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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El egoísmo llevado con elegancia; la sensatez reducida a los márgenes del consenso; la tolerancia hipócrita que navega sólo en lo políticamente correcto: tal es el rostro de la "mundanidad" en nuestra época, y sobre ella nos advierte el apóstol San Juan.
Homilía n30d012a, predicada en 20151230, con 42 min. y 26 seg. 
Transcripción:
Amados hermanos, la primera lectura de hoy pone ante nuestros ojos lo que podemos llamar la mundanidad. Les invito a que reflexionemos juntos sobre lo que significa esta palabra, porque el Papa Francisco varias veces ha denunciado la mundanidad como un peligro para el cristiano y muy especialmente para nosotros, religiosos y sacerdotes. La frase clave, pero también la más difícil de entender, es la que dice, No amen al mundo ni lo que hay en él. De inmediato se necesita una explicación. La palabra mundo tiene por lo menos dos sentidos en los escritos de San Juan. El mundo se refiere, por un lado, a la creación, la naturaleza y dentro de ella, en particular, el ser humano. En este sentido tenemos aquel versículo tan bello del capítulo tercero del Evangelio de Juan, Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único. Esa manera de hablar del mundo se refiere, repito, a la creación. En ella la naturaleza y dentro de la naturaleza, sobre todo el ser humano. De modo que el hombre, el ser humano, ha sido particularmente amado por Dios. Ese es un sentido de la palabra mundo. Pero en el texto de hoy aparece el otro sentido. ¿Qué quiere decir mundo aquí? Nos lo explica la lectura de esta manera, lo que hay en el mundo es pasiones desordenadas del hombre, curiosidades malsanas, arrogancia del dinero, eso dice esta traducción. Otra traducción un poco más cercana al texto griego dice, Concupiscencia de los ojos, concupiscencia de la carne y soberbia de la vida. Esa segunda traducción, la que acabo de decir, está un poco más cerca del texto original. Qué es lo que sucede con esto, que San Juan llama el mundo. Pues hagámonos una pregunta muy sencilla, ¿Cada ser humano en dónde vive? Eso resulta fácil de responder desde el punto de vista de la geografía. Basta mirar en los mapas de Internet y se puede encontrar incluso un lugar recóndito, como puede ser Dagua. Ahí puede aparecer. Pero la verdad es que nosotros no solamente vivimos en la geografía. Cada uno de nosotros vive como una especie de punto de nudo que enlaza con muchas otras vidas, con muchas otras historias. Y lo que realmente determina mi vida no es tanto la geografía, no es tanto el piso térmico, la latitud o la longitud. Lo que realmente determina mi vida es con quién estoy anudado, con quién estoy conectado. Eso se nota, se hace bastante visible con este fenómeno nuevo que son las redes sociales. Entonces, la ubicación nuestra se puede dar geográficamente de un modo muy sencillo. Tal latitud, tal longitud y tal altitud quedó determinado en donde se encuentra esa criatura, eso es fácil. Pero la verdadera ubicación mía, la manera como se ubica mi vida, tiene mucho más que ver con las relaciones con las que se va marcando, mi manera de optar, mi manera de soñar, mi manera de esperar. Si a mí me dicen que en tal punto del planeta Tierra hay un ser humano, eso no me dice nada sobre él. Pero si me dicen esa persona, ese hombre, por ejemplo, ese hombre es muy amigo de los grupos de oración, con esa sola frase yo sé algo sobre esa persona, porque nosotros como seres humanos vivimos siempre en relación. Entonces, ¿Con qué me relaciono?, ¿Con quienes me relaciono? Es una información mucho más importante que simplemente decir en tal punto del planeta Tierra vive esa persona. Podemos representar mentalmente de un modo pictórico estas relaciones, podemos representarlas quizás a través de hilos. Encontraremos personas que se relacionan con muchos y tienen muchos hilos. Una figura pública, como por ejemplo el señor Obispo, como el Papa, imagínate. El Papa tiene relación con miles y miles, realmente con