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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Ser discípulos y misioneros es llevar a otros hacia Cristo, ofrecérselos como una novia radiante, sin mancha ni arruga.

Homilía n4en011a, predicada en 20190104, con 4 min. y 12 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy está tomado del capítulo primero de San Juan. Nos presenta todavía la figura de Juan Bautista y ya hemos explicado por qué aparece Juan Bautista en Navidad. En el Adviento, Juan Bautista nos llevaba hacia Jesús en Navidad Juan Bautista nos enseña cómo llevar a otros hacia Jesús, cómo llevar a otros hacia Jesús. Hace unos años, en la Conferencia Episcopal en Aparecida, nuestros obispos nos dejaron una hermosa consigna. Ella fue: Todos debemos ser discípulos, pero también misioneros. Fíjate que se parece a lo que estamos diciendo aquí en el Adviento Juan Bautista nos enseña a ser discípulos, en Navidad Juan Bautista nos enseña a ser misioneros para llevar a otros hacia Cristo.

Pero el evangelio de hoy nos muestra algo que que es interesante pero que es un poquito duro, y es que cuando llevamos las personas hacia Cristo, eso también significa que en parte las entregamos, las ofrecemos. Yo veo aquí un parecido con lo que sucede con los papás y las mamás. Un buen papá, una buena mamá, no cría a los hijos para retenerlos, cría a los hijos para entregarlos. Como sacerdote he tenido que presenciar y lo he hecho con gran amor, la celebración del sacramento del matrimonio de amigos, lo que la gente llama el padre Nelson nos casó. Técnicamente hablando, los que se casan y los que administran el sacramento del matrimonio son los esposos. El uno al otro. Él le da el sacramento del matrimonio a ella. Ella le da el sacramento del matrimonio a él.

Pero bueno, he sido testigo cualificado de la iglesia para la celebración de los matrimonios. Es la terminología técnica y siempre me conmueve ese momento en el que el novio, usualmente en la mitad de la iglesia, espera que llegue la novia y con muchísima frecuencia, lo normal es que la novia es entregada por alguien, con bastante frecuencia es el papá. Es muy conmovedor porque ve uno ya hombres grandes, adultos, que van caminando por la iglesia profundamente conmovidos. No es extraño ver que derraman lágrimas porque es el día en el que están entregando ese tesoro tan lindo que es su hijita. Están entregando a su hija. Y ese momento en el que el papá que llevaba de la mano a su hija o que llevaba del brazo a su hija, la toma y se la da a ese hombre que va a ser el esposo. Eso conmueve mucho.

Pues algo parecido sucede en la evangelización. Nosotros, y así es la comparación que utiliza el mismo San Pablo. Nosotros queremos presentar a nuestros hermanos como una novia radiante, pero no para nosotros, sino para Cristo. Entonces dice Pablo: yo quise presentaros como una novia sin mancha ni arruga ante Cristo. Y eso cuesta si no, pregúntaselo a esos papás y mira cómo salen lágrimas de sus ojos. Pero esa es la evangelización. Y eso es exactamente lo que hizo Juan el Bautista.

Lo que él hizo fue eso, fue entregar, entregar sus discípulos. Este es el Cordero de Dios, les dijo. Y ellos siguieron detrás de Cristo, y Juan se quedó sin ellos. Se quedó sin ellos, pero los ganó para siempre. Así nos enseña Juan. Qué es lo que significa eso de ser discípulos y misioneros. Y así nos enseña cómo vivir en serio la Navidad.

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