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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Aquella humilde y anciana mujer, Ana, de la tribu de Aser, es como una embajadora del antiguo Reino de Israel, que se creía ya extinto; pero Dios es fiel a sus promesas.
Homilía n30d014a, predicada en 20171230, con 16 min. y 9 seg. 
Transcripción:
Amados hermanos, con frecuencia encontramos detalles del amor de Dios en los detalles de la Escritura. Un corazón tocado por el amor divino no quiere quedarse solamente con la idea general. El corazón que ha sido visitado por el Espíritu Santo quiere de verdad encontrar la riqueza del regalo que recibe, y por eso los corazones visitados por el Espíritu Santo. Dan especial atención a esta Palabra que se proclama cada día y que cada día es nueva. Fijémonos en un detalle que tal vez puede pasar desapercibido a mucha gente y acerquémonos con humildad a este pasaje del Evangelio de hoy. Había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Tribu de Aser. Eso se escribe por si acaso, sin H y con S. ¿Y qué tiene que ver la tribu de Aser?, ¿Por qué el Espíritu Santo ha querido que quede plasmado en este texto ese dato, ese dato tan pequeño? Es el único lugar en el Nuevo Testamento donde se menciona específicamente a alguien de esa tribu. Pues ese dato algo tiene que decirnos. Recordamos en el libro del Génesis que había doce tribus, y recordamos por los libros de Samuel y de los Reyes que hubo una división en el pueblo de Dios. Diez tribus, las del norte, se agruparon en rebelión contra el rey de Jerusalén. Ciertamente, ese rey había dado motivos para que se sintieran fastidiados con él. Pero el hecho es que estas diez tribus del norte se rebelaron y quedaron las dos tribus del sur, la tribu de Judá y la tribu de Benjamín, que era muy pequeña. Esa tribu de Benjamín prácticamente desapareció y quedó solo la tribu de Judá. Por supuesto, los descendientes de la tribu de Judá son los judíos. Y nosotros, oímos con frecuencia sobre los judíos, pero no oímos nada sobre las tribus del norte. ¿Qué pasó con las tribus del norte? Las tribus del norte formaron un reino aparte. El Reino del Sur se llamó el reino de Judá con capital, Jerusalén. El Reino del Norte se llamó el reino de Israel con capital Samaria. El Reino del Norte tuvo una serie de desastres políticos, de intrigas. Pero lo peor vino cuando fueron invadidos por otro reino todavía más al norte, los asirios. Los asirios destrozaron a los israelitas, destrozaron el reino del norte y llevaron multitud de cautivos. Y nunca se supo nada más de esas diez tribus, hay especulaciones, hay ciencia ficción. Pero lo que parece más probable es que las cosas fueron muy sencillas. La brutalidad y la crueldad de los asirios acabó completamente con los israelitas. La capital de los asirios era Nínive. Era un imperio en su momento bastante poderoso y la metodología de ellos era brutal, prácticamente sádica, matar niños, violar mujeres, utilizarlas como esclavas sexuales o concubinas, asesinar a los hombres o convertirlos a la fuerza en servidores del ejército asirio. En tales condiciones no pudieron sobrevivir las tribus del norte y una de las tribus del norte es la tribu de Aser. Ya usted se va dando cuenta para dónde va esto. Si uno mira el mensaje de los profetas, sobre todo Ezequiel uno se da cuenta que hay una serie de promesas de restauración. La época en la que realiza su ministerio Ezequiel, es una época de devastación. Puede decirse que le tocó el turno ahora a los del sur, a los del Reino de Judá. Es la época del destierro, pero ya no a Asiria, ya Asiria había caído. Ahora era el destierro hecho por los caldeos, destierro a Babilonia. Y en medio de esa debacle, un hombre como Ezequiel habla de restauración. Tiene unos oráculos, es decir, mensajes de Dios absolutamente preciosos e inspiradores sobre cómo el Señor es capaz de restaurarlo todo. En el profeta Ezequiel leemos, por ejemplo, aquel pasaje tan bello de los huesos secos en el capítulo treinta y siete de Ezequiel. Ustedes dicen que son como huesos secos, pero Dios le muestra a Ezequiel que es capaz de revivir esos huesos, hacer que se junten, hacerles brotar carne y darles nueva vida, convertirlos en un ejército poderoso. Lo mismo con el templo, el templo que había sido profanado por los pecados de los sacerdotes. Los sacerdotes de la época de Ezequiel habían perdido completamente la fe, se habían vuelto idólatras, estaban fascinados por la astrología, imagínese. Eran un desastre el templo antes de ser profanado por los caldeos, cuando la gente fue desterrada, Babilonia, ese templo ya había sido ensuciado, profanado por los mismos sacerdotes que no creían en los sacrificios que ofrecían. Pero ese templo nos dice Ezequiel, va a ser renovado de una manera