millones, muchos millones de personas en todo el mundo. Otras personas, en cambio, llevan una vida discreta, casi anónima, y sus hilos serían muy pocos. A su vez, las personas con las que yo me relaciono se relacionan con otras y esas con otras. Y por eso podríamos imaginar fácilmente una especie de tejido con hilos de distintos colores. Tal vez los colores podrían representar distintas formas de influencia o podrían representar distintas opciones. Donde yo realmente vivo es en ese tejido, ese es el tejido que determina lo que yo soy. Una persona que, por ejemplo, se está relacionando continuamente con narcotraficantes, pero en sus ratos libres tiene conversaciones con un grupo terrorista. Uno se puede imaginar esa persona qué clase de vida lleva. Tal vez lleva una vida muy diferente del que está metido en el grupo de oración y que está metido en la Cofradía del Divino Rostro allá en su parroquia. Las relaciones son fundamentales. Además de esas relaciones que son más visibles con las personas, también hay otro tipo de relaciones que tienen que ver con ideas, con tendencias, con valores, con opciones y eso también nos determina a nosotros. Imaginémonos, por ejemplo, que las personas que tienen una determinada idea en su cabeza se les reflejara, como se acostumbra en la religión hindú, con puntos o con otros colores en su frente. Hay gente que está convencida de que lo mejor que le puede suceder a la humanidad es la perfecta igualdad entre los hombres y las mujeres en todo en los trabajos, en el poder, en los oficios, en la plata, en todo. La gente que tiene esa idea, la gente que está conectada con esa idea, pues tiene hilos que la unen ya no sólo a otras personas, sino a esa idea específicamente. Gente que tiene distintos valores, gente que tiene distintas preferencias o gustos. Rápidamente uno se da cuenta, haciendo este análisis, que cada uno de nosotros realmente está en el medio de un tejido muy complejo que tiene personas, gustos, historias. Algunas de esas personas ya murieron porque yo puedo tener una relación bastante estrecha con el pensamiento de alguien que ya no está vivo. Digamos el caso de lo que hacen los libros de los santos en nosotros. Si estoy leyendo con atención, por ejemplo, a Ana Catalina Emmerick, pues eso trae una un impacto en mi vida, si estoy leyendo en cambio a Charles de Foucauld, eso será otro impacto y así sucesivamente. Bueno, esto que hemos dicho, toda esta descripción del tejido de relaciones nos sirve para entender lo que sucede con la palabra mundo, porque fácilmente una cosa que acontece es que nosotros empezamos a depender o empezamos a replicar lo que otros piensan. Donde más se nota esto es cuando una persona está formando su personalidad, típicamente en la adolescencia o en la juventud. En un colegio de niñas resulta que hay una que le da un trastorno, al otro día hay dos trastornadas, una semana después, más y más trastornadas. Se vuelve una epidemia porque los puentes que tenemos con las otras personas son también influencias que recibimos y por eso nosotros empezamos a adoptar cosas buenas o cosas malas de las otras personas. Y de esa manera se van formando lo que hoy se llama popularmente en las redes sociales los memes. Un meme es típicamente un gráfico, un chiste, una manera de pensar o de hablar que se empieza a replicar. El lenguaje que se utiliza en las redes sociales se volvió viral. Lo mismo que un virus se propaga dentro de una población. Así también ciertas ideas, gustos o tendencias se van volviendo virales. Bueno, pues la viralidad que hoy se entiende en las redes sociales es lo que también de alguna manera menciona la primera carta de Juan. Porque resulta que como vivimos todos en un tejido complejo de relaciones con ideas, con personas y con gustos, y como no, todo lo que circula en esos caminos es limpio, entonces fácilmente se producen áreas de contagio y se producen oleadas de contagio. Esos contagios no son tan fácilmente identificables porque no tienen las características de una enfermedad física. Cuando hubo ese