Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Ser cristiano es vivir los mandamientos a la manera y con el Espíritu de Jesucristo.

Homilía n29d030a, predicada en 20231229, con 6 min. y 25 seg.

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Transcripción:

Durante el tiempo litúrgico de Navidad. La primera lectura en la Santa Misa suele estar tomada de la primera carta del apóstol San Juan. Porque esta primera carta de Juan es como un himno a la encarnación. Y eso precisamente es lo que estamos recordando y lo que estamos celebrando en la Navidad, el misterio del Dios hecho hombre. La vida se ha manifestado, nosotros la hemos visto, lo que tocaron nuestras manos, eso es lo que les anunciamos. Todas estas expresiones vienen de la primera carta de Juan, que es el motivo por el que nosotros tenemos este documento.

La primera lectura en este día de la octava de Navidad está tomada, como no podía ser de otro modo, de la primera carta. Y hay una frase que yo creo que hay que destacarla por el tiempo que está viviendo en nuestra Iglesia. Esa frase es El que dice que conoce a Cristo debe obedecer los mandamientos de Cristo. Aquí se relaciona el conocer con el obedecer. Es decir, que nuestra vida cristiana no puede consistir simplemente en que yo digo que soy cristiano. No, tiene que verse en la obediencia que tú tienes a los mandatos de Cristo. Tiene que verse que eres cristiano. Tiene que verse que eres de Cristo. Esa es la clave. Eso es lo fundamental. Entonces, si se nota que eres de Cristo es porque obedeces a lo que Cristo mandó.

De hecho, cuando se habla de Cristo no se suelen mencionar mucho los mandamientos de Cristo. Tal vez porque en buena parte estos mandamientos corresponden a los mandamientos de la ley antigua con un aditamento muy particular. Voy a explicarme. De la ley antigua de la ley de Moisés, Cristo rescata especialmente el Decálogo. Esto lo tenemos en aquel pasaje donde un joven rico le pregunta ¿qué tengo que hacer para tener vida eterna? Y Cristo le responde Cumple los mandamientos. No los abrogó, no los suprimió, sino que le dijo a ese muchacho y en persona suya todos nosotros. Cumple los mandamientos. Eso está vigente. Lo de honrar a padre y madre, no matar, no mentir, no fornicar, no envidiar, no robar. Eso está vigente, eso no lo ha quitado Cristo. Y por eso necesitamos tener esta claridad en nuestro tiempo. Que Cristo no ha quitado eso, porque hay algunos que quieren presentar el nuevo mandamiento de Cristo como opuesto a los antiguos mandamientos.

¿Y cuál es el nuevo mandamiento de Cristo? Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros. ¿Hasta ahí dijo? No. Que os améis unos a otros como yo os he amado. Como yo os he amado. Entonces Cristo no suprimió la esencia de los mandamientos de Moisés, concretada particularmente en el Decálogo. Porque en aquel pasaje del joven rico, él preguntó ¿cuáles mandamientos? y le hace un resumen que está básicamente en el Decálogo. No matar, no robar, no fornicar, no envidiar. Entonces, ¿qué es cumplir los mandamientos de Cristo? Es tomar la esencia de la ley antigua, lo permanente de la ley antigua, que según la hermosa expresión de San Juan Pablo Segundo, se corresponde plenamente con la ley natural. Tomar esa esencia de la ley antigua y vivirla a escala de Cristo, es decir, vivirla a escala de un amor sin límites. Eso es lo que nos corresponde. Eso es ser cristiano, vivirlo de Moisés a escala de Cristo, vivir lo que manda la ley natural a escala de Cristo.

Entonces, los que están diciendo, por ejemplo, que ahora se puede bendecir el pecado o cosas de esas, están desobedeciendo a Cristo y no importa qué nombre tengan y no importa qué oficio tengan, están desobedeciendo a Cristo. Y son muy claros los hechos de los Apóstoles cuando dicen Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. Entonces la bendición del pecado o el vivir habitualmente en pecado, o el suprimir el llamado a la conversión, es desobediencia a Cristo. Y no importa cuánto digan que conocen a Cristo ni cómo interpretan el Evangelio, es desobediencia a Cristo. Por eso es tan importante la primera lectura de hoy.

Ser cristiano es vivir esta esencia de los mandamientos a escala de Cristo, a la manera de Cristo, con el Espíritu de Cristo, que por supuesto supone la gracia y la acción del Espíritu Santo. Eso es lo propio nuestro y es el mensaje que quisiera que nos quedara bien claro en esta Navidad, porque para eso celebramos al Hijo de Dios hecho hombre, para llenarnos de gratitud, para llenarnos de alabanza y por qué no decirlo, para llenarnos de obediencia.

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