Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Siete pasos en un itinerario vocacional exitoso: insatisfacción, escucha, obediencia, pregunta, experiencia, testimonio y envío.

Homilía n4en009a, predicada en 20170104, con 10 min. y 46 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos. La providencia de Dios siempre se manifiesta y es una alegría que en el contexto de este encuentro sobre pastoral juvenil y vocacional, tenemos este Evangelio que precisamente nos habla de juventud y de vocación. Precisamente una de las características de la juventud es el discernimiento, porque quizás la pregunta más frecuente y más profunda en esa etapa de la vida es ¿qué voy a hacer con mi vida? Y esa es una pregunta eminentemente vocacional. La respuesta puede ir por el camino de la vocación matrimonial, puede ser una vida laical consagrada, puede ser una vida religiosa, puede ser un instituto secular. Pero son inseparables juventud y vocación. Porque ese es el tiempo en el que hay que resolver la gran pregunta ¿Qué va a ser de mí? ¿Qué voy a hacer de mí?

Podemos tomar el texto del Evangelio y recoger algunos elementos de un itinerario vocacional exitoso. Hay itinerarios vocacionales desastrosos o frustrados. Cuando hay distracción, cuando hay desobediencia, cuando hay infidelidad, el proceso vocacional puede quedar frustrado. Pero el Evangelio de hoy nos presenta un itinerario vocacional exitoso. Aprendamos de él. Observemos que los dos discípulos de Juan, que después pasan a ser discípulos de Cristo, son Juan y Andrés. El primer Juan es Juan Bautista y el otro es Juan, el que conocemos como el evangelista. También sabemos que tanto Juan como Andrés eran pescadores. Juan era hermano de Pedro. Andrés era hermano de Pedro y Juan era hermano de Santiago. Y estos cuatro eran pescadores.

Primer elemento interesante eran pescadores, pero también eran discípulos del Bautista. Pescadores y también discípulos de Juan el Bautista. Porque dice aquí: estaba Juan Bautista con dos de sus discípulos. ¿No le llama usted la atención eso que al mismo tiempo eran pescadores, como aseguran los otros evangelios y eran discípulos del Bautista? Interpreto ese hecho diciendo que no se contentaban con ser pescadores. No todos los pescadores de Galilea eran discípulos de Juan Bautista. No todos, pero estos sí. O sea que hay pescadores a los que les basta pescar y hay pescadores a los que no les basta pescar. Y este tipo de discípulo proviene de aquella gente a la que no le basta pescar. Ese es el primer elemento vocacional que nos interesa. La vocación empieza por una insatisfacción.

El que esté contento simplemente pescando no busca nada más. Le basta su ración de pescado, comer lo que tiene que comer y después seguir pescando y seguir comiendo, seguir pescando, seguir comiendo. Se murió y se acabó la vida. Pero hay gente a la que no le basta pescar. Hay gente a la que no le basta sobrevivir. Hay gente a la que no le basta el círculo de producir, consumir y entretenerse. Ese es el primer requisito vocacional la insatisfacción. Y en una pastoral juvenil o vocacional ese elemento es indispensable. Hay que despertar la insatisfacción en la gente. La gente satisfecha no irá más lejos. Los insatisfechos se volverán discípulos del Bautista, discípulos de Jesús, mártires, apóstoles y todo lo que tú quieras.

Segundo elemento. Juan el Bautista les dice: Este es el Cordero de Dios. Y los discípulos lo escucharon. Segundo elemento la escucha. Primero la insatisfacción. Segundo, la escucha. Hay que oír con respecto a nosotros, eso significa que hay que hablar también. Juan el Bautista predicaba con su vida, pero además de predicar con su vida, también habló. No hizo gestos únicamente, no hizo así con la boca, sino que habló. Hay que hablar. También hay que presentar a Jesús con palabras. No todo el tiempo. No hay que agotar, no hay que saturar, pero sí hay que hablar. Hay momentos en que hay que hablar y hay que hablar de Jesús. Eso en cuanto a la pastoral, en cuanto al discípulo que hay que hacer escuchar. Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús.