brote tan fuerte de ébola en África, de inmediato la gente se da cuenta, esto es peligroso, hay que poner en cuarentena, cuidado con los que vengan de esos países, porque eso es visible. Pero si una persona empieza a decir la vida no tiene sentido y realmente uno debería suicidarse mientras no acontezcan esos suicidios, esa idea puede todavía caminar muchísimo y nadie se da cuenta hasta que es demasiado tarde. Entonces, las ideas, las tendencias, los gustos y digámoslo abiertamente, los pecados empiezan a propagarse de esa manera, ahí vamos llegando a la definición de mundo, de acuerdo con lo que nos plantea la primera carta de Juan. Entonces mundo ¿Qué es aquí? Es ese tejido de relaciones que perpetúa, que prolonga potencia y perpetúa el pecado. Pensemos en esté caso el ser humano es libre si tiene un cierto margen de libertad. Eso es cierto. Pero ¿Qué tan libre es una persona en una determinada cultura? Hay países donde lamentablemente el desorden, el desorden sexual, se ha vuelto la cosa más común. Es posible encontrar una muchacha sana, normal, saludable, que tenga, por ejemplo, veintidós años y que sea virgen en su cuerpo, en ciertos países, y uno dice, es casi imposible. Bueno, qué impide que eso suceda, realmente esa mujer no la han violado. El problema no es de violación, pero el ambiente, esa es la palabra. El ambiente está tan saturado de un modo de ver las cosas sobre el cuerpo, sobre el sexo, sobre las relaciones. El ambiente está tan saturado que resulta heroico, por no decir casi imposible, que en ese ambiente una muchacha tenga tanta convicción como para oponerse a lo que le dice, No solamente las amigas, los amigos, el novio, sino a veces la misma familia. Porque yo ya he conocido familias donde la primera persona que le da los anticonceptivos a la hija es la mamá, sin hacerle ninguna pregunta. Hay mamás que a los quince o dieciséis años, bueno hija, por si acaso, mejor que te cuides, aquí te dejo. O sea, las mamás ya dan por descontado que sus hijas van a tener una vida sexual intensa y por consiguiente, como mejor es prevenir que lamentar, entonces te voy dando los anticonceptivos. Imaginémonos una muchacha que está recibiendo en países donde realmente ésta es la norma. Eso fue lo que yo vi, sobre todo en el norte de Europa, en países donde esto es la norma. Una muchacha que tiene todas las amigas contándole lo normal que es convivir, pasar fines de semana, llevar vacaciones, tener sexo con uno, con dos, con otra, con lo que sea y ese es su ambiente, y esas son las amigas y ese es el amigo. Y cada novio o potencial novio está esperando exactamente ese comportamiento de ella. Y el papá vivió lo mismo y la mamá le da anticonceptivos desde los dieciséis años. Qué posibilidades, hablemos en matemáticas. Qué cálculo de probabilidades hay de que esa muchacha a los veintidós o veintitrés años sea virgen, normal, felíz desacomplejada. Es muy difícil. ¿Qué es lo que ha tenido poder en ella? Fue que algún muchacho la agarró, un grupo la violentó y la violaron entre varios, nadie la ha violado. O mejor sí la violaron, empezaron a violarla desde niña, sus principios, su conciencia, su mente, fueron violados desde niña. De modo que cuando esta llegó a sus quince años, ya tenía la idea de que estaba un poco atrasada en su vida sexual. Esa fue la idea que ella tuvo, ¿Por qué? Porque si tú miras a esa muchacha dentro de ese tejido, te acuerdas el tejido que hemos dicho. Dentro de ese tejido de relaciones, te das cuenta de que cada uno de esos hilos está contaminado porque sus amigas piensan así, porque sus amigos piensan así, porque el novio que tuvo ya la presionó y la presionó en esa dirección y ella rechazó al primer novio por eso y al segundo novio por eso, pero después se dijo la tonta soy yo, la rara soy yo. Yo ya he comentado en otras predicaciones lo que me pasó hace años en una misión en California, cuando estaba yo atendiendo a algunas confesiones y se acerca una joven de unos quince años y me dice no vengo a confesarme sino a hacerme una consulta. ¿Qué consulta? Que, yo