Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

1. Tu ser de cristiano no es lo que digas que eres, sino lo que vivas y practiques. 2. Es una ficción que uno puede ser indiferente: el que no está construyendo está destruyendo.

Homilía n29d018a, predicada en 20151229, con 23 min. y 18 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, hoy es un buen día para ver cuál es el esquema general, el criterio que siguen las lecturas de la Santa Misa en la octava de Navidad. Llámase octava de Navidad el tiempo litúrgico que va desde la celebración del nacimiento, la Natividad del Señor, el veinticinco a medianoche. Veinticinco de diciembre a medianoche, hasta la culminación de la misma octava, el primero de enero, con la gran Solemnidad de María como Madre de Dios. Esos ocho días son la octava de Navidad. Es un tiempo indudablemente de gran importancia en nuestra liturgia.

Pero todavía hay otra octava que es más importante, que es la octava de Pascua. En la Pascua nosotros celebramos la victoria definitiva de Cristo sobre el pecado, el demonio y la muerte, y eso sencillamente no tiene comparación con nada. La fiesta central, el corazón mismo de nuestra fe, la Pascua. Pero después de la Pascua y su octava, indudablemente la Navidad con su respectiva octava, tienen una gran importancia para nosotros los creyentes.

¿Qué lecturas se escuchan? ¿Qué nos ha preparado la Iglesia para este tiempo tan singular, tan solemne? En la primera lectura, en general, los textos están tomados de la primera carta de San Juan. Los Evangelios son tomados de los llamados Evangelios de la infancia. Sabemos que los primeros dos capítulos de San Mateo y los primeros dos capítulos de Lucas son conocidos en conjunto como Evangelios de la infancia. Entonces, durante estos días de la octava vamos escuchando esos textos. Así, por ejemplo, nos encontramos que el treinta de diciembre hay un texto que está tomado del Evangelio. Vamos a ver de dónde es. Es del Evangelio según San Lucas en el capítulo segundo, el treinta y uno tenemos un texto de San Juan que es repetición de lo que se dijo en la celebración de la Misa de Navidad. Entonces, en general el criterio es ese para la primera lectura, la primera carta de Juan y para los Evangelios, textos de los llamados Evangelios de la infancia. Esa es la razón por la que aparece hoy el texto. El pasaje de la presentación del Niño Jesús en el templo. En esta ocasión vamos a centrarnos en la primera Carta de San Juan, lo que fue la primera lectura. Por qué se lee este texto en esta época del año.

Podemos decir que la Primera carta de San Juan es como una meditación sobre la encarnación de Cristo y lo que eso significa para la vida de los cristianos. Como veo gente persistente en tomar apuntes, lo cual me alegra mucho. Ese es el título de la primera carta de San Juan. El resumen de la primera carta de San Juan es ese. Meditación sobre el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios y sus implicaciones en la vida de los cristianos. Por eso la Primera Carta de San Juan es particularmente apropiada en este tiempo de Navidad, porque todo tiene que ver con el misterio de ese Verbo de Dios que se ha hecho presente en nuestra tierra. Eso es lo que trata la primera carta de Juan, pero le da un enfoque particular. Y hay dos criterios o hay dos ¿cómo llamar eso? sí, digamos criterios. Hay dos criterios de interpretación, dos criterios hermenéuticos que pueden servirnos para aprovechar al máximo la primera carta de Juan. Dos cosas que hay que tener en cuenta cuando leamos la primera carta de Juan.

La primera. El primer criterio que se ve muy claro en el texto de hoy, pero también en otros pasajes, es que la vida cristiana hace visible el misterio de Cristo. La vida cristiana hace visible el misterio de Cristo. Fíjate estas expresiones que hemos oído hoy. Dice acá El que dice yo lo conozco, pero no cumple sus mandamientos, es un mentiroso. Es decir, lo que llevas dentro tiene que notarse fuera. La vida cristiana no es lo que tú digas que es. Tu unión con Cristo no es lo que tú digas que es. Tu discipulado no es lo que tú digas que es. Yo soy discípulo. Yo conozco la luz. Yo soy de Cristo. Eso tiene que verse. Hay un criterio, hay una visibilidad. En la última de las meditaciones de hoy hablábamos sobre la gloria. Ese es el sentido de estos textos. La vida cristiana es gloria de Cristo, ha de manifestar, ha de traslucir, ha de irradiar aquello que hay en Cristo. Otra frase que también apareció hoy y que creo que es clave.

