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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El motivo último del sacrificio de Cristo es liberarnos del poder del espíritu de tinieblas.
Homilía n4en005a, predicada en 20130104, con 4 min. y 43 seg. 
Transcripción:
Cuando se estudia por qué murió Jesucristo, siempre surgen distintas explicaciones y teorías. Por ejemplo, una que es bastante común en nuestro tiempo es la que podemos llamar la explicación sociológica o explicación política. Cristo, con su lenguaje libre, con su lenguaje sin compromisos, un lenguaje que podemos llamar revolucionario, entra a chocar frontalmente con las estructuras de poder de esa época. Si vemos cuáles son los grupos que de una manera más directa tuvieron responsabilidad en la muerte del Señor, vemos que eran grupos de poder. Eran gente que tenía un poder social, un poder económico, un poder religioso, un poder político. Entonces, la explicación sociológica dice que como Cristo era incómodo para las estructuras de poder, entonces lo quitaron de en medio. Una consecuencia que tiene esta explicación sociológica es que rápidamente se ve a Cristo en paralelo con otros revolucionarios en la vida que Dios me ha concedido. Yo ya he escuchado varias veces gente que compara a Cristo, por ejemplo, con el Ché Guevara. El Che Guevara quería un cambio radical en las estructuras y de alguna manera ofreció su vida por la causa de la revolución. Los poderosos de este mundo se confabularon para aplastar esa revolución y lo mataron. Es muy fácil poner en paralelo esa explicación con la que dije antes sobre la muerte de Cristo. Entonces Cristo sería como una especie de Che Guevara del siglo primero. Y así se podrían hacer otras comparaciones. Comparaciones de tipo socialista o tal vez con otros personajes de la historia. Sin embargo, lo que fallan esas explicaciones es que no tienen sustento en el testimonio que nos da la Escritura. La Biblia no habla así y yo creo que para conocer a Cristo es necesario conocer lo que las Escrituras dicen de Cristo, dijo San Jerónimo. Desconocer las Escrituras es desconocer a Jesucristo. Ignorar lo que nos dicen las Escrituras es ignorar lo que debemos conocer y afirmar de Cristo. Y lo que las Escrituras nos dicen es que la causa última de la muerte, el motivo último de la muerte de Cristo, está en una sola cosa que la resume el apóstol San Juan en la primera lectura de hoy, capítulo tres de su primera carta Murió Cristo. ¿Para qué? Para deshacer las obras del diablo. Por supuesto, la maldad, la maldad que de alguna forma se desencadena desde el pecado del demonio. Esa maldad tiene muchas ramas o ramificaciones, y entre esas ramas está la injusticia económica, o está la astucia o la crueldad de los políticos. Pero esa es sólo una ramificación y Cristo no vino a podarle unas ramas al mal vino a arrancarlo de raíz. Vino a quebrantar el poder del príncipe de este mundo, como dice el Evangelio de Juan. Vino a deshacer las obras del diablo, como dice el texto de hoy. Esta referencia es muy importante para nosotros para que entendamos que toda maldad ha sido ya vencida en la cruz de nuestro Señor. El que se queda con la explicación sociológica luego no tiene cómo relacionar el sacrificio de Cristo con otros males, por ejemplo, con los egoísmos afectivos o con el uso supersticioso de lo religioso en otras personas. En cambio, el que ve que todo ese árbol de maldad que brota de la acción pecaminosa del demonio ha sido arrancado y derribado por Jesús, ese, ese tiene certeza, ese sabe que cualquiera, cualquiera que sea su problema, su dolor, su incoherencia, tiene una respuesta en Jesús de Nazaret.

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