creo que yo soy rara. ¿Por qué dices que eres rara? Porque de mis amigas yo soy la única que no ha tenido novia. Es decir, llega el momento en el que se impone tanto el tema de la bisexualidad. Se impone tanto el tema del lesbianismo que lo extraño es no ser lesbiana, lo extraño es no ser bisexual. Eso es lo que la primera carta de Juan llama mundo. Ese es el podemos decir, es la inundación de ideas y de tentaciones y de propuestas que no nos quitan la libertad. Teóricamente, esa muchacha puede vivir en Suecia y estar a los veintidós años y es perfectamente virgen y es alegre y es saludable y es normal, y no le pasa nada, porque nadie la ha violado, repito, físicamente nadie la ha violado. Pero uno se da cuenta de que encontrar eso posiblemente es heroico, es casi imposible ¿Por qué? Por esta presión. Entonces ¿Qué es lo que significa mundo? Tejido de relaciones, de complicidad en el pecado que promueven, presionan y perpetúan ese mismo pecado. Esto tiene mucho que ver con palabras que no aparecen en la Biblia, pero que nosotros hemos aprendido a apreciar palabras como ambiente. Lo que he dicho de esa situación con respecto al sexo vale en muchos otros campos. Pensemos, por ejemplo, lo que sucede en la política. Pensemos en un muchacho que dice yo quiero servir a la gente. El dinero lo hay. Lo que se recoge por impuestos en esta región es mucho y realmente se pueden ofrecer soluciones. Hay mucha gente que merece mejor educación, mejor servicio de salud, mejores oportunidades de trabajo, mejor tecnología y sobre todo, mejores vías, yo quiero trabajar en eso. Pero muy pronto empieza a enfrentarse con una maraña, están los hilos, no, los hilos de la corrupción. Si no apoyas a éste, te quedas solo, si no le das el apoyo a este otro, te quedas solo. Si no eres cómplice hasta que finalmente el lenguaje se descara. Finalmente, el lenguaje se vuelve descarado. Bueno, usted roba como los demás o se larga de esto, punto. Eso se llama el mundo. Esa es la presión del mundo, tejido de relaciones de complicidad que promueve potencia, propaga, perpetúa el pecado. Eso es lo que aquí se llama mundo. Frente a esa realidad del mundo hay varias cosas que se pueden hacer. Una cosa que hace la mayoría es dejarse llevar por la corriente. La amiga de Siena, Santa Catalina, veía al mundo como una especie de río asqueroso, pero muy fuerte, como una corriente que se va llevando a la gente. Esa era la imagen que tenía Santa Catalina en su mente al oír hablar de mundo y al ver lo que el mundo le hace, pues a los cristianos. El mundo es eso, es como esa corriente que se va llevando a la gente y uno va viendo lo que sucede, por ejemplo, con los niños. A veces es tan frustrante trabajar con la educación en los niños porque se trata como de educarlos de lo mejor posible, pero no se vuelve a encontrar ese mismo niñito que a los siete, que a los ocho años tenía su mirada limpia, tenía su sonrisa clara, era amigo de Dios, era piadoso, no sé qué, se lo vuelve a encontrar a los doce, a los trece años, esquiva la mirada, utiliza lenguaje de doble sentido. Le saca el cuerpo al sacerdote, no quiere ir a la misa. ¿Qué pasó? Ya el mundo se lo llevó, ya se lo llevó el mundo. Eso es lo que significa mundo ahí es muy triste, muy, muy triste para uno como sacerdote, porque uno está viendo lo que sucede a los niños, uno está viendo lo que le pasa a las parejas. Lo que le sucede a las parejas es eso, las parejas que están metidas cada una en su propia versión de la mundanidad, porque el mundo le dicta a esa mujer primero, ojo, primero tu carrera, tu desempeño profesional. Pero resulta que esa mujer terminó su estudio básico, lo que se suele llamar pregrado, lo terminó a los veintiún años. Ya tenía perfectamente claro que lo primero que tenía que hacer era un máster, porque con su pregrado no iba a ser nada, terminó su máster hacia los veinticuatro años. Si no tienes experiencia en el exterior, no has hecho nada, entonces hay que ir a trabajar al exterior. Cuando vuelve del exterior tiene veintiocho o veintinueve años. A