Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El mundo a menudo tiene propuestas contrarias a la voluntad de Dios. A través de la publicidad, las modas o lo políticamente correcto podemos volvernos todos cómplices de pecados que luego parecen normales y hasta inevitables. Con tenacidad y con la mente en Dios hemos de superar esa tentación mientras a la vez anunciamos en quién está la salvación.

Homilía n30d007a, predicada en 20101230, con 4 min. y 1 seg.

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Transcripción:

Va avanzando esta semana tan especial. Quiero decir, estos siete u ocho días, entre el veinticinco de diciembre y el primero de enero, la Iglesia le da un nombre a esa parte del año, la llama la octava de Navidad. Octava porque como en las notas musicales, hay que avanzar por toda la escala hasta volver al mismo día. Así, por ejemplo, si Navidad cae un día martes y ese es el veinticinco, pues entonces el primero de enero será otro martes, y así desde un martes al otro se completa una octava y dentro de la octava nosotros tenemos un guía.

Se trata de recorrer el misterio de la encarnación de Cristo y para esto se necesita un muy buen guía. Nuestro guía es el evangelista San Juan en su primera carta. Hoy, por ejemplo, en el capítulo segundo encontramos una advertencia que creo que es muy importante, es muy actual, es el contraste entre las propuestas del mundo y el querer y la voluntad de Dios. Efectivamente, en Jesucristo encontramos también el que ha vencido al mundo. Esto se encuentra, este texto se encuentra en el capítulo dieciséis del Evangelio según San Juan. ¿Y a qué se refiere la palabra mundo aquí? No es la creación, el problema no es la naturaleza, el problema no es la materia, el problema ni siquiera es nuestra realidad corporal, no son nuestros sentidos, ni es el cuerpo.

Cuando aquí se habla de mundo, se refiere a esa red de complicidades, es decir, a esa especie de conexión misteriosa pero muy real que se da entre los pecados de unas personas y las otras. Especialmente en lo que tiene que ver con la opinión que unos tenemos de otros y en la persuasión y en la influencia que unos tenemos sobre otros. Así como otros también tienen poder e influencia sobre nosotros. La verdad es que en la situación actual de la sociedad nadie vive aislado. Somos continuamente bombardeados por distintos mensajes a través de la radio, a través de la televisión, a través de Internet, a través de las películas, los libros.

Continuamente hay mensajes que están llegando a nuestra mente, a nuestro corazón, y probablemente quieren algo de nosotros. Entonces, la primera carta de Juan quiere que nosotros estemos muy vigilantes frente a esas propuestas del mundo. Si el mundo quiere que nosotros seamos simplemente consumidores, pues la primera carta de Juan nos advierte, ten cuidado con eso, porque tú no eres simplemente un animal económico. Si se vuelve moda, por ejemplo, vivir el sexo de una manera irresponsable, entonces esa puede ser la moda o la costumbre de muchos, pero eso no significa que ahí esté la voluntad de Dios.

Somos advertidos, entonces, a tomar en serio a Jesucristo, como lo tomó en serio aquella mujer llamada Ana en el texto del Evangelio de hoy, capítulo dos de San Lucas. Esta mujer, sin ningún respeto humano, sin temor, sino con gran alegría, anuncia a todos que la salvación está en Cristo, y así ella muestra que ese Cristo es más importante, es más valioso, es más duradero que las propuestas de este mundo, que esta festividad, que esta Navidad en especial haga de nosotros verdaderos testigos de aquel amor que sí dura, de aquel amor que nunca muere. El amor del Señor.

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