|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios se vale siempre de instrumentos, de personas, con los que nos ha llamado. Sin embargo, antes de que esas personas, Dios se interesara en cada uno de nosotros, ya nos conoce. El verdadero descanso es que Dios conoce nuestras verdaderas intenciones, fragilidades, nuestros logros y lo que no hemos podido alcanzar.
Homilía n5en004a, predicada en 20080105, con 9 min. y 47 seg. 
Transcripción:
Hagamos, con la ayuda del Espíritu Santo, una reflexión vocacional a partir del llamado de Natanael, como aparece en este texto del Evangelio de Juan. Lo primero que a mi me llama la atención es que hubo un instrumento humano que fue Felipe. Pero la frase de Jesús también se aplica a cada uno de nosotros. Antes de que Felipe te llamara, te vi. Para cada uno de nosotros ha habido también un instrumento humano. Cada uno de nosotros puede recordar a un promotor o a una promotora vocacional. Dios se vale siempre de instrumentos de personas con los que nos ha llamado. Y sin embargo, antes de que esas personas, antes de que esa promotora vocacional, antes de que ese padre nieto o ese Padre Jiménez, antes de que esa madre, Sara o Erika, o ese padre que Guillermo Villa, en mi caso, antes de que ese promotor vocacional se interesara en mí, ya Jesús me había visto. Y a Jesús me conocía. Dios se interesa por cada uno de nosotros y nos conoce más allá de los informes humanos. Es muy importante ese sabernos conocidos y sabernos reconocidos por el Señor. Porque en los momentos de dificultad no hay mayor consuelo que poder decir lo mismo que dijo Pedro: Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te amo. Nuestro último descanso no está en nosotros mismos. No está en la opinión que nosotros tengamos de nosotros. Nuestro mayor y más profundo descanso no es lo que nosotros conocemos de nosotros mismos. Nuestro verdadero descanso es que Dios nos conoce. Es que Él sabe de qué estamos hechos. Él conoce nuestras verdaderas intenciones. Él conoce nuestras fragilidades. Él sabe lo que hemos intentado. Él sabe lo que hemos logrado y entiende también mejor que nosotros lo que nosotros no hemos logrado. Muchas veces en la época escolar pasa que uno como estudiante siente una frustración porque presentó un trabajo y no le fue bien, porque no le pusieron la calificación que esperaba o porque lo trataron mal y uno mismo se confunde y no entiende en ese momento la voz del papá o de la mamá que dice no te preocupes, la próxima vez lo harás mejor. Yo sé cómo te esforzaste. Le da un abrazo. Eso reconstituye, eso levanta. Lo mismo pasa cuando Dios trata a su criatura. Dios me conoce mejor de lo que yo me conozco. Dios me entiende mejor de lo que yo me entiendo. Y Dios está dispuesto no solamente a comprender mis errores, sino a ayudarme a salir de ellos. Una idea parecida encontramos en la primera lectura de hoy. Es un lenguaje de pronto un poco con bastantes vueltas. Es un lenguaje un poco como en espiral, el que utiliza San Juan a veces, pero es muy interesante esto. Dice aquí, dice aquí San Juan. En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante Él en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo. Esto es muy importante. Dios es mayor que nuestra conciencia. Finalmente, el ser humano, cuando se pone ante la perfección de Dios, siempre resulta deficiente. Cada uno de nosotros ha tenido un llamado como, como papá, como mamá, como profesor, como enfermero, como sacerdote, como religiosa, como educadora. Y es verdad que si uno se examina puntualmente, uno siempre encuentra una cantidad de cosas que dice esto no me salió bien, en esto he fallado nuestro único reposo, nuestro último descanso es Dios es mayor que nuestra conciencia. Dios lo sabe todo. Otro punto que creo que es importante destacar es que a Jesús solo se le conoce compartiendo su vida. El seguimiento de Jesús no es un seguimiento de las ideas de Jesús, no es un seguimiento de los escritos de Jesús. No es solamente un seguimiento de las palabras de Jesús, es compartir la vida de Jesús. Es muy interesante la manera como Felipe, guiado por el Espíritu Santo, vence la desconfianza y el escepticismo de Natanael. La palabra de Natanael no podía ser más descorazonadora. De Nazaret podrá salir algo bueno. Esa frase ustedes la conocen muy bien porque la han utilizado varias veces en distintos escritos. Es el escepticismo si podrá salir algo bueno de esto, de nuestra humanidad, de nuestro barro podrá salir algo bueno. En una congregación y eso pasa en todas partes, en una congregación donde hay traiciones a la vocación, donde hay gente que se vuela, donde hay gente que miente, donde hay gente mediocre, donde hay tantas razones a veces para sentirse desalentado. Claro que hay muchas cosas buenas también. Uno como que trata de hacer la misma pregunta de Natanael ¿de Nazaret puede salir algo bueno? Y lo que me llama la atención es que Felipe no se enzarza en una discusión con Natanael, no. La respuesta de Felipe es en lo concreto vence el escepticismo en lo concreto. Ven y mira por ti mismo. A Jesús no hay que conocerlo de oídas, hay que compartir el ritmo de su paso, hay que sentir el palpitar de su corazón, hay que estar ahí en la hora de Getsemaní y escuchar sus gemidos, su oración, ver sus lágrimas, sentir como corre ese sudor de sangre por su piel. Hay que estar ahí y hay que estar ahí también cuando Él siente la alegría, porque el Evangelio es predicado a los humildes. Hay que estar ahí cuando Él parte su propio cuerpo y lo reparte en la Eucaristía. Hay que estar ahí, hay que vivirlo. La única manera de conocer a Jesús es compartir su historia. En este sentido, aunque el estudio puede ser muy importante, no debemos sobredimensionarlo. Es la escuela de la vida, es el compartir la vida de Jesús lo único que puede resolver nuestras dudas. Y las dudas no están, repito, solo al principio. Natanael ahí era menos que un postulante, podemos decir. Pero sus dudas o las dudas que pueden tener los discípulos no están solamente al principio. Si los apóstoles le dieron la espalda a Jesús, fue porque ellos tuvieron también sus dudas, porque ellos no estaban seguros de si valía la pena hacerse matar por ese profeta. Por eso, porque tuvieron duda, porque no pudieron creer hasta el fondo. Así que las dudas nos van a acompañar siempre. Nosotros no pensemos que porque llevamos treinta años, cuarenta, cincuenta años de vida religiosa van a desaparecer en algún momento todas las dudas y todo se va a volver claridad. Lo que cambia es el tipo de preguntas. Lo que cambia es el tipo de escepticismo. Lo que cambia es el tipo de tentación. Pero tentación, crisis, duda, la vamos a tener siempre. Y la respuesta siempre será la misma. La respuesta es comparte la historia de Jesús. Nosotros de un modo sacramental y realísimo efectuamos esa unión, realizamos esa unión a través de la Eucaristía. Cuando comulgamos el cuerpo y la sangre de Cristo, estamos recibiendo la historia de Jesús. Estamos recibiendo ese cuerpo triturado y esa sangre derramada, y estamos diciendo: Esa es también mi vida. Esa es también mi historia. Aquí está todo lo que yo soy, aquí está todo lo que yo tengo. Que Dios, el Señor se glorifique en nuestras vidas. Que Él nos permita saber siempre que Él es el único que nos conoce hasta el fondo. Descansar en ese conocimiento que tiene y resolver nuestras dudas en el camino junto a Él. No son nuestras decisiones, no es tomando nosotros el control, sino entregando el control a Él, como recuperaremos nuestra paz y encontraremos bendición en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|