esas alturas de la vida, todavía no piensa realmente en familia y además, a esas alturas de la vida le ha metido demasiado tiempo, demasiada energía, demasiada ilusión y demasiado dinero a su propio desempeño profesional. De manera que finalmente se casa con el hombre de sus sueños, se casa sobre los treinta y dos, treinta y tres años de edad, pero en ese momento le sale el trabajo que siempre, siempre había querido, se abrió una plaza del Banco Mundial en Tokio, y ¿Quién quieren que atienda eso? Yo. Y resulta que el esposo tiene un trabajo bueno, no tan bueno, de hecho, ella gana mucho más que él. Pero ese no es problema entre ellos, simplemente ella invita a los restaurantes caros y él invita a los comederos, o sea que por ese lado no hay problema. Ella no es una mujer que se sienta subyugada por el dinero ¿No? Simplemente ve que le llegan cheques con seis con siete ceros y dice lo normal, lo normal, me llegaron mis cheques con seis ceros, con siete ceros. Ella no es obsesionada con el dinero, pero su profesión sí, su profesión, sí. Y le salió su puesto en Tokio, o sea que no perdí el tiempo con esas clasecitas de japonés que empecé a recibir. ¡Qué cosa tan buena!. El esposo tiene un cargo, así como más o menos como medio pelo, el esposo trabaja en pedagogía, el esposo más bien está pensando que, un poquito como en servir a los jóvenes, no sé qué, pero él tiene también sus propios deseos, tiene también sus propias metas. Él piensa en su propia felicidad y empieza entonces la tensión. Ya llevan dos o tres años de casados. No hay hijos, ¿Porque qué hijos puede haber ahí? Los hijos estorban inmediatamente. O sea, ¿Qué hijos?, ¿Qué hago con el hijo? Voy a parir el hijo en el avión a Tokio. ¿Qué voy a hacer? No, no puede ser. El hijo estorba, el hijo no cabe. Para algo se inventaron los anticonceptivos. El hijo no cabe por ninguna parte, No hay manera de que haya hijo. Tener perro, sí. Eso sí, perros sí se puede tener, pero hijo, no se puede tener. Que cuentos de tener, hijo, no hay manera de tener hijo. Resulta que no tener hijos es una pésima idea, es una pésima idea. Porque el no tener hijos en parejas exitosas profesionales tiene el efecto inmediato de hacerles creer, es decir, despertarles, inculcarles en su corazón la ilusión de que siguen siendo solteros. O sea, son dos solteros que ahora para tener sexo les queda más fácil. Pero son eso. Como describía mi madre en sus tiempos, estos dos simplemente pidieron permiso para acostarse. No, es más, ahí no hay más matrimonio que ese. En esas circunstancias se va llenando de arrogancia la gente. ¿Por qué? Porque es que esta señora que no se viste de cualquier manera, no se pone cualquier trapito, no utiliza cualquier cartera, está acostumbrada a que ella va a los mejores salones, donde siempre que entra como gerente, todo el mundo se pone de pie. Doctora, es un verdadero placer conocerlo. Ella está esperando que ese nivel de trato está esperando que ese respeto, que esa veneración y esa multiplicación de venias se la haga el esposo. Entonces ella quiere que también el esposo la reciba. Mi hijita, mi hijita. ¿Cómo está? ¿Cómo le va, mi hijita? Y eso, y eso tiene consecuencias en el matrimonio, graves consecuencias en el matrimonio. Y uno ve cómo se están destruyendo los matrimonios, y uno ve cómo la gente va perdiendo incluso la ilusión de que su matrimonio dure, se casan ya desilusionados, ya, ya desilusionados. O sea, ya se casan con cara de divorciados. Eso es. Esa es la cara que tienen para que no nos riamos tanto. Lo mismo le pasa a los sacerdotes. Entonces la cantidad de sacerdotes jóvenes que se van. La cantidad de jóvenes que están simplemente haciendo una experiencia. Algo así como ¿Qué se siente celebrar misa? Más o menos eso. La palabra experiencia ha hecho mucho daño en la vida consagrada, tanto de hombres como de mujeres. Hay una cantidad de personas que están haciendo experiencia. Las experiencias son buenas, es una experiencia de una semana, se hace una experiencia de unos meses y uno dice ahí tiene sentido. La