Dice aquí quien afirma que está en la luz y odia a su hermano, está todavía en las tinieblas. Es decir, lo que tú digas que eres no es lo que vale. Lo que tú digas que conoces de Dios no es lo que vale. Lo que tú digas que has estudiado, lo que tú digas que sucede en tu oración, lo que tú digas que tienes como relación con Dios, tu palabra no es lo que te acredita, lo que te acredita es que irradia tu vida. Qué se ve en tu vida. La vida cristiana hace visible, hace presente el misterio de la vida de Cristo. Mira esta frase. El que afirma que permanece en Cristo, debe vivir como Él vivió. ¿De dónde vienen todas estas frases? ¿Por qué la primera carta de Juan hace esta insistencia? Algunos estudiosos de la Biblia dicen que esta carta es como una manera de defensa frente a una enfermedad que se estaba metiendo en aquella época, una enfermedad de la fe, una contaminación de la fe.

Había grupos en aquella época, grupos de tendencia gnóstica o pre gnóstica que daban énfasis básicamente en el conocimiento. La palabra gnosis, que se escribe con una g inicial. La palabra gnosis quiere decir conocimiento. Entonces los gnósticos son aquellos que tienen el conocimiento, el conocimiento de cómo se vive, el conocimiento de los misterios de la vida, el conocimiento de quién es Dios. Entonces, algunos estudiosos de la Biblia. Esto aparece, por ejemplo, en una muy buena introducción que tiene la Biblia de Jerusalén sobre esta primera carta de Juan. Algunos estudiosos de la Biblia dicen que había en aquella época grupos gnósticos o pre gnósticos, y esos grupos iban difundiendo la idea de que lo importante es lo que tú conozcas. Lo importante, si tú conoces o no conoces, lo importante es si tú tienes la luz o no la tienes, si tú te has iluminado o no te has iluminado, si tú has recibido la luz o no la has recibido.

Pero este tipo de grupos y esta mentalidad que enfatiza tanto el aspecto del conocimiento, se iba propagando como una especie de cáncer en aquella comunidad a la que le escribe San Juan. Y ¿por qué eso es un peligro? Porque cuando yo digo yo estoy lleno de conocimiento, nadie puede rebatirme eso. Yo tengo un conocimiento. Nadie sabe todo lo que yo sé. Yo sé tanto. ¿Qué cosa para saber yo? Eso nadie me lo puede rebatir. Conozco y conozco y sé y me he encontrado y yo he tenido. Ese conocimiento no es solamente estudio. Ese conocimiento puede ser también espiritual. Yo he tenido experiencias, usted no tiene ni idea. Las experiencias que yo he tenido en mí han sucedido cosas sublimes. Entonces uno puede volverse una persona intocable o puede pretender ser una persona intocable ¿por qué? porque yo tengo muchos estudios o porque yo he tenido grandes experiencias místicas o porque yo llevo un camino. A mí Dios me lleva por un camino muy especial. Nadie, nadie aquí entiende el camino. Usted tampoco entiende el camino, pero nadie entiende el camino por el que yo ando.

Entonces empieza uno a volverse un intocable. Empieza uno a volverse, si no una vaca sagrada, por lo menos una vaca. Y eso no se puede tocar ¿por qué? porque yo tengo un conocimiento único. Porque yo sé quién es Jesús, porque yo conozco. Yo sí entiendo, yo sí entiendo. Usted no entiende nada, yo sí entiendo. Y esa es una lógica sumamente perversa. Eso hace mucho daño en una comunidad, porque se empiezan a volver intocables ¿intocables quiénes? por ejemplo los líderes, en algunos casos. Yo sí entiendo. Nadie más entiende. O los intelectuales. Yo sí he estudiado, nadie más ha estudiado. O los místicos. Yo he tenido experiencias sublimes. Nadie sabe el tipo de experiencia que yo he tenido. Yo sí que sé lo que es la oración profunda. Yo sí sé de eso. Ustedes no saben. Ustedes no tienen ni idea de eso.

