Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Al llenarme simplemente de experiencias me voy vaciando de vida, me voy quedando con las manos vacías. El mundo pasa, se desvanece con todas sus pasiones; pero quien está en Dios permanece para siempre.

Homilía n30d017a, predicada en 20201230, con 6 min. y 7 seg.

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Transcripción:

La primera lectura en la Santa Misa de hoy está tomada del capítulo segundo de la Primera Carta de San Juan. Tiene tantas recomendaciones y la verdad, me siento tentado de volver a ese tema tan querido para mí, porque es vital en toda sociedad lo que pase con los jóvenes. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, porque habéis vencido al maligno. Eso decía Juan refiriéndose a los jóvenes cristianos de aquella época. ¿Se podrá decir de nuestros jóvenes? Te dejo esa inquietud. Pero el tema del que finalmente quiero hablar con la ayuda del Espíritu Santo el día de hoy, es sobre aquello de que el mundo pasa con todas sus pasiones. El que obra la voluntad de Dios permanece para siempre.

Y quiero referirme a eso por algo que está relacionado precisamente con lo que viven muchos jóvenes. No, hace mucho un joven perteneciente a mi comunidad me decía ya probé este estilo de vida. Es decir, él fue religioso de nuestra comunidad durante un tiempo. Ya probé este estilo de vida. Ahora voy a tener una experiencia diferente, voy a hacer unos estudios. Él quería hacer o quiere hacer unos estudios universitarios, seguramente muy buenos y puede servir mucho a la humanidad. Pero lo que quiero subrayar es ese tipo de lenguaje, el lenguaje de las experiencias, las experiencias, no. Es decir, tenemos una cierta ilusión de que podemos entrar y salir de las experiencias, como el que entra y sale de un cuarto.

Yo entré a este cuarto, vi lo que había aquí. Ah, ya sé cómo es, Ah, tiene un techo, tiene unas paredes, tiene un piso, ya vi como era el piso, las paredes, el techo, muy bien todo. Permiso, permiso, me retiro y ya está. Entonces, muchas personas creen que una mezcla de libertad, tolerancia y respeto, virtudes muy exaltadas en nuestra época. Pues consiste en eso, exactamente en eso, es decir, que tú entras y sales de las experiencias, lo cual al principio suena bastante inocente. Pero ahora yo te hago una pregunta ¿Qué tal un matrimonio así? Entonces ya entré, ya supe. Ah, ya sé lo que es ser casado, ah, ya sé lo que es vivir con una esposa, lo que es tener unos hijos. Bueno, los dejo, permiso, permiso, los dejo, me voy porque ya se acabó esa experiencia. No sé si me estoy dando a entender, quizás no todavía.

Lo que yo quiero criticar, tomando como, como fuerza la Palabra de Dios para la misa de hoy, lo que yo quiero criticar es esa idea de las experiencias perpetuas y esa idea de que uno puede entrar y salir de todo y no pasa nada. Eso es lo que yo quiero criticar y quiero criticarlo no por amargado, sino lo contrario. Porque fíjate que si la vida fuera un conjunto de entradas y salidas de cuartos, como lo estoy describiendo aquí con metáfora, si la vida consistiera en que simplemente entré y luego salí y luego entré a otra cosa y luego salí y me voy llenando de experiencias, me voy llenando de experiencias, es que me voy vaciando de vida, es que me voy quedando con las manos vacías.

Yo tengo ante mis ojos el testimonio, por ejemplo, de mi papá, Dios lo bendiga, Es un hombre mayor, pero gracias a Dios, mientras el Señor lo quiera, lo tenemos con nosotros aquí en la tierra. Bueno, mi papá se entregó. Se entregó como esposo, como padre, un trabajador honrado del que no hay queja, bendito sea Dios. Es decir, este es un hombre que en este momento puede decir tengo una cosecha y tengo una cosecha. ¿Por qué? Porque se entregó, porque no entró y salió, porque se quedó, porque se comprometió, eso es lo grandioso. Lo grandioso es eso. Lo grandioso es que entró y se comprometió, y por eso puede cosechar.

Tristemente, aquellos hombres que simplemente probaron que era estar con una mujer o probaron que era estar casado o probaron que era tener una familia. Y luego probemos a ver con otra familia y luego probemos con otra mujer y con otra familia. ¿Con qué se queda una persona de esas? ¿Y eso qué tiene que ver con la lectura de hoy? Fíjate lo que nos advierte la lectura de hoy. El mundo pasa, el mundo se desvanece con todas sus pasiones. El que está en Dios permanece para siempre. El mundo pasa con sus pasiones. Eso de que hoy me interesa esto, mañana me interesa lo otro. Ahora se puso de moda esto. Pero espérate que llegue esa moda, se acabó, ahora viene esto.

Ese es el mundo, el mundo que pasa, el mundo que en el fondo nos está utilizando. Creemos que estamos jugando con el mundo. Y es el mundo el que se convierte en jugador y nosotros en sus juguetes. El que está en Dios, el que busca la voluntad de Dios, ese no está teniendo simplemente experiencias y experiencias. Ese es capaz de discernir una luz, es capaz de discernir un camino y es capaz de decir a esto le ha puesto la vida porque la vale. Y así nos quiere Dios. Grandes enseñanzas para nuestro tiempo.

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