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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Carne de Jesucristo restaura a la Humanidad.
Homilía n29d004a, predicada en 19991229, con 7 min. y 8 seg. 
Transcripción:
La primera carta del Apóstol San Juan, que es el texto que nos está acompañando en este tiempo de Navidad que acaba de empezar. Esta primera carta, digo, es como una meditación sobre el misterio de la carne de Jesucristo. Desde luego que ninguna lectura más provechosa para estos días, y por eso cordialmente invito a que no solo en la Santa Misa y en el oficio de lectura, cuando corresponde, leamos esta carta, sino que también como estudio y meditación personal tomemos el texto mismo de la Biblia, pues sabemos que ningún libro de la Biblia se escucha completamente en la Santa Misa. Tal vez el texto que se oye en un porcentaje más alto es el Evangelio según San Marcos, del cual creo que no quede casi nada sin leer. Pero de un texto como la carta de San Juan hay trozos que quedan faltando y por eso lo primero que quiero hacer hoy es una invitación a que tomemos el texto mismo de la Sagrada Escritura y nos sumerjamos en ese texto buscando luz sobre el misterio precioso de la Encarnación. Luz sobre el misterio de la carne de Jesucristo. Mire que uno piensa en la carne de Jesucristo, sobre todo como aquel camino por el que Dios quiso manifestarse a nosotros. Y esto lo destaca y lo expone magistralmente la carta a la que nos referimos. Pero hoy si estamos atentos, hoy descubriremos otra dimensión de ese misterio de la Encarnación, una dimensión que surge con esa pequeña pero profunda frase de inmensas implicaciones. Quien dice que permanece en él debe vivir como vivió él. Cómo vivió él. Ese vivió está en tiempo pasado porque se refiere precisamente a la carne de Jesucristo, a la historia de Jesús en nuestra tierra. Jesús, el Hijo eterno del Padre en sí mismo, no tenía tiempo, no existía tiempo en él o para él. Pero desde el momento de la encarnación, el tiempo cuenta para el Hijo de Dios en su condición mortal. Cuando se utiliza el tiempo pasado, como vivió él, se está indicando el misterio de la encarnación. Solo es posible hablar de un futuro y de un pasado para Jesucristo en virtud del misterio de la carne de Jesucristo y, por consiguiente, como vivió él, es una alusión a ese misterio, a esa historia, a esa carne santísima de Nuestro Señor. ¿Quien dice que permanece en él, debe vivir como vivió él. Esto ¿Qué quiere decir? Que la carne de Jesucristo no es solamente que ya es maravilloso la manifestación de Dios a la humanidad. Es también el camino de la humanidad hacia Dios. Podemos decir que hoy descubrimos que en la carne de Jesucristo hay un doble movimiento. Por una parte, un movimiento que podemos llamar descendente, de manifestación de las riquezas de Dios. La carne de Jesucristo se convierte así como en un alfabeto, como en un texto que si es leído por nuestros ojos creyentes, según aquello que significa el verbo ver en San Juan. La carne de Cristo es como un texto que si es visto, si es leído por nuestros ojos creyentes, es Escritura de Dios, es mensaje de Dios. En este sentido, hay un movimiento descendente que va de Dios a nosotros. Pero hoy aparece el otro movimiento: El que permanece en él debe vivir como vivió él. No basta con saber, no basta con conocer ese permanecer en él, que ya estaba en el Evangelio permaneced en mi amor. Ese permanecer en él tiene como referencia la carne. La historia de él, con lo cual aprendemos que la carne de Jesucristo, por una parte, nos cuenta, por así decirlo, cómo es Dios, pero por otra parte, nos cuenta cómo debe ser el hombre. La carne de Jesucristo nos cuenta cómo es Dios y cómo será, cómo está llamada a ser, cómo debe ser, cómo puede ser, cómo quiere ser la carne del hombre, la vida del hombre. En este sentido, la carne de nuestro Señor Jesucristo devuelve al ser humano a su vocación más profunda de imagen y semejanza de Dios. En ella aparece lo que Dios es, y lo que yo estoy llamado a hacer, lo que yo más profundamente quiero hacer, lo que yo realmente puedo y debo ser. En la carne de Jesucristo está Dios como a mi imagen, para que yo descubra que soy, que puedo ser, que estoy llamado a ser. Que en el fondo de mí quiero ser eso que soy por creación, imagen y semejanza de Dios. Así descubrimos de una manera hermosa cómo la carne de Cristo restaura a la humanidad, porque en ella aparece al mismo tiempo el ser de Dios y la vocación, el camino, la meta, la posibilidad del ser humano. En esa carne santísima, la que vemos y adoramos y celebramos en la Navidad, está Dios, pero también está el camino más profundo del hombre, la noticia más maravillosa para el corazón humano, la vocación más profunda de la humanidad, la salvación de mi propia carne.

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