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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Jesús, Alfa y Omega; punto de partida y de llegada; camino y descanso.
Homilía n29d006a, predicada en 20011229, con 7 min. y 49 seg. 
Transcripción:
Vamos a tomar las lecturas del día de hoy para que sean alimento nuestro, porque la Iglesia, que es nuestra Madre y que es maestra, nos ofrece de los tesoros de la Divina Palabra, nos ofrece porciones jugosas, sabrosas, nutritivas, especialmente en estos días en que estamos celebrando el gran misterio del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, la llegada por antonomasia de Dios a nuestra tierra. Tomemos algunos elementos de las lecturas, de manera que cuando salgamos por esa puerta, podamos decir: Hoy recibí alimento de Dios, hoy Dios me alimentó. Y yo quiero partir de aquella frase que dijo el anciano y piadoso Simeón. Simeón se encuentra con el Mesías, se encuentra con Jesucristo y dice: Ahora puedo descansar en paz. Una larga vida la que llevaba Simeón. El Espíritu Santo lo había sostenido en la esperanza, a pesar de las dificultades que sin duda tuvo. Y esa esperanza, esa larga espera, encuentra por fin su descanso en Jesús. Por eso la primera enseñanza de hoy es el descanso en Jesús. Pero para eso se necesita que el Espíritu Santo en nosotros, lo mismo que en Simeón, nos dé ese oráculo. Es decir, sea el Espíritu el que nos mueva al encuentro con Jesucristo. Que venga, pues, el Espíritu a nosotros, para que nosotros nos movamos hacia el templo, encontremos a María y a José, abracemos a Jesucristo y en Jesucristo hallemos nuestro descanso. Las grandes enfermedades de nuestro tiempo se llaman el estrés y la depresión. Nos encontramos tensos y nos encontramos tristes. La tristeza y la ansiedad, el desasosiego, la intranquilidad o el miedo se adueñan de muchos corazones. Se encuentra triste el que ya ha perdido la esperanza de encontrar su gozo. Se encuentra tenso, el que está ansioso, el que no sabe en dónde encontrar su descanso. Jesucristo es la gran medicina para nuestro tiempo. Jesucristo viene a curar nuestra ansiedad, nuestra intranquilidad. ¿Cuántos experimentos hacemos tratando de buscar experiencias nuevas, cosas raras? Intentamos de todo. Esto se ve especialmente en la juventud. Qué no intentan, por Dios nuestros jóvenes de una manera y de otra en todo tipo de amistades, en todo tipo de placeres, en todo tipo de gastos, lugares, hasta en lo más extraño. Qué hermoso que el Espíritu Santo nos conduzca hacia Jesús y en Jesús hallemos nuestro descanso y poder decir: Aquí está la paz de mi alma. Es una enseñanza que tiene la lectura de hoy. Pero hay una frase que me gusta mucho. La oí hace algunos años en un grupo de oración. Jesús te trae la paz, como se la trajo a Simeón. Te trae ese descanso. Jesús te trae la paz, pero Jesús no te deja en paz. Jesús no viene a nuestras almas como una especie de dopaje, como una especie de pastilla para dormir o para desinteresarnos y que nada nos importe, nada. Jesús viene a nosotros y nos trae la paz, pero luego no nos deja en paz. Hay una tarea para todo el que recibe a Jesús. Esa tarea parece imposible y parece absurda para el que no conoce a Jesucristo. Pero para aquel que haya sentido el gozo del Señor, está esa primera lectura que dice: Nosotros conocemos qué lo amamos y guardamos sus mandamientos. El que conoce a Jesucristo, el que recibe a Jesucristo, tiene una tarea, tiene un camino. Encontrarse con Jesucristo es un punto de llegada, como Simeón, y en él descanso.
Pero también es un punto de partida porque Jesús me envía. Los mandamientos de Jesús son como caminos, son como sendas. Y Jesús me envía. Jesús me pone en camino a través de sus mandamientos. Por favor, no miremos los mandamientos de Jesucristo solamente como prohibiciones. De niño, una de las predicaciones que más me gustó y me impresionó fue una del que entonces era mi párroco, me acuerdo que él nos dijo: No podemos quedarnos con los mandamientos de la ley de Dios mirándolo solo como prohibiciones, aunque estén enunciados así nos robe, no mienta, no fornique no. No podemos quedarnos en el aspecto solamente negativo, nos decía aquel padre y hoy lo repito yo: Los mandamientos son caminos de vida. No mientas, significa camina en la verdad. No mates, significa promueve la vida. No forniques, no cometas adulterio significa, camina en la pureza. Te mereces amor verdadero. No robes, significa ama, respeta, construye lo de otros. Es decir, los mandamientos que nos da Jesucristo no son barreras que impiden el desarrollo de la vida. Como decía aquel filósofo Nietzsche: Los mandamientos que nos da Jesucristo son como la torre de lanzamiento que hace posible que toda esa vida que él nos dio encuentre un cauce y se desarrolle. En resumen, el Evangelio nos ha mostrado cómo Jesús es el punto de llegada, el punto de descanso nuestro y la primera lectura nos ha mostrado cómo Jesús es también el punto de partida y hay que creerle a Jesús como punto de llegada. Eso es lo que en griego se llama Omega, la última letra del alfabeto. Pero hay que creer en Jesús también como Alfa, la primera letra del alfabeto Jesús es Alfa y Omega. Jesús es mi punto de partida, mi Alfa. Y Jesús es mi punto de llegada, mi Omega. Jesús es el que me lanza a través de sus mandamientos, porque es mi Alfa. Y Jesús es el que me descansa, es mi punto de llegada, es mi Omega. Eso se llama creer que Cristo es Alfa y Omega de mi vida. Que eso nos lo conceda la gracia del Espíritu para que nosotros descansemos en Jesús y caminemos en Jesús. Amén.

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