Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La fe cristiana se vive en saludable tensión entre lo que ya somos y o que estamos llamados a ser.

Homilía n3en008a, predicada en 20130103, con 4 min. y 39 seg.

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Transcripción:

Nosotros los cristianos vivimos en una tensión saludable entre el pasado, el presente y el futuro. La palabra tensión tal vez suena antipática porque, creo que cuando una persona dice: me siento tensionado, pues no, está diciendo algo amable, pero hay una tensión que es necesaria. Por ejemplo, nuestros músculos, los músculos de nuestro cuerpo, mantienen un nivel de actividad que se llama tono, es como una pequeña tensión que hay dentro del músculo. El tono muscular es una señal de vida, de modo que la pérdida completa del tono es una señal de muerte.

Pero no solamente eso, pensemos en la persona que está caminando. Para caminar, uno está continuamente flexionando las piernas y en esa tensión sincronizada de nuestras piernas se produce el movimiento. O pensemos, y será el tercer y último ejemplo, en lo que son los desafíos dentro de la vida humana. ¿Qué es una persona sin desafíos? Una persona que no tiene ningún reto, una persona que no tiene que lograr nada o que no quiere lograr nada. Creo que estaremos de acuerdo en que esa persona está en la más profunda depresión, por no decir, camino de la muerte.

O sea que, para vivir, para movernos, para estar en movimiento, ya no sólo con nuestras piernas, sino para que nuestra vida esté en movimiento, necesitamos tensión. Y esa tensión, desde el punto de vista cristiano, es la tensión entre la fe y la esperanza. La fe nos cuenta lo que Dios ha hecho por nosotros, eso es el pasado, lo que nosotros ahora somos, ese es el presente. Pero esa fe que nos habla del pasado y del presente tiene que ir conectada con la esperanza. Hemos sido perdonados, eso es pasado. Somos hijos de Dios, eso es presente. Pero ¿de aquí qué sigue, qué pasa con nosotros, hacia dónde vamos?

El apóstol San Juan, en su primera carta aborda tantos temas, es tanta la riqueza que hay en ese texto. Hoy creo que es bueno hablar de esa tensión entre el presente y el futuro. Dice el apóstol: «Ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos». Es una expresión hermosísima, a mí me hace recordar aquellas personas que sirven de guías turísticos y empiezan a hacer el recorrido de la ciudad, por ejemplo, con un grupo de visitantes. Y por supuesto, la gente queda impresionada con lo primero que ve.

Pero el papel del guía es no solamente mostrar cada cosa, sino mantener una saludable expectativa para que la gente quiera ver lo que sigue. ¿Te gustó eso? Está muy bien, pero espera que más adelante, más adelante vas a ver mucho más. Podemos decir que este gran predicador y apóstol Juan, hace ese papel, pero no con una ciudad terrena que al fin y al cabo se deshace, sino con lo que es la vida de Dios, la vida de la gracia. ¿Te gustó cuando Dios te perdonó? Claro. Te gusta invocar a Dios y llamarlo tu Padre y ser hijo de Dios. Claro. Pues falta todavía más, falta más. Dios tiene todavía cosas más hermosas para darte.

Qué puede ser eso, qué puede ser más bello que creer en Dios que saberse uno sanado, restaurado, perdonado, qué puede ser más hermoso. Y el apóstol nos dice: «Seremos semejantes a Él». Quedémonos, por favor, saboreando esa frase. Quedémonos saboreando lo que significa tener mucho, mucho más de lo que Dios ya ha hecho en nosotros. Esa es la esperanza a la que hemos sido llamados.

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