|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El apóstol Juan nos recuerda que amar es un mandamiento "antiguo" que se ha vuelto "nuevo" en Cristo porque Cristo mostró qué es amar "a otro nivel."
Homilía n29d027a, predicada en 20211229, con 9 min. y 24 seg. 
Transcripción:
Destaquemos algunas particularidades del tiempo litúrgico de Navidad en cuanto a las lecturas de la Misa. Ahora mismo nos encontramos en la octava de Navidad. Pero desde el día veintisiete de diciembre se empieza a leer la primera carta de San Juan. La primera lectura en una gran parte del tiempo litúrgico de Navidad que pasa volando, está tomada de la primera carta de San Juan, dato importante.
Segundo dato importante. En el Evangelio de hoy se proclamó el cántico de Simeón que tenemos para la hora litúrgica de Completas. Si usted cae en la cuenta. Este es uno de los cánticos que nos acompaña todos los días. Los cánticos que nos acompañan todos los días son el cántico de Zacarías, a veces llamado Benedictus, por su primera palabra en latín. El cántico de la Virgen, a veces llamado Magníficat, por su primera palabra en latín. Y este cántico de Simeón, que muy raramente se dice también con el término latino, El Nunc dimittis. O sea que estos tres cánticos son cánticos de Navidad. Tomemos en cuenta que los cánticos que repetimos todo el año y todos los días, o sea el cántico de Zacarías, el cántico de la Virgen, el cántico de Simeón, son cánticos de Navidad. Podemos decir que la Navidad se derrama sobre todo el año, a través de esos cánticos que nos acompañan mañana, tarde y noche. Es una pequeña reflexión que me parece muy bonita. La Navidad se derrama sobre todo el año con estos cánticos.
Bueno, pero no hemos explicado ¿por qué la primera carta de Juan? La primera carta de Juan, se puede decir que es una meditación preciosa toda ella. Una meditación preciosa sobre la verdad de la Encarnación y sobre las consecuencias de creer en un Dios encarnado. La verdad de la Encarnación, por supuesto, pues yo no estaré cerca cuando se proclamen esos otros textos, pero cuando se proclamen esos otros textos, acuérdense de mí, porque se va a escuchar, por ejemplo, en próximos días que nos dice el Apóstol San Juan. Ustedes han escuchado que iba a venir el Anticristo. Han venido muchos anticristos. Todo el que niega que Dios ha venido en la carne es del anticristo o es anticristo. Dice de hecho. O sea que lo contrario a la fe es negar la encarnación y el sello de nuestra fe es que es una fe encarnada.
Nosotros creemos en un Dios que se ha hecho carne por nosotros. Decía el gran San Ireneo de Lyon en el siglo segundo, la carne de Cristo es el quicio, es el eje central de nuestra salvación. Y efectivamente, ninguna otra religión habla de un Dios que se ha hecho carne sin dejar de ser Dios, por supuesto. Entonces, la primera carta de Juan es toda ella como una reflexión sobre la encarnación, y por eso el tiempo más apropiado para escuchar la primera carta de Juan es el tiempo de Navidad, en que precisamente estamos celebrando que Dios está con nosotros. Él es el Emmanuel, es el Dios con nosotros.
Para terminar esta reflexión, subrayemos un aspecto de la lectura de hoy de la primera carta. Está tomada del capítulo segundo. Dice no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que tenéis desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que habéis escuchado, y sin embargo, se escribe un mandamiento nuevo, y el mandamiento nuevo, como sabemos, es el mandamiento de amarnos. O sea que el mandamiento del amor es un mandamiento antiguo y es un mandamiento nuevo. Es antiguo y es nuevo. Pero lo más interesante para nosotros es descubrir en qué sentido es nuevo.
El amor ha aparecido de una manera radicalmente nueva con Cristo. Podemos decir que Cristo nos cambió el diccionario. En el diccionario de nuestro corazón. Ahora la palabra amor tiene el rostro de un bebé. Ahora la palabra amor tiene el rostro de Jesús. Ahora la palabra amor tiene el rostro del Crucificado. Cristo cambió la definición de la palabra amor, y es esa definición nueva de la palabra amor. Atención, la definición nueva de la palabra amor, la que vale para nosotros. O sea que cuando, por ejemplo, San Agustín dice ama y haz lo que quieras, no es ama de cualquier manera, y después haz lo que se te dé la gana. El amor para nosotros tiene el rostro del Niño Jesús, tiene el rostro del joven Jesús, tiene el rostro del predicador de Nazaret, tiene el rostro del Crucificado y glorificado. Cristo es la definición de amor. Cristo ha cambiado la definición de amor. Encontrarse con Cristo es encontrar que significa de verdad amar. Qué significa esa palabra, que significa ya tanto para nosotros que qué agradable es sentir que alguien nos ama, que alguien nos quiere en la familia, en los amigos. Qué agradable sentirnos amados.
Pero Cristo, como hoy se utiliza esa expresión. Cristo ha llevado el amor a otro nivel. Es otro nivel el de Cristo. Y descubrir ese otro nivel es la gran oportunidad de la Navidad. Y descubrir ese otro nivel es lo que hace que uno pueda decir me siento amado. Así como decía la doctora de Siena, me siento amada hasta enloquecer. No me cabe más amor. No me cabe. No me cabe más amor. Estaba feliz ella, estaba así embriagada, embriagada de amor. Esa gente, la gente que haya descubierto el amor a otro nivel. Esa gente. La gente que haya descubierto la embriaguez del amor divino. Esa es la gente que va a salir a incendiar el mundo. Otro nivel de amor no sirve. Otro nivel de amor sirve para trabajar, pero solo trabajar, no para evangelizar.
Nosotros trabajamos, pero lo nuestro es evangelizar. Entonces, el que solo conoce el amor así nivel básico, ese sirve para trabajar, que trabaje, pero para evangelizar súbale el nivel. Se necesita encontrar ese nivel que embriaga, ese nivel que hace enloquecer, ese nivel que está más allá de todo lo que uno puede admirar, de todo lo que uno puede decir. Que no se nos vaya a terminar el tiempo de Navidad sin tener la experiencia de ser amados, radicalmente amados, deliciosamente amados.
Como me decía un sacerdote cuando hice mi retiro de ordenación. Tengo que acordarme de mi retiro de ordenación, porque se van a cumplir treinta años de mi ordenación. A ver con qué se van a dejar ver ustedes. Bueno, continúo, voy a cumplir treinta años de sacerdocio, entonces mi retiro de ordenación. Fíjate que hay cosas que se le quedan a uno. El confesor mío en el retiro de ordenación era un predicador así entusiasta, un hombre de esos que tiene pasión en lo que hace. Y me acuerdo cuando hice mi confesión para la ordenación. Me miraba, me miraba y me decía, ya falleció el padrecito. Me miraba y me decía, es que Dios te ama irreversiblemente. Es que Dios te perdona irreversiblemente. No sé por qué le gustaba tanto esa palabra, pero ya me gusta a mí también. Irreversiblemente.
Lo que dice San Pablo el amor de Dios no fue primero si, luego no. Uy, yo digo qué no podrá un religioso que se siente amado irreversiblemente, una religiosa que siente que el amor de Dios es así incondicional total, que se siente soportada, abrazada, envuelta, potenciada, lanzada por el amor. Esa mujer no la detiene nadie. Tiene que ser algo absolutamente impresionante. Que Dios nos lo conceda. Amen.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|