palabra experiencia, experimentó, experiencia, tiene que ver con experimentar. Experimentó, conoció de cerca y en vivo el nivel de vida, la forma de vida de la comunidad. Pero ¿Cuál es el problema? Que profesan y profesan para siempre. Pero en el fondo de su corazón sigue habiendo experiencias. ¿Eso qué quiere decir? Quiere decir que después de un tiempo, si me va bien, entonces veré si me va mal, entonces yo veré. Pero finalmente soy yo quien sigue decidiendo. Esto es grave, esto es grave. Hay una expresión que utilizan los españoles que me parece que describe perfectamente esa mentalidad. Es la mentalidad del momento, de momento estoy bien. De momento mañana no sé. ¿Va a perseverar? De momento estoy bien. ¿Qué quieres que te diga? De momento estoy bien. Ese es el lenguaje típico de multitud de españoles de nuestro tiempo. Y siempre con él, ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué quieres que te diga? Pues de momento estoy bien, de momento. Y vuelve uno al año entrante, si lo vuelven a invitar a predicar retiros que no se sabe porque de momento. De momento con que acabe porque acaba esta tanda. Bueno, si lo vuelven a invitar a uno, vuelve uno. Oye, y ¿Qué pasó con tal hermana? Pues se le acabó el momento. Se le acabó el momento. De momento estaba bien, pero de un momento para otro ya no estuvo bien. Y ya cuando ya de momento ya no se sintió bien, entonces dijo No, lo mío es otra cosa, pero me voy muy agradecida, aprendí mucho de corazón, siempre seré comunicadora. Ay, las veces que yo he oído esas historias y que yo de corazón, de corazón. Vaya ya,vaya y coma, corazón de pollo, era. Todo era una experiencia, quería saber qué se sentía eso. Y claro, cuanto más exótica la comunidad, más fácil que pase eso. Tienen hábitos raros, comen raro. Entonces es una experiencia rara, pero es de momento. Es de momento, porque ya después no se sabe qué pasará. Esa es la mundanidad. Esa es la mundanidad de la que nos habla el Papa. Es la mundanidad que siempre, en el fondo, está pensando en el propio provecho, pero con elegancia, es un egoísmo elegante. Es una especie de sensatez por consenso, egoísmo elegante. Escriba por ahí esas palabras. Es un egoísmo elegante, es una sensatez por consenso. Ese es. Ese es el estilo de la mundanidad. El estilo de la mundanidad. Y sobre todo es una misericordia falsa, porque es en realidad complicidad. Tú estás haciendo tu vida como se te da la regalada gana. Yo hago mi vida como me parece. Entonces, ser compasivo contigo dentro de esa lógica mundana, qué es. Yo te dejo hacer lo que tú quieras, seguir el camino que tú quieras, es la falsa misericordia. Entonces, las claves de la mundanidad, como yo alcanzo a verlas. Las claves actuales son esas un egoísmo, como dijimos, un egoísmo elegante, una sensatez, pero por consenso. No es la búsqueda de la verdad. Y es. ¿Y cuál fue la otra que dijimos? Una tolerancia. Cierto, una misericordia falsa que en realidad es pura tolerancia. La verdad es que la palabra misericordia no la utiliza el mundo. Entonces utilicemos. Tomemos una palabra distinta, una tolerancia hipócrita, porque es, eso se tolera a todos menos a los que hablen de la verdad. De ahí el odio, por ejemplo, que el mundo entero le esté hablando hiperbólicamente. Pero muchísima gente le lanzó a la cara al Papa Benedicto. Benedicto fue odiado sobre todo por eso, porque Benedicto habló con muchísima, muchísima claridad sobre lo que es bueno, sobre lo que es malo y sobre lo que persigue y destruye el corazón de Europa y de la Iglesia. Eso es un lenguaje intolerable. No, no, eso no puede ser. Entonces las tres características de la mundanidad, según llegamos, son otra vez el egoísmo elegante, egoísmo elegante. Es que finalmente yo me salgo con la mía, finalmente, yo solo hago lo que se me dé la gana, finalmente, yo no le voy a hacer caso a usted, pero quedamos tan amigos. Y en el fondo y en el fondo, si cada uno sigue su camino, si, entonces usted siga en lo suyo, yo sigo en lo mío. Egoísmo elegante. Sensatez por consenso, quiere decir que no nos