Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Sin Dios se pueden hacer cosas; lo que no se puede es darle duración a su significado.

Homilía n30d009a, predicada en 20141230, con 5 min. y 26 seg.

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Transcripción:

Como es frecuente en estos días, la primera lectura de hoy ha sido tomada de la primera carta del apóstol San Juan. Esta vez del capítulo segundo. La insistencia de San Juan en el pasaje que hemos escuchado hoy es aquello de unir nuestra voluntad a la voluntad de Dios. Interesante lo que plantea San Juan, El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. Es decir, que cuando nosotros nos apartamos del querer de Dios, quizás podemos hacer algunas cosas. Indudablemente las hacemos.

Por eso existe el pecado, el pecado siempre es rebelión frente a la voluntad de Dios, y eso demuestra que aún apartados de Dios podemos hacer algunas cosas. Pero San Juan nos está diciendo algo muy interesante, nos está diciendo, que cuando nos apartamos así del Señor, lo que hacemos no dura, lo que hacemos pasa. Nos explica San Juan, El mundo pasa y con él sus concupiscencias, sus apetitos.

Podemos decir que las modas, las tendencias, podemos decir que las obsesiones, las intrigas, los trucos que sirven para manipular las voluntades de las personas son como un carrusel que se repite continuamente y de esa manera a una moda le sigue otra moda, a una obsesión. Obsesión de comprar, por ejemplo, le sigue otra obsesión, la obsesión de disfrutar, por ejemplo. Pero en ese carrusel, en ese ciclo, en ese río impetuoso y sucio, como lo llamaba Catalina de Siena, de las pasiones y los intereses de este mundo, en realidad, nada permanece.

Eso quiere decir que aquellos que pretenden imponer su voluntad al margen de la voluntad de Dios logran algo por un momento, pero pronto serán suplantados por otros. Esto, esto es interesante porque está mostrando que en la medida en que nosotros sometemos nuestra voluntad al pecado, estamos sometiendo nuestra vida a la muerte. Estamos sometiendo el sentido de nuestra existencia a la nada. Y cuando nosotros nos apartamos así del Señor, estamos condenados a que venga otro y cambie lo que nosotros hicimos. Y ese va a ser suplantado por otro, y así sucesivamente.

Y de todo ello, qué queda de esas manipulaciones, obsesiones, codicias, concupiscencias, como las llama San Juan. De todo eso, finalmente qué queda. Es verdad que puedo salirme con la mía durante un momento, pero llega otro y se sale con la suya, y después otro y se sale con la suya. Por eso hay refranes que expresan este tipo de ideas, como aquel que dice. Cada alcalde manda en su año. Entonces llega un caprichoso y hace cualquier cosa y después llega a otro y hace otra cosa, y después otro que hace otra cosa. ¿Y qué queda de todo eso?

Es decir, aparte del espectáculo ridículo de exhibirse y presentarse como gente importante durante un momento, ¿Qué queda de esas pretensiones? Es ahí donde, apunto aparece aquella afirmación de San Juan, solamente el que hace la voluntad de Dios, es decir, encontrar la voluntad del Señor. Voluntad, que significa camino de amor, de verdad, de humildad. El que entra por ese camino, ese es el que se sale de esa rueda, esa rueda repetitiva de concupiscencias, de intrigas, de codicias, de egos en continuo conflicto.

El que entra en la voluntad de Dios se sale de esa rueda. Y a esa rueda es a la que San Juan llama el mundo. Esa secuencia interminable, esa especie de maraña agobiante, asfixiante, en la que muchas veces entramos, ese es el mundo. Y adherirse a la voluntad de Dios es salirse de esa rueda. Y es descubrir que solo desde el amor, desde la humildad, desde la genuina compasión, desde el genuino preocuparnos por el otro, singularmente por el que más padece, ahí salimos de la rueda.

Por eso también decía San Juan Pablo Segundo, solo los santos empujan la historia hacia adelante, lo demás es seguir en el mismo ciclo, lo demás es repetición de la repetidera. Que nos libre Dios de esa de esa prisión y que nos conceda adherirnos plenamente a su santa voluntad. Amén.

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