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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La navidad es para que aprendamos a escoger; por un lado, está lo que se dice, lo que se piensa, lo que se celebra y se aplaude en el mundo; por otro lado, escoger si seguimos con Dios.
Homilía n30d018a, predicada en 20211230, con 6 min. y 34 seg. 
Transcripción:
Una de las enseñanzas que debe dejarnos la Navidad si atendemos a la primera lectura de hoy, es aquello de no améis al mundo ni lo que hay en el mundo, es decir, la superación de la mundanidad. ¿Y qué es la mundanidad y por qué es peligrosa? ¿Y cómo vamos a superarla? Pues yo creo que en la medida en que entendamos por qué el apóstol Juan nos hace esta advertencia, también entenderemos cómo es necesario practicarla. A ver cómo explicamos. Dios nos ayude, Dios nos ayude. ¿Cómo explicamos esto, de la lógica del mundo? Podemos decir que la mundanidad es la lógica del mundo. ¿Y en qué consiste la lógica del mundo? Me gusta explicarlo a través de esta sencilla expresión, Lo que sé, lo que se dice, lo que se piensa, lo que se aplaude, lo que se celebra, lo que sé. ¿Por qué eso tiene tanta fuerza? Porque cuando lo que se piensa es distinto de lo que yo pienso, entonces me siento, como se suele decir, como un animal raro, cuando lo que se dice es contrario de lo que yo digo. Entonces siento que estoy estorbando y que voy a encontrar conflicto en todas partes. Pero claro, lo importante aquí no soy yo. Lo importante aquí es qué tal que aquello de lo que yo estoy convencido. Porque es justo, porque es verdadero. No es lo que sé. Y esto se entiende mejor con un ejemplo. Hace poco miraba en un foro en internet una máquina, una especie de cápsula grande. Parece como un sillón, así como del siglo veintiuno o veintidós, que tiene aquí una cubierta, como si fuera para irse la persona a un viaje. Y en esa cápsula se mete una persona, oprime un botón y se suicida. Resulta que lo que sucede dentro de esa cápsula es que se produce una sobrecarga de nitrógeno que, por consiguiente, deja sin oxígeno a la persona. La persona va sintiéndose mareada, se supone, luego pierde la conciencia y se muere. Esencialmente es una máquina para suicidarse, una máquina creada por un Británico, pero que ha obtenido permiso de funcionamiento en uno de los países que tiene legislación más agresiva en términos de suicidio o de suicidio asistido de eutanasia. Estoy hablando de Suiza. Entonces la máquina la diseñó un británico. Tiene permiso ya para ser vendida o comercializada en Suiza y es una máquina para suicidarse. Y los comentarios que se leían en ese foro era, Qué buena idea, necesito una, sepárenme dos, por fin alguien lo hizo. Entonces, suicidarse como acto supremo de soberanía del propio yo. Suicidarse es muy bien visto. Pero nosotros sabemos que la vida humana merece un tratamiento mucho más humano. Que lo humano no es facilitarle el suicidio al que está desesperado. Es acompañar, amar, servir, ayudar a leer ese tiempo absolutamente duro, crítico. Entonces, ¿Qué pasa? Lo que se piensa, lo que se dice, es que suicidarse es un acto de dignidad humana. Lo que se dice es que abortar es un derecho reproductivo de la mujer. Lo que se dice es que cada quien se case con el que quiera o con la que quiera, o con cuantos quiera. Eso es lo que sé. Y el cristiano no está hecho para adaptarse a lo que sé. Hay un pasaje absolutamente precioso que lo oímos muchas veces durante el Adviento, al comienzo del capítulo doce de la Carta a los Romanos. San Pablo dice: No se adapten a este mundo, renuévense. Renuévense en su mente, renuévense en su mente. Oye eso: No se adapten. Entonces, en cierto sentido, el cristiano es un desadaptado. ¿En qué? En aquellas cosas en las que el mundo forma una especie de frente común, una especie de lenguaje universal impuesto. Un lenguaje universal que va en contra de tu conciencia, que va en contra de la verdad, que va en contra de Dios. Y entonces, en algún momento tienes que escoger. Y la Navidad es para que aprendas a escoger, porque en algún momento tienes que escoger. Si sigo con lo que sé, es decir, con lo que se dice, con lo que se piensa, con lo que se celebra, con lo que se aplaude o si sigo con Dios. Ese es el sentido de la primera lectura. No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Se refiere a eso. Se refiere a esa bendita independencia que ha de saber tener el cristiano. Amén.

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