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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Cuál es la prueba que tenemos de que amamos a Dios?

Homilía n5en001a, predicada en 19960105, con 5 min. y 20 seg.

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Transcripción:

Durante estos días feriales. Durante estas ferias de Navidad, la Iglesia continúa la lectura del Evangelio según San Juan, cuyo prólogo fue escuchado precisamente en la octava de Navidad. Prólogo que contiene aquellas palabras sublimes. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria. En el versículo catorce del primer capítulo. Pero después de ese prólogo, el evangelista narra una semana completa de la actividad de Jesús, y esa semana es la que nosotros vamos recorriendo a nuestro propio ritmo. En esta semana, en estas ferias de la segunda semana de Navidad. De ese modo nosotros continuamos la lectura del evangelio de Juan y vamos descubriendo, por decirlo así, las consecuencias que tiene la encarnación del Verbo.

Esas consecuencias, muy sintéticamente, son que hubo un hombre llamado por Dios, un hombre llamado Juan, que este Juan fue precursor del Verbo, pero dijo abiertamente que no era el Mesías, y que luego este Juan anuncia a sus discípulos, como lo hemos escuchado en los días anteriores, y les dice: Ese es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Y así estos discípulos se hacen discípulos de Jesús. Y entonces Jesús comienza a reunir sus propios discípulos. Se trata, pues, de los comienzos de la misión del Verbo encarnado. Ese es el tema que tienen los evangelios de estos días. Por su parte, en la primera lectura hemos estado escuchando y seguiremos escuchando a la primera carta del Apóstol San Juan. Comparada con las otras dos cartas es mucho más extensa, porque como sabemos, la segunda y la tercera carta de Juan son casi, casi solamente una paginita, una esquela de saludo que se dirige a distintas comunidades o a un par de comunidades en situaciones muy concretas.

En cambio, la primera carta de Juan tiene unos cinco capítulos y es con mucho más extensa y temáticamente muchísimo más rica que las otras dos. En esta primera carta de Juan hay un parentesco muy grande con el Evangelio. El Evangelio nos empieza diciendo: En el principio existía la palabra. La primera carta de Juan, que también la hemos empezado a leer en la octava de Navidad, dice: lo que hemos oído y visto sobre la palabra de vida, porque la Palabra se manifestó, eso os lo damos a conocer. Y así, en esta segunda semana de Navidad, continuamos esa lectura que habíamos emprendido en la octava de Navidad. Prolongando lo que se dijo allá en el principio. Porque en el fondo toda esta primera carta es como una especie de comentario teológico al misterio de la Encarnación.

Todo en ella está diciendo que la Palabra se manifestó, que nosotros hemos visto y tocado y escuchado, y que ahora damos testimonio para que estéis en plena comunión con nosotros y para que rompáis todo vínculo de incredulidad y de pecado. Ese es el tema de la primera carta de Juan. Y por eso la Iglesia nos ofrece ese tema y esa carta durante este tiempo de Navidad. Así las cosas, las lecturas del día de hoy tienen, por decirlo así, tema diverso. En la parte que hemos escuchado de la primera de Juan, se nos invita a manifestar con nuestro hermano, con nuestro prójimo, aquel amor que nosotros hemos recibido de Dios. No tenemos ninguna prueba definitiva sobre qué amamos a Dios si no es el amor del prójimo. La única prueba decisiva que tenemos de que amamos a Dios es que producimos vida, protegemos vida, propiciamos vida en el prójimo.

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