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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El cristiano está llamado a la verdadera y perfecta coherencia pero para ello cuenta no solo con la fuerza de su propósito y voluntad sino también y ante todo con la Palabra que da testimonio de Cristo y con la fuerza y la gracia del Espíritu de Amor.
Homilía n29d024a, predicada en 20181229, con 10 min. y 2 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, podemos decir que la primera lectura que hemos escuchado el día de hoy es algo así como un gran himno a la coherencia. Lo que nos presenta el apóstol San Juan en esa primera lectura es que lo que uno cree debe corresponder con lo que uno dice y confiesa, y lo que uno cree y dice, es lo que uno también debe vivir.
Destaquemos algunas frases de las que han sido proclamadas el día de hoy. Dice, por ejemplo, quien dice yo lo conozco y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso. Entonces es evidente que esta primera lectura nos está llamando, nos está exhortando a la coherencia. Por supuesto, todos podemos cuestionarnos y debemos cuestionarnos sobre este tema de la coherencia. Si realmente lo que uno cree es lo que uno hace, lo que uno cree es lo que uno dice. Esa coherencia, esa unidad interior, es realmente muy escasa hoy. Porque muchas veces lo que encontramos es mentira en todos los niveles. Encontramos que las personas prometen y no cumplen. Encontramos que las personas buscan su propio beneficio y en realidad están utilizando a las demás personas.
Precisamente el Papa Francisco, en un mensaje que se va a proclamar oficialmente el primero de enero. Lo que se llama la Jornada Mundial por la Paz, ha tenido una idea muy interesante y es dirigirse directamente a los políticos. No en tónica de simple regaño, sino en tónica de decirle mire todo el bien que usted puede hacer si usted es un verdadero político. Porque muchas veces en el ámbito de la política es donde más se nota la incoherencia. Se promete una cosa, pero luego resulta que se hace lo contrario. Entonces, un primer tema que aparece hoy es el de la coherencia. Pero el tema de la coherencia no queda únicamente en nuestras fuerzas. A ver si puedo explicarme con la ayuda de Dios.
Resulta que nuestras fuerzas son limitadas y podemos decir que el gran resumen o una de las maneras de resumir todo el Antiguo Testamento es precisamente que el ser humano no tiene los recursos interiores para la coherencia. La ley que Dios les dio a los judíos es una ley preciosa, es una ley sabia. Es una ley de una profundidad que realmente yo estoy redescubriendo precisamente por este empeño de leer toda la Sagrada Escritura en trescientos sesenta y cinco días. Y esa lectura que me obliga a meterme mucho en el texto, una vez más me está revelando la profundidad, la belleza de la ley es algo absolutamente hermoso. Como se cuida de los más pequeños, como se busca la armonía y la felicidad, como hay una pedagogía, como la familia es al mismo tiempo un centro de formación, pero es el pueblo el que le tiene que responder como un solo hombre a Dios. Es decir, es una belleza la ley de Moisés.
Y sin embargo, sabemos lo que sucedió. La ley de Moisés fue insuficiente. La gente tenía la ley y la ley no les bastó. Es decir, uno puede tener las mejores ideas, lo más lógico, lo más, llamémoslo así, lo más racional. Pero eso que es racional, no siempre corresponde bien a lo que es el ser humano, porque el ser humano muchas veces es irracional, porque muchas veces nosotros, aunque sepamos lo que es bueno, nos quedamos cortos. Nos quedamos cortos porque nos falta fuerza o nos quedamos cortos porque estamos buscando atajos o nos quedamos cortos, porque el egoísmo, la codicia, nos ganan, nos quedamos cortos porque somos envidiosos, es decir, porque el pecado tiene poder en el corazón humano. Y precisamente porque el pecado tiene poder, uno se queda corto en el cumplimiento de la ley.
Entonces, pregunta ¿esta primera lectura cuando nos invita, cuando nos exhorta todavía más hacia la coherencia, nos está devolviendo simplemente al tiempo de la ley de Moisés, nos está diciendo simplemente mire, cumplan, cumplan, hagan lo que tengan que hacer, pero cumplan? no. Esta lectura, esta primera lectura de la primera carta de Juan, nos da unas pistas que son absolutamente claves. Si estamos pidiendo coherencia pero es que nosotros hoy tenemos recursos que no tenían los judíos y eso es muy importante destacarlo. Esta primera lectura no nos está devolviendo al tiempo de Moisés, no nos está devolviendo al tiempo de la ley. Simplemente no se trata de un regaño más sobre la coherencia. Nos da elementos. Vamos a encontrarlos porque ahí están.
