Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La "luz" en la Primera Carta de Juan no es simplemente un conocimiento más o menos maravilloso; es sobre todo el esplendor de una vida generosa y sin tacha. Así nosotros estamos llamados a iluminar también. Y en esa luz encontraremos nuestro descanso como lo encontró el anciano Simeón.

Homilía n29d008a, predicada en 20101229, con 4 min. y 11 seg.

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Transcripción:

Durante estos días posteriores a la celebración de la Navidad. Estos días que se llaman de la octava de Navidad, nos va acompañando y nos va enseñando el Apóstol San Juan, especialmente a través de su primera carta. En el Capítulo Segundo de esta primera carta, el evangelista introduce un tema bien interesante: la luz. De la luz nos va a hablar también el Evangelio de hoy. En el Capítulo Segundo de San Lucas, ahí también aparece la luz. Luz para alumbrar a las naciones. Pero hay un matiz muy interesante en la primera lectura sucede que se habla de una luz, pero esa luz no es un puro conocimiento.

Es que en el tiempo en que fue escrita esa carta ya había algunos grupos, podríamos decir algunas sectas, que querían transformar el mensaje cristiano simplemente en una serie de ideas, como podríamos decir, como una especie de filosofía. Querían cambiar el cristianismo en un conocimiento, un conocimiento más o menos secreto, casi esotérico, que se va transmitiendo de los maestros a los discípulos y que finalmente sirve como para abrir las claves de la existencia humana. También hoy sigue siendo atrayente esa especie de sabiduría que en griego se dice gnosis. Esa especie de gnosis, esa especie de sabiduría, ese buscar los secretos, las claves de la vida, es algo que sigue siendo atrayente para mucha gente.

Pero la Primera carta de Juan nos pone en guardia contra esa manera de pensar. Sucede que el conocimiento, sucede que la luz que Cristo ha mostrado, es ante todo la luz de su propio comportamiento, es su manera de vivir, es su manera de amar, es su manera de servir. Son sus costumbres limpias, son sus virtudes excelsas, son sus obras de piedad y de compasión. Es la coherencia de su conducta, lo que realmente merece el nombre de luz. Y por eso el evangelista quiere que también nosotros vivamos en la luz, es decir, que también nosotros mostremos ante todo con nuestras obras quién es el que ha llegado a nuestra existencia.

Que nosotros mostremos, que nosotros seamos transparencia de ese Dios, no porque tenemos mucho lenguaje refinado, sino porque tenemos obras que manifiestan, obras que muestran quién es el que vive en nosotros. Sin embargo, no dejemos perder en el Evangelio esa frase que dice Simeón, el anciano que recibe al Niño Jesús, cuando los papás se acercan para presentarlo en el templo, según estaba estipulado en la ley judía. Esa frase de Simeón es el resumen de los anhelos del corazón humano. Simeón, cuando ya pudo recibir a Jesús, cuando ya pudo abrazar a Dios en nuestra carne, dijo: Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Simeón encontró en ese Cristo que es luz para las naciones, encontró su verdadero descanso, encontró que en él hallaban satisfacción sus más profundos anhelos.

Y ahí está el mensaje para nosotros que Jesús sea el que sacia nuestros anhelos, que Jesús sea el que da satisfacción a nuestra hambre y nuestra sed más profunda. Estuvo contigo Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.

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