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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Enseñanzas de los primeros discípulos y vocaciones de Cristo, con una aplicación particular a la vida religiosa.
Homilía n4en012a, predicada en 20190104, con 10 min. y 17 seg. 
Transcripción:
Volvamos nuestra atención al Evangelio que acabamos de escuchar y destaquemos un par de detalles. Primero, Juan el Bautista tenía discípulos. Pero cuando Juan reconoce a Cristo como el Cordero de Dios, le entrega a Cristo sus discípulos. Por eso dice el texto que hemos oído. Los dos discípulos oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús. Es decir, que lo que hizo Juan fue entregarle a Jesús sus discípulos. Creo que es una lección muy bella para nosotros, porque esa es exactamente la labor en la misión, en el apostolado, atraer gente, pero no para nosotros, sino para Jesús. La idea es llevarlos a Él. Lo nuestro no es acaparar a las personas, lo nuestro no es adueñarnos de nadie, lo nuestro es ayudar a que brille el Evangelio y a que la gente se encuentre con el Señor. Esto supone una renuncia. Esto supone una donación, una pérdida. Pero hay que recordar algo, y es que eso que le entregamos a Jesús, eso precisamente es un acto de amor. San Pablo, en el capítulo dieciséis de la Carta a los Romanos, dice que ese es su sacerdocio. El sacerdocio, la ofrenda que presenta Pablo es esa. Esto vale para todos. Un padre de familia no puede acaparar a los hijos. Debe pensar que prepara a esos hijos para que sean buenos cristianos. Y por supuesto, si son buenos cristianos, serán buenos ciudadanos, pero no los toma para sí. Más bien, como lo han dicho varios padres de familia, los hijos son prestados, están con nosotros, ha de decir el padre de familia, pero no son nuestros. Hay que entregarlos a Dios. Lo mismo debemos decir nosotros en la evangelización. Lo nuestro, la manera de ejercer nuestro sacerdocio bautismal, es atraer a la gente, pero para entregarla a Cristo. Y cada corazón que entregamos a Cristo, incluso si se queda lejos de nosotros. Cada uno de esos corazones es una ofrenda de amor. Esa ofrenda de amor queda particularmente asociada con la Eucaristía. Qué hermoso, yo pienso, una religiosa, sobre todo después de que ha vivido Su consagración durante muchos años. Debe ser muy bello para esa religiosa en cada Eucaristía, volver a presentarle al Señor todas las almas que a lo largo de los años ha ido conociendo y le ha ido entregando. Ahí están, Señor, ahí están todos, todos son tuyos. Es nuestra manera de amar a Jesucristo y de unirnos a su sacerdocio. Ese es el primer pensamiento. El segundo pensamiento proviene del breve diálogo que tiene Jesús con estos que son de sus primeros discípulos. Seguramente eran Juan y Andrés. Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y les preguntó ¿Qué buscáis? Como todas las preguntas que hace Dios en la Sagrada Escritura, esta pregunta tiene que resonar en nuestro corazón. Recordemos, no sé si era San Bernardo. Me parece mucho que era San Bernardo el que con frecuencia les decía una pregunta semejante a los novicios ¿Ad quid venisti? ¿A qué has venido? ¿Qué estás buscando? Esta pregunta es importante porque lo preserva uno de cambiar motivaciones. A veces uno llega a la vida religiosa con una idea, pero a lo largo de los años va cambiando esa idea. Llegó buscando algo y después resulta buscando otra cosa. Yo lo viví en mi propia provincia dominicana de Colombia. Para mí fue muy dolorosa una época que tuvimos hace unos cuantos años, precisamente por las disputas de poder. Es algo que le duele a uno mucho ver a frailes enfrentados con frailes, porque yo no suelto el poder, porque yo tengo que mandar. En aquella época no sucedió esto. Es público con la Universidad Santo Tomás. ¡Oh, qué