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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Al encontrarte con Jesús encuentras tu descanso y a la vez tu trabajo que es contar a tus hermanos que el Niño ha nacido, que Dios es fiel y que hay alegría en tu corazón.
Homilía n30d020a, predicada en 20231230, con 5 min. y 36 seg. 
Transcripción:
Esto sí que me llama la atención. El Evangelio de hoy nos presenta esa escena tan sencilla y a la vez tan profunda, tan mística. Cuando los padres de Jesús lo llevan al templo y al presentarlo al templo, se dan dos encuentros con dos personas mayores, un hombre llamado Simeón y una mujer llamada Ana, dos ancianos. Hay muchas razones por las que una persona puede llegar a una edad avanzada. Pero lo que podemos decir es que tanto Simeón como Ana, estaban como alargando, extendiendo sus vidas. Yo no puedo dejar de pensar en ellos, sino como dos brazos extendidos desde el Antiguo Testamento. Brazos que se extienden, que se alargan hasta llegar a tocar al Niño Jesús. Porque si tú lees la Biblia y tú lees, por supuesto, el Antiguo Testamento, te das cuenta que el Antiguo Testamento termina en una clave como de derrota, como de tristeza, como de vacío, como de fracaso. ¿Qué quedó de las promesas a Abraham? ¿Qué quedó?, ¿Qué quedó de las promesas a David?, ¿Qué quedó de los anuncios de Ezequiel? Abraham se le prometió una gran descendencia. Eso parece que se cumplió y se le dijo: En ti serán bendecidas todas las razas de la Tierra. ¿Dónde se cumple eso? A David se le dijo: El cetro no se apartará de tu descendencia. Como quien dice, va a haber siempre un rey descendiente de David. ¿Dónde quedó eso? Ezequiel profetizó la restauración de Israel y de Judá. ¿Dónde quedó eso?, ¿Dónde quedó todo eso? Termina lo que los judíos llaman las Escrituras y que corresponden para nosotros al Antiguo Testamento. Y esas promesas ¿Dónde quedaron? Entonces había un pueblo, un pueblo que anhelaba esas promesas. Los más pobres de todos, los que en hebreo se llaman anawim, los pobres de Dios, los pobres de Yahvé, los que no tienen nada, extendían como Simeón y como Ana, extendían sus brazos alargaban su esperanza, tratando, tratando de contemplar el cumplimiento de las promesas. Y cuando eso se logra, la expresión de Simeón es: Ahora puedo descansar. Ana, en cambio, se pone a trabajar. Es otra manera, nos dice la Escritura. Hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación. Hablaba del niño. Esta representante de los pobres de Yahvé, está que había aprendido a confiar y esperar solo en Dios está, ahora les cuenta a los otros pobres de Yahvé. Ahora les dice: He encontrado al Mesías. Y él les habla del niño. Así que son dos las lecciones que podemos tomar, o tal vez tres. Primera, la necesidad de alargar nuestra esperanza. No te quedes corto en la esperanza, Dios es fiel, no te quedes corto. Segundo, que cuando te encuentres con Cristo, encuentres en Él tu descanso, como lo encontró Simeón, pero también como Ana. Cuando te encuentres con Cristo, que encuentres en Él tu trabajo, así lo encontró Ana. Y tu trabajo será contar a tus hermanos, a los que estén mejor dispuestos a esa mies abundante de la que habló Cristo en Juan capítulo cuatro. Contarles que el niño ha nacido. Que Dios es fiel y que hay alegría en tu corazón. Amén.

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