Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El capítulo primero del Evangelio de Juan tiene un cierto paralelo con el capítulo primero del Génesis: Juan quiere presentar a Cristo como principio de la Nueva Creación.

Homilía n4en004a, predicada en 20120104, con 7 min. y 0 seg.

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Transcripción:

Este es un caso realmente único, el que se da en varios de los días del tiempo de Navidad, porque tenemos a Juan por activa y por pasiva. La primera lectura es de la primera carta de Juan y el Evangelio es tomado del evangelio de Juan. Así que no hay escapatoria y tenemos que volver la mirada a la atención a este evangelista que es nuestro Maestro predilecto en el misterio de la Encarnación. Ya hemos dicho en otra ocasión cuál es el propósito de la primera Carta.

Demos ahora una mirada a los Evangelios, porque la verdad es que también ellos llevan una secuencia. Lo que estamos leyendo viene todo del primer capítulo del Evangelio de Juan Y ese primer capítulo empieza con lo que se llama el prólogo, que tiene los versículos del uno al dieciocho. El texto más conocido de ese prólogo es el versículo catorce. Realmente una palabra sublime que uno debería temblar de reverencia y de agradecimiento cada vez que lo pronuncia. La Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria. Ese es el versículo catorce del capítulo primero de San Juan. Y por consiguiente, es como el corazón de ese prólogo que tiene los primeros dieciocho versículos. Pero después del prólogo ¿qué sigue? sigue una semana, una semana con Jesús. Y eso es lo que hemos venido leyendo y en eso estamos. De un modo que es poco usual en el resto del Evangelio.

El evangelista va dando pistas del tiempo que pasa entre una y otra cosa. Por ejemplo, veíamos en el Evangelio de ayer que dice: al día siguiente Y si uno hace las cuentas de los distintos días que se van presentando, suma una semana. Seguramente esa no es una coincidencia. Recordemos que este evangelio empieza con estas palabras: En el principio existía la palabra. Pero sucede que el Génesis comienza diciendo: En el principio creó Dios el cielo y la tierra. Es decir, que el evangelista tiene la audacia de empezar su evangelio como empieza la creación. Hay un propósito teológico en ello. En Jesús todo vuelve a empezar.

Jesús no solamente es la clave de lo que existe, sino la luz, el principio y la fuerza de lo que va a existir, del universo nuevo, ese que fue anunciado, por ejemplo, por el profeta Isaías cuando dijo: No os quedéis recordando lo antiguo. Hago nuevas todas las cosas. Ese cielo nuevo, esa tierra nueva de Isaías, ese templo nuevo de Ezequiel, esa alianza nueva de Jeremías. Toda la novedad tiene su comienzo en Jesucristo. ¿Cómo sigue el Génesis? Sigue con una semana, es una semana en la cual Dios crea todas las cosas. Pues lo mismo el evangelio de Juan sigue con una semana en la cual se establecen los fundamentos del nuevo orden. Y en ese camino de constitución de los fundamentos, el caminante es Jesucristo. Es interesante que Jesús aparece en acción desde el principio. Aparece en acción, con autoridad, con poder, con majestad. Lo vemos muy bien en el texto de hoy.

Jesús recibe a estos dos discípulos de Juan, uno de ellos llamado Andrés, el hermano de Pedro. Y apenas conoce a Pedro, le dice esas conocidas palabras: Tú te llamarás Cefas. Es decir, desde el principio está cambiando la vida de este hombre. Lo está estableciendo de un modo nuevo. Si el nombre de él era Simón, ahora llega Cristo, y con Cristo llega la novedad. Tú no eres Simón el pescador. Tú eres Pedro, Tú eres Pedro. Ese es el comienzo de un nuevo orden. De modo que estas lecturas de estos días nos están presentando cómo Cristo va renovando todas las cosas, cómo la mirada tiene que ir hacia Él, cómo los oídos tienen que abrirse a la potencia de su Palabra para que Él a cada uno de nosotros nos constituya en nuestro verdadero ser. Al decirle a Simón, el hijo de Juan: Tú eres Cefas, no le estás simplemente cambiando la vida o cambiando el rol, sino que le está revelando su propio ser, su más profundo ser. Es casi como si le dijera: Tu verdadera vocación, tu verdadero ser es ser piedra. Ese es tu verdadero ser.

Pidamos entonces a Jesús que también Él haga un nuevo comienzo en nosotros y que con su Palabra nos revele nuestro verdadero ser. Que Él nos cuente para qué realmente existimos, cuál es nuestro lugar en el plan de Dios, porque solamente así tendremos solidez y solamente así podremos alcanzar plenitud.

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