Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La indiferencia es en el fondo un odio decente, porque estas dejando al otro sin lo que necesita; no caigas en esa trampa, lo nuestro es orar con amor, preocuparnos y servir.

Homilía n29d026a, predicada en 20211229, con 4 min. y 52 seg.

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Transcripción:

Te quiero contar algo. En la vida cristiana no hay espacio para la indiferencia. Y te lo cuento basándome en la primera lectura de la misa de hoy. No hay espacio para la indiferencia. Es impresionante, en la primera carta de Juan, de donde se está tomando la primera lectura estos días. Es impresionante darnos cuenta cómo para Juan no hay alternativa. Es decir, o amas o aborreces, no hay alternativa. Es decir la neutralidad, que sería lo propio de la indiferencia, no tiene que ver con el mensaje cristiano. No existe la neutralidad. No hay espacio para la indiferencia.

Si examinamos el texto de hoy, encontramos qué sucede con el que ama a su hermano. Ese camina en la luz. El que ama al hermano camina en la luz y el que aborrece al hermano camina en las tinieblas. Entonces, en el fondo Juan nos está diciendo Escoge si quieres ser discípulo de las tinieblas o si quieres ser discípulo de la luz. Escoge, escoge. Y la indiferencia no existe. Porque si lo piensas bien, la indiferencia en realidad es un odio decente. Es un odio elegante. ¿Por qué digo eso? Porque en el momento en el que tú dices no me importa esa persona. Y ese es el lenguaje de la indiferencia. No me importa esa persona en ese momento, tú estás dejando de darle a esa persona lo que ella necesita. ¿Sabías que todos somos necesitados? ¿Sabías que todos estamos conectados con todos? Cómo es posible que en nuestra época haya tanta sensibilidad para la ecología y tanta sensibilidad para percibir que todo está conectado en el planeta Tierra y todo repercute sobre todo y la Tierra como un solo organismo. ¿No será que estamos sacralizando la naturaleza a fuerza de desacralizar el corazón humano?

Porque el mensaje que nos da la Biblia es muy claro. El mensaje es que todos estamos conectados y estamos conectados desde la época de Caín y Abel. Y el mensaje de Caín es a mí no me importa mi hermano. Es decir, el patrono de los indiferentes, el que muestra qué es indiferencia se llama Caín. Así de sencillo. Por eso, si queremos estar en la indiferencia, queremos ser discípulos de Caín, o como lo llama la primera carta de Juan en este capítulo segundo, quiere decir que queremos ser discípulos, hijos de las tinieblas. La indiferencia no cabe. Todo ser humano es importante. Porque fíjate si yo puedo ser indiferente frente a una persona adulta. Dime, ¿qué indiferencia podré tener entonces con respecto a un niño que no ha nacido, que no me aporta nada, que ni siquiera puedo ver? Entonces de la indiferencia sale el odio. Si no importa esa vida se puede eliminar, si no importa la vida del anciano enfermo se puede eliminar, si no importa la vida del que está deprimido, que eliminen al deprimido o que se elimine el mismo, que se mate él solo. A eso conduce la indiferencia.

Por eso el Papa Francisco dice que la indiferencia es la gran plaga de nuestro tiempo. No, no nos digamos mentiras. Te lo repito y sé que es antipático. La indiferencia es odio elegante. No caigas en esa trampa. Lo nuestro es amar. Lo nuestro es preocuparnos y servir. Lo nuestro es orar con amor, orar con amor por todos. Ese es el mínimo servicio al que estamos llamados. Si somos de Cristo.

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