Fíjate, los líderes o los intelectuales o los místicos empiezan a volverse intocables. Y básicamente lo que está diciendo es la primera carta de Juan. Es muy sencilla. Nadie es intocable, nadie. Todos tenemos que reflejar la vida de Cristo y la vida de Cristo se nota. Dice aquí El que afirma que permanece en Cristo debe vivir como él vivió. Otra frase. El que dice Yo lo conozco, pero no cumple sus mandamientos, es un mentiroso. Entonces, si yo soy pastor de una comunidad a la que me ha sido encomendada, porque soy párroco, porque soy provincial, porque soy prior, porque soy el que predica el retiro y yo predico el retiro y manifiesto gran autoridad y todo lo que yo sé y lo que yo he estudiado.

Pero si el tipo es un mentiroso es un mentiroso y un mentiroso es un mentiroso, venga de donde venga. Así de sencillo. Nadie tiene corona, solo Cristo tiene corona, solo Cristo es el Rey, solo Él es el Rey. Y ahí es donde dicen los carismáticos. Amén. Amén. Está perdiendo el estilo carismático un poquito esta gente, antes respondían. Solo Cristo tiene corona. Amén. Amén.

Eso quiere decir que ese es un criterio hermenéutico. Aprovechen la primera carta de Juan. Este es el tiempo para aprovechar la primera carta de Juan. Si yo estuviera haciendo un retiro estos días, una cosa que yo haría es leer completa la primera carta de Juan, porque la octava de Navidad es para eso, para leer la primera carta de Juan.

Entonces, primer criterio la vida cristiana se irradia, se nota. Nadie tiene corona. Cuidado con los privilegios para los líderes, porque son superiores, porque son fundadores, porque es el que siempre manda, porque es el que tiene la voz cantante, porque es el que más grita, no, porque es el que más ha estudiado, eso no, no, no. Aquí tiene que verse el que afirma que permanece en Cristo, que viva como vivió Cristo. Ese es el criterio. Es preciosa la primera carta de Juan y es una manera de depurar la comunidad. La gente intocable es un peligro.

Un aspecto que me gusta mucho del estilo de gobierno del Papa Francisco es que creo que muchas veces él va en esta línea, en esta línea de que hay que tocar, hay que tocar la gente y hay que meterse con la gente. Si acierta en todos sus nombramientos que hacen, creo que es prácticamente imposible acertar en todo. Pero yo creo que el Papa Francisco ha querido difundir esa idea, la idea de que a todo el mundo se le puede tocar, es decir, a todo el mundo se le puede decir no estás haciendo lo que tienes que hacer. Y por eso el Papa Francisco es poco respetuoso de algunas tradiciones que finalmente son palabras de hombres. Eso, por ejemplo, de que la sede de tal patriarcado tiene que ser un arzobispo. Y ¿por qué? ¿por qué tiene que ser un arzobispo? ¿por qué no puede pasar un obispo a patriarca de Venecia? Tenía que ser antes arzobispo de no sé dónde ¿por qué tiene que haber esas escaleras? ¿por qué? ¿cuál es el sentido de eso? Entonces, en el buen sentido de la palabra, el Papa Francisco es un iconoclasta. Yo le creo mucho al corazón de él cuando intenta eso. Repito, no estoy diciendo que acierte en todo, pero es que por Dios, quién acierta en todo. Pero creo que el intento que hace es muy sincero y se trata de eso, de que la gente no tenga tantas coronas, especialmente dentro del aparato eclesiástico. Ese es el primer criterio.

