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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La vida se vuelve distinta cuando buscamos en otras personas lo bueno y lo que podemos aprender de ellas.
Homilía n29d021a, predicada en 20171229, con 4 min. y 48 seg. 
Transcripción:
Uno de los recursos que encontramos en los escritos de San Juan, tanto en el Evangelio como en las cartas, es el conectar palabras que en sí mismas son sumamente profundas. Palabras como amor, vida, luz. De hecho, el mismo término palabra. Estas expresiones, estos términos, cada uno de los cuales repito, es como un manantial, van siendo conectados de una manera muy sabia por San Juan. De manera que veamos cómo se relacionan unos con otros.
Así, por ejemplo, en la primera lectura de hoy, que fue tomada de la primera carta de San Juan, encontramos la relación entre el amor y la luz. Amor y luz. El que no ama está en las tinieblas. El que aborrece a su hermano está en las tinieblas. El que ama camina en la luz. Hay una relación entre el amor y la luz. Y definitivamente somos invitados a buscar esa relación también dentro de nuestra propia experiencia. Porque si no conectamos así la Palabra de Dios con nosotros, pues simplemente terminamos repitiendo cosas que ni siquiera hemos entendido.
A ver cómo conectarías tú esas dos palabras. La palabra amor y la palabra luz. Yo voy a proponer una sugerencia, pero de seguro que hay otros modos de plantear las cosas. Mi sugerencia es esta. Pensemos que la mejor manera de comprender o de entender a una persona no es desde la desconfianza, sino desde una especie de conexión, desde una especie de empatía que podríamos llamar amor. Esto se nota muy bien en Santo Tomás de Aquino. Santo Tomás fue un profesor, profesor universitario. Sabemos de los egos, rivalidades, contiendas que son propias del mundo académico. La gran defensa de Santo Tomás para no manchar su corazón con todo ese tipo de discusiones en la medida en que son estériles. Entrando, sin embargo, en las discusiones que son necesarias para hacer avanzar el conocimiento. La gran estrategia de Santo Tomás fue esto que hemos oído hoy ¿qué es lo bueno que yo puedo encontrar aquí? Por eso Santo Tomás tiene esa frase. La verdad no importa quién la diga. Finalmente viene del Espíritu Santo. Espíritu Santo, que es Espíritu de amor.
Podemos decir que Tomás entra como con una lámpara encendida. La lámpara del amor entra en los caminos del pensamiento, del corazón y de los escritos, incluso de sus oponentes, incluso si son de otra religión como Averroes y Avicena, que eran musulmanes, o como Maimónides, que era judío, o como Aristóteles, que era pagano. La estrategia de Santo Tomás es ¿qué puedo yo aprender de aquí? ¿qué hay bueno aquí? No ¿qué hay de criticar?. No ¿qué hay para destruir?, sino qué hay bueno aquí que yo puedo aprovechar, que yo puedo rescatar, que yo puedo exponer. De esa manera Santo Tomás está mostrando que el amor se vuelve luz.
Porque si lo primero que yo hago a una persona que me presentan es ver qué puedo criticar y si lo primero que hago al encontrarme con una obra de una persona que no es cien por ciento católica, es ver qué es lo que yo puedo destruir o qué es lo que yo puedo criticar ahí. Me quedo también sin recibir lo bueno. Entonces, fíjate que esa frase, esa conexión que nos sugiere el Evangelista San Juan, tiene esa clase de aplicación. Oye y qué distinta se vuelve la vida cuando empezamos a buscar en las demás personas. Y qué es lo bueno que yo puedo aprender y qué es lo bueno que yo puedo encontrar.

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