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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El verdadero descanso es esa pausa interior que te permite recapitular lo que eres, entrar en ti mismo y recuperar tu dignidad de hijo de Dios y tu papel como hermano de tus hermanos.
Homilía n29d023a, predicada en 20181229, con 6 min. y 9 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy está tomado del capítulo segundo de San Lucas. En los días de Adviento alcanzamos a recordar el cántico de María y el cántico de Zacarías. Esos dos están en el Evangelio de Lucas. También el cántico de hoy está en Lucas. Es el cántico de Simeón. Y destaco esto porque estoy seguro que muchos de ustedes se han ido familiarizando con la liturgia de las horas, es decir, con la oración oficial de la Iglesia. Y en esa oración oficial, el cántico de Zacarías lo tenemos en la oración de la mañana, en Laudes. El cántico de la Virgen María lo tenemos en la oración de la tarde, es decir, en vísperas. Y el cántico de Simeón, que es como una invitación al descanso, lo tenemos en la oración de la noche, que se llama Completas.
Creo que es una buena idea si estas palabras te suenan un poco extrañas. Creo que es una buena idea que averigües un poco más sobre qué es la liturgia de las Horas, porque a estas alturas de la vida, todos debemos estar convencidos de que la oración no es solo para los domingos. La oración es un ejercicio, una necesidad. Es respiración del alma y la requerimos todos los días. Y la oración oficial. La preciosa oración oficial de la Iglesia es la Liturgia de las Horas, que contiene momentos de oración como los que ya he mencionado. Laúdes en la mañana, vísperas en la tarde, completas en la noche. Así que el cántico de Simeón que ha aparecido en el Evangelio de hoy, pertenece a esas grandes ligas, porque es una oración, es un cántico que decimos todos los días en la Santa Iglesia.
Ya he dicho antes, es una invitación a descansar. Puede sorprender a algunos, pero la palabra descanso es sumamente importante en la Biblia. Tal vez la recuerdes más si la pronunció en conexión con aquel día designado para el descanso el sábado, el sabbat. Es importante trabajar, ciertamente, pero para la Biblia no es menos importante descansar. El descanso mientras estamos en esta tierra es la oportunidad de recordar que no somos robots, que no somos máquinas, y que el propósito de nuestra vida no es simplemente producir o consumir o entretenernos. El verdadero descanso supone, esa pausa interior que te permite recapitular lo que tú eres. Te permite entrar un poco en ti mismo y te permite recuperar tu dignidad, ante todo tu dignidad de hijo de Dios y por consiguiente, tu dignidad y tu papel como hermano de tus hermanos.
Cuando estamos tan completamente absorbidos en el mundo de producir, consumir y entretenerse, llega el momento en el que perdemos el horizonte de nuestra vida. Llega el momento en el que ni siquiera sabemos por qué estamos haciendo las cosas. Simplemente somos como esclavos que nunca ven el rostro de sus amos. El descanso, el verdadero descanso es una oportunidad de reencontrarte con tu verdadero ser y reencontrarte con tus verdaderas metas. Por eso el sábado tiene un valor auténticamente sagrado en la Biblia, porque el que encuentra su verdadero ser y sus verdaderas metas, tarde o temprano descubre lo que dijo San Agustín. Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti. Como diciendo, en ese descanso es donde está nuestro verdadero objetivo, nuestra verdadera meta. El descanso también es importante. Cuando los israelitas iban por el desierto. Fíjate aquellas palabras con que Dios recrimina a los incrédulos, es decir, a la inmensa mayoría de aquel pueblo que salió de Egipto. Durante cuarenta años aquella generación me repugnó y dije no entrarán en mi descanso. Es decir, que la pena propia de la incredulidad es la incapacidad de descansar. No hay un reposo verdadero para el que no tiene verdadera fe ni verdadera esperanza.
Hace poco leí un magnífico artículo sobre esto. Lo escribía un apologeta cristiano y católico Daniel Iglesias en el portal Infocatólica, y decía él cómo el ateísmo es una gran mentira, porque el ateísmo no puede ofrecer descanso y no puede ofrecerlo, porque dime, qué dignidad tiene la vida cuando tú eres simplemente el fruto del azar y cuando sabes que tú terminas y como si no hubieras vivido. Claro, uno siempre puede decir voy a disfrutar la fiesta ahora y ya mañana veré qué hago. Pero eso va en contra de la dignidad del ser humano. Así como una persona no dice voy a comer cualquier cosa y si me indigesto, me indigesto, o voy a beber cualquier cosa, y si me muero, me muero. Tampoco tiene sentido que la persona diga por ahora me voy a divertir. Y si no hay nada y si no existe nada y si no tiene propósito no me importa. Ese es un modo irresponsable. Ese es un modo que se aparta del verdadero descanso.
Lo que nos dice Simeón es perfecto. He encontrado, lo que nos dice es eso. He encontrado mi descanso en Cristo. Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador. Es decir, mi barco ha llegado al puerto. Por fin he podido descansar. Por fin veo la razón de mis luchas. Por fin veo el propósito de mi vida. Por fin encuentro el sentido de mi existencia. Ese es el verdadero descanso. Y a esa reflexión nos invita la lectura de hoy.

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