Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El discípulo sigue a Jesús para que le arregle sus problemas, el apóstol por el contrario está siguiendo a Cristo para quedarse a vivir con Él.

Homilía n4en015a, predicada en 20230104, con 6 min. y 24 seg.

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Transcripción:

Guiados por el Evangelio del día de hoy, vamos a aprender la diferencia entre discípulo y apóstol. Cristo tuvo muchísimos discípulos, pero solo un pequeño grupo recibió ese llamado particular, como lo cuentan por ejemplo Marcos o Lucas. Hay un momento en el que Cristo llama a un pequeño grupo de doce para que fueran sus apóstoles. Es evidente que este llamado de Cristo marca una diferencia, pero de parte de esos hombres que fueron llamados.

¿En qué consistía la diferencia? Esa es una gran pregunta. Y la respuesta la tenemos un poco encriptada, pero la tenemos muy clara en el texto de hoy. Juan Bautista les dice a sus discípulos. Juan Bautista tenía discípulos, lo cual es apenas natural, un hombre tan coherente, un hombre extraordinario, un hombre santo, un hombre sabio. Tenía discípulos. Juan les dice a sus discípulos: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Eso lo dice señalando hacia Cristo. Y estos van donde Cristo. Y entonces, Cristo les pregunta ¿Qué buscáis? Y ellos responden con otra pregunta ¿Dónde vives? En ese sencillo diálogo está la diferencia entre un discípulo y un apóstol. Porque estos dos, los que entran en este breve diálogo con Cristo, no son otros, sino dos apóstoles Juan y Andrés. Juan tenía un hermano al que llamamos Santiago. Santiago el mayor, que también fue llamado por Cristo al apostolado. Andrés tenía un hermano llamado Simón, también conocido como Pedro, Simón Pedro, que por supuesto también fue llamado al apostolado. Pero en el momento del diálogo están Juan y Andrés, que eran primeros discípulos de Juan el Bautista.

La clave está, en la respuesta que ellos dan, una respuesta en forma de pregunta. Date cuenta que si Cristo le hiciera esa misma pregunta a otras personas, ¿qué respuestas obtendría? ¿Qué buscas? Tengo un problema en la vista, quiero que me sanes de la vista. ¿Qué buscas? Me siento muy triste, quiero que me ayudes y me sanes de mi tristeza. ¿Qué buscas? Estoy cubierto de lepra, quiero que me limpies de mi lepra. Es decir, la respuesta típica de los discípulos es arréglame este problema. Esa es la respuesta típica. Todas esas inmensas multitudes que seguían a Cristo, estaban siguiendo al arreglador de problemas, porque Cristo para ellos era un arreglador de problemas. Eso era lo que ellos estaban siguiendo. Arréglame el problema.

Cristo les pregunta a estos dos, a Juan y a Andrés ¿Qué buscáis? Y la respuesta de ellos no es arréglame este problema. Problema económico, problema laboral, problema afectivo, problema de salud, problema familiar. No. La respuesta de ellos es ¿Dónde vives? Esa es la diferencia entre un simple discípulo y un auténtico apóstol. El simple discípulo en el fondo está siguiendo a Cristo para que Cristo le arregle problemas. El apóstol, en cambio, está siguiendo a Cristo porque quiere quedarse con Cristo. ¿Para qué le preguntan ellos a Cristo, dónde vives? ¿Cuál es la razón de esa pregunta? Solo hay una explicación, porque quieren acercarse al misterio de Cristo. Y probablemente, como lo dice el mismo texto, porque quieren quedarse con Él.

O sea, que esta es la alternativa que nos presenta el Evangelio de hoy. ¿Eres tú de los que se acerca a Cristo para que Cristo le arregle un problema? ¿O eres tú de quienes se acercan a Cristo para quedarse con Cristo? Esa es la diferencia. Los primeros son los simples discípulos que pueden llegar a ser muy numerosos, que pueden llegar a ser una gran multitud. Muchos, muchos discípulos. Pero todos esos discípulos, toda esa cantidad de discípulos, al final es bastante inestable, bastante variable y muy poco de fiar. Porque, no se nos olvide que también había una gran multitud el día en que Pilato preguntó ¿a quién crucificó a éste o a Barrabás? Y la gente gritó a Barrabás. Y Pilato preguntó ¿y qué hago con este, con Jesús de Nazaret? Y le dijeron ¡Crucifícalo! Y era una multitud. Porque las multitudes son así, porque las multitudes van y vienen. El que está buscando que le arreglen los problemas, en el fondo es inestable ¿está o no está? ¿se queda o no se queda? En cambio, el que quiere ser apóstol, el que ha recibido el llamado del Espíritu Santo para ser apóstol, es decir, para que Cristo lo envíe, para ser testigo de su Evangelio, ese no quiere simplemente la solución de un problema, ese quiere, quiere a Cristo, quiere quedarse con Cristo, quiere vivir con Cristo y que Cristo viva con Él.

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