preocupa la verdad ni nos preocupa el bien, sino solamente pasarla, saber navegar en las aguas de lo políticamente correcto. Sensatez por consenso. Y la tercera ¿Cuál es? Tolerancia hipócrita, y es hipócrita porque apenas aparece el tema de la verdad se les acaba la tolerancia, apenas aparece lo que es verdadero. Esa es la mundanidad. Bueno, y ahora entendemos por qué la mundanidad es tan grave. Porque la mundanidad destruye la inocencia en los niños, destruye el entusiasmo en los jóvenes, destruye la fidelidad en la pareja, destruye la solidez en la familia, destruye el vigor de las buenas obras y, sobre todo, destruye toda posibilidad de consuelo y de esperanza en el ser humano. Entonces nos advierte la primera carta de Juan, No amen al mundo. Ahora ya sabemos de qué está hablando. No amen al mundo. ¿Qué quiere decir? ¿Cómo vamos a traducir esto? No amen al mundo, ¿Quiere decir? Que uno debe tomar una actitud de tanto escepticismo y de tanta desconfianza y de tanta distancia frente a aquello que parece que se va llevando por delante a toda la sociedad. Casi uno puede tomar por norma lo que le guste a muchos, debe causarte desconfianza. Lo que se vuelva moda debe causarte desconfianza. Casi todo, hay algunas pocas excepciones, pero casi todo lo que se vuelva moda desconfía de eso, desconfía. Hay que tener mucha desconfianza con eso, un gran escepticismo. Pero esa es solo una cara de la moneda, la otra cara, que es mucho más importante, es adherirse a aquel que vive para siempre. La gran pregunta de San Agustín Quid hoc ad aeternitatem ¿Esto qué tiene que ver con la eternidad? Esa es la pregunta que uno tiene que hacerse. Entonces busca lo eterno, busca lo que vale, busca lo que permanece. Esa es la cara más importante de la moneda. Y como estás pegado de lo eterno como eso es lo que realmente tiene poder en tu corazón, entonces no te fíes de lo que llega y pasa. Todos tenemos que aprender del lema de los cartujos fundados por San Bruno, monjes de silencio, oración y penitencia. Los cartujos, lema de los cartujos. Stat Cruz dum volvitur orbis. La cruz permanece en pie mientras el mundo da y da vueltas, ese es el lema de los cartujos. Entonces la superación de la mundanidad siempre es mirada al que permanece para siempre. Siempre es, atención a él. Siempre, siempre es eso, atención a él, a él, al que permanece. Y por eso, mirándolo a él, lo demás, incluyendo muchas modas espirituales que, esas también existen. Las modas espirituales también existen. Hubo una época, eso ha disminuido un poco, pero hubo una época en Bogotá en que prácticamente todo barrio tenía una señora que recibía mensajes. Esta señora recibe mensajes y en el otro barrio ¿Quién? Ya le voy a presentar la señora de los mensajes. Por eso, porque los hilos van replicando. Entonces se vuelve moda y todo el mundo recibe mensajes. Es posible que sí es posible, eso podría suceder. Pero la actitud de uno tiene que ser. Me gusta esta palabra del teólogo Bernard Lonergan Parsimoniosa. Parsimoniosa significa, No te apresures, no corras detrás de eso, puede haber cosas buenas, no detrás de apariciones, detrás de manifestaciones, detrás de milagros detrás de misioneros. ¿Cómo es? Visionarios detrás de visionarios, poco a poco, eso. Se puso de moda un autor, cuidado con eso. Mejor mantenernos siempre en lo más firme, en lo más profundo. De vez en cuando sale un autor que vale la pena de vez en cuando. Según mis cuentas, el próximo viene para el siglo veintitrés.