Por ejemplo, nos dice aquí. Quien guarda su palabra. Ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. Ahí hay una clave. Nosotros tenemos una predicación que ha tenido cierta difusión que se llama la santificación de la memoria. Guardar la Palabra del Señor, guardar la Palabra no es simplemente aprenderse un código de obligaciones. Guardar la Palabra es guardar el testimonio del tamaño del amor que Dios nos ha tenido y que se manifiesta precisamente, en nuestro Señor Jesucristo. Entonces, ¿qué me ayuda en la coherencia? Ojo, no es simplemente un tema de mi fuerza de voluntad. Tengo que ser coherente, tengo que lograrlo pase lo que pase. Me parto, pero no me doblo, tengo que lograrlo, no. Esa idolatría de la voluntad humana tiene un nombre en la teología. Es lo que se llama pelagianismo. El pelagianismo es el creer que la voluntad humana, simplemente aceleré la voluntad. Métale carbona. La voluntad de usted lo logra, no. Nosotros tenemos un recurso que aparece ahí, guardar la palabra.
Por eso la persona que está recordando el Evangelio, que está recordando el amor de Dios manifiesto en Cristo, esa persona está mucho mejor equipada para la coherencia. Tan es así que el apóstol San Pablo le hace una recomendación clave a su discípulo Timoteo, le dice Acuérdate de Jesucristo que vive resucitado de entre los muertos, Él es nuestra salvación. Entonces, cuanto más frecuentemente yo me estoy acordando de Jesucristo, que vive resucitado entre los muertos y que es mi salvación, tu salvación. Pues ahí tengo un recurso muy poderoso, como decía un predicador, una cosa es decirle a Dios yo tengo grandes problemas y otra cosa es decirle a los problemas yo tengo un Dios muy grande. Y las dos cosas pueden ser verdad, pero la más importante es la segunda. Y para poder mirar a los problemas. Y problemas, también son los pecados propios. Para poder mirar a los problemas a la cara y decirles, yo tengo un Dios muy grande. Uno tiene que acordarse de Jesucristo que vive resucitado entre los muertos. Fíjese que ahí hay una clave, una clave muy importante. Insisto, la coherencia no es pura lucha de la voluntad humana.
Miremos otro elemento que aparece aquí. Nos dice también esta lectura. El amor de Dios ha llegado en él a su plenitud, en aquel que se acuerda de la Palabra. Y dice aquí Quien dice que permanece en Él, debe vivir como Él vivió. No les escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que tienen desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que han escuchado. Y sin embargo, les escribo un mandamiento nuevo. El mandamiento del amor es el mandamiento del amor. ¿Por qué? Esto ya lo sabemos por las predicaciones de Semana Santa. ¿Por qué es un mandamiento nuevo? si ya la ley de Moisés mandaba a amar. ¿Por qué es un mandamiento nuevo? porque es que el mandamiento nuevo lo dio Jesucristo de esta manera, ámense ¿cómo dice? como yo los he amado. Es decir, que cuando aquí nos dice el apóstol San Juan que permanezcamos en Dios, es que permanezcamos en esa experiencia del amor que Él nos ha tenido.
En resumen, esta lectura nos está llamando a la coherencia, eso está claro. Pero nosotros tenemos por lo menos dos recursos claves. Primero, santificación de la memoria, vital. Hay que acordarse de Jesucristo. Si uno no se acuerda de Jesucristo, nos dice Catalina de Siena esa potencia del alma que se llama la memoria se llena de basura. Y segundo, es vital, es clave. Que uno permanezca en el amor. Claro, aquí falta una palabra. Pero no todo lo puede decir todo texto. ¿Cómo permanece uno en el amor? Con la gracia del Espíritu Santo. Eso sí lo dice esta carta, pero lo dice en otros lugares. Dice El que vive en ustedes es más fuerte, que el que está en el mundo refiriéndose al Espíritu Santo. Entonces, ¿cómo puede uno mejorar en la coherencia? Recordando con frecuencia la Palabra de Dios, sobre todo en lo que atañe a Jesucristo y vivir la experiencia del amor, viviendo la experiencia del Espíritu que nos ha sido concedido.

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