cosa tan dolorosa! ¡Qué cosa tan terrible! Y la gente tratando de atornillarse a sus puestos. De aquí no me sacan. Rector, soy, rector seré, rector moriré. Pero ¿qué es eso? Cuando tú llegaste, cuando tú tocaste la puerta de un postulantado, de un noviciado. ¿Era eso lo que buscabas? Tú llegaste tocando a la puerta. Ey quiero ser rector. No. ¿Qué estabas buscando en ese momento? Pero uno si se distrae, sobre todo si se descuida en la unión íntima con Dios. Si uno se deja llenar de lo que el Papa Francisco llama la mundanidad, entonces uno va cambiando la motivación y sobre todo se le van llenando la mente y el corazón se le van llenando de los ídolos, ídolos sobre todo de poder, de afecto y de dinero. Esos son ídolos que se le van metiendo a uno en el corazón y después uno no quiere soltar, no quiere soltar el poder y si lo suelta es otra vez como otra vez agarro y otra vez tengo que mandar yo. ¿Qué es eso? A eso vino cuando usted entró a la vida religiosa. Lo que usted estaba pensando es ¿A qué viene? eso le preguntan a uno en la toma de hábito. ¿Qué buscáis? ¿Qué pedís? La misericordia de Dios y la de la Orden de Predicadores es la respuesta nuestra. Muchas veces esa pregunta se hace cuando uno está postrado en el suelo ¿Qué pedís? ¿Qué pedís? Mandar. Vine a mandar. Y si me quitan otra vez a ponerme. A eso vine. Seguro que si hubiera dicho esa respuesta no le recibían. Entonces ¿a qué viniste? cuando viniste ¿a qué viniste? Viniste a servir a Cristo. Viniste a ser discípula. Viniste a liberarte de la carga, tal vez de unos pecados, de una ignorancia, de un desconocimiento de Dios. A eso viniste. Entonces ¿por qué cambias la motivación? Esta pregunta de Cristo tiene que seguir resonando en nosotros. Yo ¿A qué fue lo que vine realmente? Y si vine a seguir a Cristo. Y si vine a buscar la santidad. ¿Por qué me duele tanto que me quiten esa rectoría? ¿Por qué me duele tanto que me quiten ese puesto? Uno ve cosas porque hasta allá llegamos los religiosos. Uno ve cosas que son tristes, gente peleando por un automóvil, peleando por una oficina. ¿Cómo es posible eso? Me acuerdo cuando me dieron un cargo académico. Hay varias autoridades académicas en la Orden de Predicadores que moderador que regente. A mí me nombraron para uno de esos y otro que tenía otro cargo académico, tenía una oficina muy grande y entonces le digo yo mire, para no complicar cosas, las reuniones que yo tenga que hacer, ¿le parece si las hacemos aquí? No, no, no. Esta es la oficina de. Aquí está mi terreno. Aquí está mi pedazo de baldosa. Aquí es donde yo mando. ¿A eso viniste? ¿Qué pedís? Una oficina grande donde mande yo solo. ¿Qué se necesita para que nuestros corazones entiendan? ¿Qué se necesita para que entendamos esto, que es tan simple? tan simple pero que nos cuestiona tanto. Y luego la respuesta de ellos. Ellos no quieren un instante con Cristo. ¿Dónde vives? Están buscando vivir con Él. ¿Dónde vives? Esa es la gran respuesta. Quiero vivir contigo. Quiero que mi vida esté unida a ti. Que me quiten lo demás. Que me quiten lo demás. Lo que sea. Que me lo quiten. Pero no quiero perderte a ti porque quiero vivir contigo. Entonces son dos puntos de meditación que yo creo que nos sirven a nosotros, especialmente los religiosos. Dos puntos de meditación los repito, el primero démonos cuenta la ofrenda de amor. La gente no es para mí, la gente es para dársela a Cristo y esa es mi ofrenda de amor para Él. Y segundo, una y otra vez tengo que volver a la pregunta inicial ¿a qué fue lo que yo vine? Acuérdate esas palabras del Apocalipsis: Tengo contra ti que has perdido el amor primero. Entonces dejémonos cuestionar por esta palabra y pidamos al Señor la gracia de la conversión en estos retiros. Así sea así.

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