maravillosa y de ese templo saldrá agua de vida que va a hacer maravillas también. Lo más asombroso de todas esas profecías de Ezequiel es que cuando habla de restauración habla también de la restauración de Israel, del reino que había desaparecido completamente por la opresión de los asirios en la época de Ezequiel. Ya de Israel como tal, del reino de Israel. Ese nombre luego se sigue usando en la historia. Pero del reino de Israel como tal, ya no quedaba nada prácticamente, pero Ezequiel, que parece que tenía una fe por porción doble o triple, habla de restauración también del Reino de Israel, también de Israel. De lo cual no quedaba nada, aparentemente. Parece que no quedaba nada. Pero como Dios es Dios, resulta que sí hubo restos de algunas tribus, por lo visto, por lo menos de esa minúscula tribu de Aser, de la cual prácticamente no se dice nada en el Antiguo Testamento. Es decir, que en esta mujercita bella, humilde, penitente orante llamada Ana, la que aparece en el pasaje de la presentación de Jesús en el Templo, en esa mujercita humilde, bella, se estaba cumpliendo la promesa de Dios, como en semilla, como en pequeñito, pero se estaba cumpliendo. Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Claro, para que existiera Ana en el siglo uno de nuestra era. Sabiendo que lo de los asirios pasó en el siglo octavo antes de Cristo, eso está indicando que sí hubo hilos de descendencia que Dios rescató y preservó hasta llegar a cumplirle también al reino de Israel, las promesas, aunque solo fuera en una embajadora llamada Ana, hija de Fanuel. O sea que el mensaje que está en este detallito tan pequeño, tan humilde, es que Dios cumple su promesa a pesar de todo, a pesar de toda la arrogancia y crueldad de los asirios, a pesar de los siglos transcurridos a pesar de todo. Si había descendientes del reino de Israel y una de ellas, una de esos descendientes, era esta mujer. Y a esta mujer Dios le concede ver al Mesías, a esta mujer Dios le concede contemplar la salvación. A esta mujer Dios le cumple lo que dijo por Ezequiel, porque Dios no se olvida de sus promesas. O sea que esta humilde embajadora del reino de Israel es la prueba de que Dios, a pesar de todo y en contra de todo, cumple lo que ha dicho. Esta mujer ya tenía avanzada edad, tenía unos ochenta y cuatro años, dice. ¿Quién sería esa mujer a ojos del pueblo?, Tal vez la miraban como. Como una fanática. No se apartaba del templo con sus ayunos y oraciones. Tal vez la miraban como en algunos países, se dice una beata rezandera, no tiene más que hacer. Allá vive metida donde las monjas. Le digo donde el templo de Jerusalén. Tal vez la veían así como una rezandera. Y dice el pasaje de hoy que ella alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel. O sea que ella se puso evangelizar. Ella se puso evangelizar. Pero nos damos cuenta que la evangelización de Ana no fue muy lejos. La memoria de esa evangelización de Ana se perdió. La gente diría esta pobre mujer, tanto rezo. Si de Don Quijote se dice las muchas letras le sorbieron el seso. Parece que de esta mujer dirían tanta rezadera se le dañó la cabeza, se chifló, se enloqueció. No le pusieron cuidado, no hay más memoria de la evangelización de ella. Ella hablaba con gozo, el Mesías llegó. El Mesías llegó la liberación de Israel. ¡Ay, viejita loca! Sí, sí. perfecto. Tranquila, tranquila. Sí, tómate tu pastilla, tranquila. No le pusieron cuidado. Pero ella era la imagen viva del cumplimiento de las promesas de Dios a todo un reino, a todo un reino, El Reino de Israel. Enseñanzas para nosotros, Dios permanece fiel. Enseñanzas para nosotros, se puede confiar y esperar en Él a pesar de todo. Enseñanza para nosotros, atención, por favor, atención a la voz de los humildes. ¡Atención!, Dios nos dice cosas importantes a través de personas que no nos imaginamos. Muchas veces son ellos los despreciados de todos los que parece que no cuentan. Son ellos los que tienen esa sensibilidad particular de las cosas hermosas, de ese pasaje de la presentación de Jesús en el templo. Es como el Espíritu Santo pone cita lo que comentábamos ayer en la predicación cómo el Espíritu Santo pone cita. Llegan José y María, llega Simeón, llega Ana, el Espíritu Santo los reunió. En realidad pertenecen a una misma espiritualidad, la de los pobres de Yahvé. El Espíritu Santo pone cita. El Espíritu Santo permite que se reconozcan entre sí los pobres de Yahvé. El Espíritu Santo permite que descubramos el mensaje que está también en los más humildes. Supliquemos ese espíritu para ser dóciles a sus mociones y supliquemos ese espíritu para oír lo que Dios nos puede estar diciendo, incluso a través de aquellas personas que a veces creemos que no cuentan. Para Dios todos cuentan.

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