El segundo criterio es bastante dramático y consiste en lo siguiente. El segundo criterio es que la vida es dual. La vida es binaria. La vida es elección, decisión. Dicho de otra manera. Si no eliges la vida, elegiste la muerte. Si no eliges amar, eliges odiar. Si no eliges perdonar, eliges destruir. Es muy radical. Podemos decir que el segundo criterio es una especie de radicalidad. Esta primera carta de Juan es muy radical, cosa que es muy propia del lenguaje semita, muy, muy propia.

Una vez recibí una explicación que me gustó mucho sobre cómo los semitas son dramáticos en eso de su lenguaje. Por ejemplo, Jesús dice, Nadie puede servir a dos señores porque amará a uno y aborrecerá al otro. Fíjate, el que no ama, aborrece. Es la misma idea, porque así se expresan en hebreo y en arameo. Otro ejemplo de eso es si una persona. Pensemos el caso de un muchacho que visitaba con frecuencia una cierta familia. Había dos hermanitas muy queridas, muy simpáticas ellas, muy bonitas ellas. Pero finalmente él se resolvió por una. Él quería una pareja para su vida. Una pareja que acompañara su vida. Y entonces él se resolvió por una. Y vamos a suponer. En este ejemplo hipotético se resolvió por la segunda. Se resolvió por la menor. Eso en hebreo se dice amó a la segunda y rechazó a la primera. Nosotros no hablamos así. Nosotros diríamos simplemente prefirió a una y sobre la otra guardaríamos caritativo silencio. Los hebreos, no, los hebreos dicen él amó, amó a la segunda y rechazó a la primera. Si tú lo piensas bien, es un modo muy drástico de hablar, pero tiene sentido, porque finalmente, cada vez que eliges algo, rechazas algo. Cada vez que eliges algo, rechazas algo.

Si dice, por ejemplo, una joven yo quiero ser comunicadora, quiero ser religiosa, quiero dedicarme a Dios. Pero resulta que esa muchacha tenía por ahí un pretendiente. El pretendiente estaba muy interesado en iniciar una relación afectiva con ella. Pensaba que ya llevaba bastante terreno adelantado. Creía que era posible tener alguna relación de afecto con esta chica, pero esta chica está en su proceso de discernimiento vocacional. Y finalmente dice me voy de religiosa ¿eso qué significa? significa que ella prefirió a Cristo. Pero eso también significa. Y si no, pregúntele al corazón de ese muchacho ¿qué significa? que lo rechazó. Porque este señor venía con toda su maquinaria pesada. Venía a tratar de convencerla. Mirá que yo soy un buen partido. Yo te voy a querer toda la vida. Me voy a emborrachar poquito. Él venía con todas sus promesas, pero no le valieron sus promesas, porque esta muchacha tenía una opción diferente.

Entonces ¿eso cómo se dice en ese colombiano caritativo que todos hablamos? No, ella optó por ser religiosa. Ella prefirió ser religiosa. ¿Qué dice el hebreo? rechazó a ese señor. Rechazó y prefirió. Escogió. Eso se llama un lenguaje dual. Es decir, el lenguaje de la primera carta de Juan es un lenguaje que subraya el valor de cada decisión. Cada decisión implica un rechazo. Cada decisión implica situarte claramente de un lado o de otro. Eso es lo que quiere decir tomar una decisión. Por eso son tan claros, tan claros estos mensajes. Y eso se nota en varios pasajes de la primera carta de Juan.

Por ejemplo, hoy aparece esto, quien ama a su hermano, permanece en la luz y no tropieza pero quien odia a su hermano está en las tinieblas. ¿A usted qué le llama la atención de ese texto? Dice de la siguiente manera. Se lo vuelvo a leer. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien odia a su hermano está en las tinieblas. No sabe a dónde va. ¿Qué le llama la atención de ese texto? ¿Qué le parece a usted interesante ese texto? Nada. No, no le dice nada. Usted está más allá de textos. ¿Qué le llama la atención del texto? Es dramático. ¿Y en qué consiste lo dramático? No hay alternativa. O lo estás amando o lo estás odiando. No dice, por ejemplo, aquí quien ama a su hermano permanece en la luz. Hay otros que odian a su hermano y están en las tinieblas y hay unos que ni fu ni fa. En la Biblia no existe el ni fu ni fa. Eso no existe. En la Biblia no existe eso que se ha metido como verdadera hipocresía en la vida cristiana. Ella no se mete conmigo, yo no me meto con ella, ella allá, yo acá. Ese es un invento que hemos tenido nosotros. El invento de que no mientras ella no se meta conmigo allá, que se quede allá, que se quede, que viva pero lejos. Eso no existe en la Biblia.

