Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dale permiso a Dios para que mejore tus expectativas, permítele que te muestre lo que Él es y no lo limites por tus necesidades, sueños o caprichos.

Homilía n4en010a, predicada en 20180104, con 6 min. y 32 seg.

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Transcripción:

Con alguna frecuencia se escucha decir que en la época de Jesucristo la gente esperaba un Mesías con un rostro y con una misión bastante política. Como que ellos esperaban fundamentalmente el que iba a liberar al pueblo de la opresión de los romanos. Pienso que esa afirmación, en general, es completamente justa y completamente cierta. Así es. Esa idea era la que estaba más generalizada.

Pero el Evangelio de hoy nos invita a una reflexión interesante. Porque cuando aquellos primeros discípulos que son Juan y Andrés, motivados por las palabras de Juan Bautista, van a encontrarse con Cristo, no encuentran un jefe militar, no encuentran un estratega de la guerra, no encuentran un príncipe marcado por el lujo, no encuentran un líder que esté convocando revuelta contra los romanos. Lo que encuentran es un hombre humilde que viene de una región muy humilde de Galilea. Como ellos también eran de Galilea. Y lo que encuentran es un hombre que lo único que les ofrece es la hospitalidad del lugar donde está viviendo.

Porque él les pregunta a ellos al darse cuenta que lo están siguiendo. ¿Qué quieren? Y ellos responden, quizá con algo de perplejidad Maestro, ¿dónde vives? Y lo que les ofrece el Mesías de Israel es una tarde de conversación, un tiempo de tertulia. Ese es el Mesías. Y sin embargo, aunque sea tan humilde esta presencia, aunque sea tan discreta, la revelación que hace de sí mismo. Aquellos dos hombres quedan tan convencidos que uno de ellos, llamado Andrés, va donde su hermano, que se llamaba Simón, después llamado Pedro, precisamente por lo que aparece en el evangelio de hoy. Y Andrés vaya y le dice: Hemos encontrado al Mesías. Esto es lo que yo quiero destacar. Es verdad que la idea general que quizás tenía mucha gente era la de un mesías militar, político, estratega, gran líder y gobernante. Nada de eso vieron estos dos primeros discípulos y sin embargo fueron capaces de decir: Este es el Mesías de verdad es el Mesías. Eso llama profundamente nuestra atención.

Hay que pensar que muy posiblemente ellos lo mismo que la mayor parte del pueblo. Lo que estaban esperando como Mesías era lo que ya se dijo. Un jefe militar, un gobernante, un líder quizás con las características usuales de esta clase de personas. Fuerza, capacidad de imponerse, seguramente arrogancia. Quizás esa era la expectativa que traían. Pero a través de la predicación y el testimonio de Juan Bautista, y a través de esa humilde y cálida conversación de aquella tarde, las expectativas de ellos cambiaron. Durante la Navidad resuena en mis oídos una palabra que me parece absolutamente bella del gran Papa León Magno. Tienes mejor Dios del que pensabas. Una de las obras que es necesario que el Señor haga en nuestra vida es corregir nuestras expectativas. En el caso de aquellos hebreos, la expectativa de ellos era jefe militar, gran gobernante, líder fuerte, y lo que encontraron fue el hijo del artesano, hombre humilde que lo que hace es abrir espacio en su casa para una conversación. Pero Dios les cambió las expectativas y ellos aprendieron a reconocer la bendición de Dios y aprendieron a reconocer la visita de Dios por el camino que no esperaban. Esto es lo que yo quiero subrayar, que Dios es capaz de cambiar nuestras expectativas.

Muchas veces, cuando nos empezamos a acercar a Dios, nuestra manera, nuestra postura, es bastante interesada. Nos queremos acercar a Él, pero nuestra actitud muchas veces es la de simplemente sacarle un favor, lograr un milagro, solucionar un problema. Qué hermoso saber que Dios, en su piedad y misericordia es capaz de cambiar nuestras expectativas. Decimos en la Santa Misa: Levantemos el corazón y parte de ese corazón levantado es el corazón que reconoce que Dios me llama. Dios me ofrece. Dios quiere para mí algo mejor de lo que yo pensaba, algo mejor de lo que yo creía. Dios mejora mis expectativas. Dios está más allá, dice San Pablo en su carta a los Efesios. Está más allá de lo que nosotros podemos pensar o imaginar.

Ahora yo te invito. Dale permiso a Dios de que mejore tus expectativas. Dale permiso a Dios. Permítele al Señor que te muestre lo que Él es y quiere y no lo limites por tus necesidades o tus sueños, o incluso tus caprichos.

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