¡No corra, no corra! Esa es una dificultad. Aquí con cariño le mando un saludo a quienes trabajan en los medios de comunicación. Porque es que resulta que un problema de los medios de comunicación es la necesidad de crear figuras. Los medios de comunicación funcionan así, creando figuras. Entonces, por ejemplo, hay un hombre que ha sido levantado prácticamente a la estatura de de una estrella. Una estrella de la literatura espiritual católica que es el monje alemán Anselm Grün. A mí me parece que la mayor parte, y lo digo abiertamente y lamento al que no le guste esto, pero tengo mis razones. La mayor parte de la literatura de Anselm Grün ni es cristiana ni hace bien, pero los medios de comunicación viven de eso, de crear figuras. Y esa figura tiene una repercusión. Una vez que, tú tienes una figura como como un autor que se supone que es lo que está in. Entonces tú públicas dieciocho títulos de ese autor y las ventas que crees que va a pasar, las ventas se disparan, las ventas se multiplican. Entonces esto de trabajar en los medios de comunicación, yo realmente siento compasión por la gente que está en los medios de comunicación, porque yo digo solo tienen dos posibilidades o traicionar horriblemente a Jesucristo o sufrir muchísimo tratando de realizar una verdadera misión. Y muchas veces yo he visto a los que están en medios de comunicación y yo se lo dije al que dirige las publicaciones de Editorial San Pablo para decir las cosas por su nombre. Yo le dije el problema de Anselm Grün y más o menos la actitud de ellos es, no hay ninguna condena oficial, de manera que esto sigue, esto sigue circulando. Hay que tener mucho cuidado con eso. Prueba de qué, de que la mundanidad también se mete en la iglesia. También los movimientos virales y la propagación tipo meme sucede dentro de la iglesia. Librarse de eso, es decir, hacerle caso a la advertencia de hoy del Evangelio, no de la primera lectura. Hacerle caso a la advertencia de hoy es muy difícil. Por eso yo espero que ustedes tengan sangre de héroes y de heroínas, porque si no, no se vive esto, sino a uno se lo lleva el mundo y a todos nos cautiva. Eso y eso igual me puede pasar a mí, porque yo también aquí donde me ven, yo también he tenido mis momentos de popularidad. Claro. Y eso se siente bonito. Pero Dios ha sido misericordioso conmigo, eso se siente bonito. La gente, eso de que te paren así, por ejemplo, en un aeropuerto. Ay, usted es, usted es el padre Nelson. Sí, sí, yo soy. Uno responde con toda humildad y compasión. Yo soy el padre Nelson. Ay, Padre, ah, pero, pero no es tan gordo como yo creía. Yo creo que Dios. Dios en su bondad, me ha preservado de un mejor aspecto físico. Para ayudarme un poquito con el tema de la humildad. Porque yo digo donde yo fuera. Donde yo fuera un poquito mejor. Mire, la vanidad se lo traga uno es, qué ha pasado con sacerdotes. Hay sacerdotes, ¿Cierto? No digamos nombres, pero hay sacerdotes a los que se los tragaron los medios de comunicación, porque resulta que eran inteligentes, elocuentes, carismáticos, sanaban gente, y además es que era muy bonito el tipo. Entonces Dios en su bondad, a veces lo mantiene feo a uno, eso es verdad. Dios en su bondad tiene misericordia. Y yo le pido a Dios y ustedes se ríen y todo, pero yo le pido a Dios con seriedad, yo le pido preserva a tu siervo de la arrogancia, porque a uno se le mete esto. Uno tiene sus horas de popularidad y eso de que lo estén filmando a uno y de que a uno lo reconozcan, y de que uno tenga el micrófono y de que la gente se ría de los apuntes aunque sean malos. Eso, eso va teniendo efecto en el ego y ese es un peligro para uno. Y uno tiene que pedirle al Señor misericordia, porque uno se equivoca y uno peca y por eso hay que buscar el sacramento de la confesión. Porque si uno no se está confesando y buscando al que, al eterno, al que permanece, entonces estamos traicionando el lema sabio de los cartujos Stat Cruz dum volvitur orbis. Esa es la verdad, solo la cruz permanece. Entonces, muy pronto ya viene la enfermedad, ya viene la vejez, ya uno desaparece, ya uno se acabó. Uno tiene que pensar en eso. La muerte ya llega, uno tiene que pensar en cómo sirve y cómo ama lo mejor posible, pero prendados, aferrados al Eterno. Eso es lo que hemos de hacer. Algo hemos aprendido sobre lo que es la mundanidad. Pidamos al Señor que seamos libres, libres de tantos pecados que nos acechan. Que Él nos mire con bondad, que nos cuide, que nos guíe, que nos perdone nuestros múltiples errores y que ilumine nuestra conciencia con la luz de su Evangelio. Amen.

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