos malgastar, no podemos desperdiciar lo que le costó tan caro a Cristo, porque le costó el precio de su propia vida, de su propia sangre. Por eso tenemos que recordar que en esa carne, en esa sangre, en ese sacrificio, está la gran manifestación, está la gran Epifanía. Y sí ahí está la preciosa manifestación de Dios, entonces a la luz de la sangre de Cristo, tenemos que discernir todo lo demás. Si viene una teoría religiosa, un modo de ofrecer el cristianismo que le da poca importancia a la cruz, a la sangre. No importa qué tan ilustrados sean los predicadores o los teólogos, si no está en el centro de su predicación la sangre preciosa del Señor, su sacrificio de amor por nosotros, ahí tenemos que encender las alarmas. Porque Cristo ha venido para ser rey. Y eso es lo que nos recuerda el Evangelio de hoy en el Capítulo Cuarto de San Mateo, que él es el que predica el reinado de Dios, que Dios no vendrá a reinar por otro camino que solamente a través de Jesucristo, solamente en la carne y en la historia de Jesucristo podemos descubrir cómo reina Dios.

¡Qué hermosa es nuestra fe! Pero cuán frágil puede llegar a ser, y por eso tenemos que aprender a cuidarla, tenemos que protegerla y tenemos que ejercer el discernimiento para apartarnos de todo aquello que pueda apartarnos del Señor. Estuvo contigo Fray Nelson Medina, de la Orden de Predicadores.

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