Ahí viene la tercera palabra, la obediencia. Eso vale para nosotros, que siempre estamos en camino de vocación, porque la vocación no termina cuando uno se pone un hábito. Cuando uno hace una profesión, cuando uno recibe una ordenación sacerdotal. No, ahí no termina. Entonces entra la parte de la obediencia. La parte de la obediencia por parte de los jóvenes implica de parte nuestra una responsabilidad que se llama acompañamiento. Acompañamiento es la manera de proteger la respuesta incipiente para que la persona siga fiel a Jesús. Ese es el tercer elemento. Llegan donde Jesús. Jesús les pregunta ¿qué buscan? Y ellos responden con otra pregunta. Preguntar no es pecado.

Cuarto punto Preguntar. A veces en las comunidades religiosas hay la idea de que la novicia perfecta es la que no cuestiona nada, la que no pregunta nada. Esa es una obediencia de bulto. Los bultos, en general, no protestan. Son muy pocos los bultos protestantes, los bultos no protestan. Uno los lleva, los pone, los sube, los baja y ahí se quedan. Pero el ideal del discípulo no es ese. El discípulo pregunta, pregunta porque quiere saber. Es decir, se apropia su camino de formación, se apropia su respuesta. Su respuesta no es extrínseca, sino también intrínseca. No quiere obedecer solo con los pies, quiere obedecer con la mente y con el corazón. Cuarto punto. Vengan y lo verán, dice Jesús, y se pasan el día con él.

Eso nos lleva al quinto punto. Necesitamos experiencias. Ayer varios nos hablaron sobre las experiencias. Germán Sánchez nos hablaba de la necesidad de experimentar. Me gustó mucho lo que nos decía del lenguaje. El lenguaje surge de experiencias compartidas. Monseñor Cipriani nos hablaba de experiencias. Llevemos a la gente a la experiencia con Jesús. La experiencia implica una apertura de nuestros espacios y de nuestros tiempos y requiere de nosotros también ser gente en la que se experimenta la gracia, la paz, la serenidad. En su testimonio vocacional, monseñor Cipriani decía: Aquellos padres, aquellos religiosos, eran gente muy normal, que sobre todo jugaba básquet. Eso fue lo que más me llamó la atención. Entonces era gente en la que se podía experimentar, se podía ver, se hacía visible la alegría, se hacía visible, la paz se hacía visible el sentido de vida que trae Jesús.

Luego viene el testificar, no. Andrés le dice a su hermano Simón, hemos encontrado al Mesías. Hay que dar testimonio. Hay que testificar. Eso hace bien. Así como uno solo sabe que ha entendido bien algo, cuando lo puede explicar, así también uno solo está en pleno seguimiento de Cristo cuando es capaz de contarlo.

Y luego es interesante en lo que termina el pasaje de hoy, la transformación significada con ese cambio de nombre Tú te llamabas Simón ahora te vas a llamar Cefas. La transformación son pasos que considero interesantes, no. La insatisfacción, la escucha, la obediencia, la pregunta, la experiencia, el testimonio y la transformación. Importante no olvidar.

Y con esto termino no olvidar que este es un servicio que prestamos a otros, particularmente a nuestra gente joven. Pero no olvidar que nosotros mismos estamos en este proceso. Es decir, continuamente necesitamos volver a la insatisfacción y sentirse insatisfecho. Después de diez, de veinte, de treinta años de profesión religiosa, puede ser muy bueno, puede ser muy bueno. Porque está indicando que el Señor te llama a algo más. O sea que podríamos mirar estos pasos como una especie de escalera en espiral que va subiendo, va subiendo y cada vez que das otra vuelta por estos siete pasos que hemos dicho, quizás estás un poco más cerca de una respuesta, más fiel, más amorosa y más fecunda al Señor Jesucristo.

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