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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El Espíritu Santo guía a Jesús hacia nosotros y nos guía a nosotros hacia Jesús.
Homilía n29d031a, predicada en 20251229, con 5 min. y 46 seg. 
Transcripción:
Quiero destacar algo muy bello del Evangelio de hoy. Nos cuenta el momento en el que José y María entran al templo de Jerusalén llevando al Niño Jesús. El propósito de ellos como personas fieles a Dios es cumplir lo que estaba mandado en la ley de Moisés. Son personas obedientes a Dios y allá llegan ellos. Pero fíjate que había una cita. Una cita de amor. Una cita que había sido dispuesta, concertada por el Espíritu Santo.
Nos dice el texto del Evangelio de hoy que Simeón, un hombre anciano, justo y piadoso, que aguardaba la consolación de Israel, fue también al templo en ese momento. Una cita de amor. El Espíritu Santo fue llevando a Simeón hacia el templo y el Espíritu Santo fue llevando a Simeón hasta Jesús y el Espíritu Santo fue llevando a Simeón hasta ese consuelo que él estaba esperando. El Espíritu Santo que guía a Jesús durante su misión, es el mismo Espíritu Santo que guía a los discípulos del Señor para que lo encuentren. Esa es la cita de amor.
Precisamente este Evangelio es de San Lucas y Lucas es el evangelista que más insiste en la obra del Espíritu Santo cuando Cristo está ejerciendo su ministerio, lo cual sucederá tiempo después. Estamos apenas en la infancia del Señor. Pero por ejemplo, Lucas nos dirá que es el Espíritu Santo el que guía a Jesús hacia el desierto, cuando aquello de las tentaciones. Es el Espíritu Santo el que desciende sobre Él en el bautismo. Antes precisamente del pasaje del desierto, es el Espíritu Santo el que también va a irradiar desde Cristo. Porque nos dice Lucas que de Cristo salía una energía, salía una fuerza que iba sanando a la gente, algo maravilloso que tenía Jesús. O sea que Jesús es el ungido por el Espíritu, es el guiado por el Espíritu, pero a la vez el Espíritu es el que nos lleva hacia Jesús. ¿Te das cuenta lo maravilloso que es eso? Es una cita de amor, te repito.
El Espíritu Santo guía a Jesucristo en la búsqueda de nosotros, las ovejas perdidas. Pero el Espíritu Santo, a nosotros, como a Simeón, nos guía hacia Jesús. El Espíritu Santo tiene una cita de amor con cada uno de nosotros, una cita de amor que se va a cumplir en la carne preciosa de nuestro Señor Jesucristo. El Espíritu Santo te va guiando hacia Jesús. Así como el Espíritu Santo hizo posible el milagro de la encarnación y luego guió a Jesús para que nos encontrará a nosotros. El Espíritu guía a Jesús para que nos encuentre. y el Espíritu nos guía a nosotros para que encontremos a Jesús. ¿Y dónde podemos encontrarlo? Podemos encontrarlo en la Palabra de Dios.
Así, por ejemplo, en un pasaje muy importante de la conversión de San Agustín, él escuchó una voz que decía toma y lee. Y esa voz, que era como una voz de niño, lo condujo, lo llevó a él para la Palabra de Dios. Y en Romanos capítulo trece, él encontró esa palabra inspirada que tocó su corazón. Es decir, era el Espíritu Santo llevándolo hacia la conversión, llevándola hacia Cristo. Y el Espíritu Santo también mueve a Francisco de Asís. Y allá en esa iglesia de San Damián, esa iglesita que amenazaba ruina, allí está Francisco guiado por el Espíritu. Y así el Espíritu te conduce a ti.
Cuando tú tienes ese impulso y tú dices A mí me hace falta como un retiro espiritual, yo quisiera, como ir a hacer un retiro. Ese es el Espíritu Santo. Cuando el Espíritu Santo te dice Yo quisiera ir, yo sé que se están reuniendo unos católicos en esta comunidad, en este grupo, en este movimiento. Yo creo que necesito revitalizar mi fe. Mira, esa no es solamente una idea tuya. Ese es el Espíritu Santo que te está guiando, que te está llevando hacia Jesús, como llevó a Simeón. Cuando tú entras a la iglesia y dices hace tanto rato que no me confieso. Oye, mira, hay un sacerdote que está confesando. Pues yo voy a ir allá. Es el Espíritu Santo el que te está guiando, es el Espíritu Santo el que te está moviendo para que te encuentres con Jesús.
Pues entonces pidamos ese auxilio, pidamos esa gracia, pidamos esa unción del Espíritu. Necesitamos de esa guía del Espíritu, de ese empuje del Espíritu y de esa alegría del Espíritu para encontrarnos con Jesucristo, para reconocerlo como Señor de nuestras vidas y para alabarlo ya en esta tierra y después por toda la eternidad.

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