Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El fruto de esta Navidad es reconocer a Jesucristo como centro de nuestra vida practicando y viviendo su voluntad.

Homilía n30d013a, predicada en 20171230, con 4 min. y 10 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy está tomada de la primera carta de San Juan. Encontramos una expresión hacia el final del texto que nos invita a meditación. Nos dice este evangelista, El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. Es una de esas frases típicas de los escritos de San Juan. Frases que yo pido que las tomemos en serio, que las estudiemos. Frases que yo pido que conectemos con nuestra propia vida, porque no tiene sentido simplemente leerlas en la iglesia o simplemente repetirlas de memoria si no llegan a significar algo dentro de nosotros. El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Aquí hay una relación muy profunda entre la bondad y el ser. Algo muy propio de San Juan, como ya hemos dicho en otras ocasiones. Porque lo que está diciendo San Juan es que el permanecer es lo propio del que es, es lo propio del ser. Permanecer es propio del ser. Y resulta que nos está diciendo San Juan que el que se une a la voluntad del Señor, o sea el que busca y practica esa bondad que está en el querer de Dios, eso es lo que se une al ser. La bondad conecta con el ser, mientras que la maldad no conecta con el ser.

Y hay una aplicación muy sencilla y muy real de esta enseñanza. Efectivamente, nos damos cuenta que allí donde el egoísmo ha dejado su huella, por ejemplo, llega a la alcaldía o llega a la presidencia un hombre indigno y egoísta que únicamente está pensando en su propia familia y en sus ganancias, ¿Qué tanto quedará de las obras de ese hombre? Pues no mucho, porque muy pronto le sucederá otro que seguramente también será rapaz, será egoísta y buscará sacar lo suyo. Entonces no va a quedar mucho. Date cuenta que la maldad, precisamente por su carácter destructivo, está continuamente repitiéndose y está siempre empezando.

La bondad, en cambio, permanece, como decía hermosamente, un predicador. Cuántas personas reconocen a Jesucristo como alguien central en su vida. Somos millones y millones y millones. Cuántas personas reconocen al emperador Augusto como alguien absolutamente central en su vida, no para la historia de la humanidad, sino para mi vida, en mi vida. El emperador Augusto es fundamental en mi vida. Carlomagno es fundamental en mi vida. El rey Otón, el Magnífico es fundamental. Cuántos de nosotros realmente diríamos esa clase de frases.

Nos damos cuenta de que los imperios de este mundo suben y bajan, llegan y se van, pasan y pasan por algo dijo Cristo, El cielo y la tierra pasarán, y también dijo Mis palabras no pasarán. Porque las palabras de Él están asentadas en una bondad profunda que cautiva de la mejor manera, de la manera más santa al corazón humano. La bondad está conectada con el ser.

Conviene recordar aquí la frase de Santa Laura Montoya, aquella fundadora de Religiosas misioneras en mi país, Colombia, decía Santa Laura Montoya, Yo dejo que pase lo que pasa y yo me uno al que no pasa. Hagamos nuestra esa frase practicando y viviendo la voluntad de Dios y que ese sea el fruto de nuestra Navidad.

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