Y concretamente en la primera carta de Juan, no existe. No existe la palabra indiferencia, no existe. Eso es lo más sorprendente. No existe neutro. Cuando se maneja un carro de esos que tienen cambios manuales, siempre se pasa por una posición que se llama neutro. Entonces, por ejemplo, se pasa de primera a segunda, pero antes hay que pasar por neutro. Bueno, en estos textos neutro no existe, no existe. O estás amando o estás odiando, o estás creciendo o estás decreciendo. Así de sencillo. Y esto se puede aplicar muy concretamente a nuestra vida cristiana, porque nos quita muchas, muchas mentiras. Nos quita sobre todo la mentira de que uno puede ser indiferente y seguir siendo cristiano.

Y de nuevo, yo quiero citar aquí al Papa Francisco. Si hay algo que el Papa Francisco lleva muchos meses denunciando, se llama indiferencia. Y si tú observas la manera como habla el Papa de la indiferencia, es como, indiferencia igual odio, indiferencia igual complicidad, indiferencia igual muerte. Si yo veo que hay millones de personas que están en necesidad y soy indiferente. Estoy condenando a la muerte a esas personas. Significa eso que el Papa acierta en todos sus diagnósticos sobre los refugiados que vienen de Siria, de Irak. Tal vez no. Y yo creo que el primero que estaría dispuesto a admitir que se equivoca en algunas de sus apreciaciones es el mismo Papa Francisco. Él acierta en todo lo que dicen los refugiados, no, ahí hay mucha cosa ¿cómo es que se dice en colombiano? colados. Hay muchos colados, hay muchos que no son, hay muchos que no son y que se meten en el grupo de refugiados. Pero eso no quita que el Papa tiene razón en que la indiferencia frente a los dramas humanos siempre es culpable. Eso es típico de la primera carta de Juan. Excluye, la moraleja es, excluye la indiferencia de tu vida, excluyela. No se puede tener indiferencia. Lo único que yo puedo tener frente a mi hermano se llama amor.

¿Y qué tipo de amor se pide para con mi hermano? Ahí es donde viene la querida doctora de Siena en nuestro rescate y dice Lo mínimo que se pide de ti para con tu hermano es una oración de amor. Eso es lo mínimo que se pide de ti. Entonces, si yo voy, por ejemplo, voy viajando, yo no puedo ser indiferente a las personas que están en el transporte en el que voy. Lo mínimo que hago es una oración de amor por esas personas. Es lo mínimo. No existe el punto neutro. La indiferencia es una palabra que no conoce el cristiano. Y cuando uno se pone a mirar a Cristo, y cuando uno recuerda lo que nos dicen los Evangelios sobre Cristo, uno ve que tiene sentido. Uno no se imagina Cristo indiferente frente a nadie. Uno no se imagina a Cristo simplemente dejando a la gente en visto. Cristo no nos deja en visto. Ya. Listo. Ahí está. Ya sé dónde estás. Ese no es Cristo.

Las dos lecciones que nos trae la primera carta de Juan en general y que aparecen muy claras en el texto de hoy, son las siguientes. La primera es que la vida cristiana se irradia y por consiguiente, nadie es intocable, ni por líder, ni por estudiado, ni por místico, ni por nada. La vida cristiana se nota y el modelo es Cristo. Segundo, excluimos de nuestro vocabulario a partir de hoy la palabra indiferencia. Si no estoy amando, estoy odiando. Si no estoy construyendo, estoy destruyendo. Que Dios nos mire con piedad, con misericordia y haga de nosotros verdaderos cristianos.

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