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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El amor a Dios y el amor a los hermanos.
Homilía n29d002a, predicada en 19971229, con 13 min. y 6 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, durante este tiempo, el comienzo de la Navidad. Porque la Navidad para la Iglesia no es un día, es un tiempo. La Navidad no cabe en una noche, ni cabe en un día. Tampoco cabe en los cielos enteros. La Navidad es muy grande, muy grande. La Navidad es un tiempo y durante este tiempo, al principio leemos la primera carta de Juan, es decir, algunos pasajes de la Primera carta del apóstol San Juan. Felices nosotros que nos encontramos hoy aquí en la Iglesia, porque esta primera carta de Juan solo se lee en público para la Misa en estos días. De manera que usted es uno de los afortunados que escucha esta palabra en este día. Y quienes no la oyeron hoy, no la van a oír en misa a menos que el próximo veintinueve de diciembre aparezcan por allá en las iglesias. Aunque falta ver si el próximo veintinueve de diciembre es domingo, porque cuando cae domingo entonces se celebra, es la fiesta de la Sagrada Familia. Este es un tiempo muy singular en el que oímos la primera carta del Apóstol San Juan y por eso yo quiero compartir con ustedes una palabra de reflexión sobre este texto, ya que lo oímos una vez al año. Hay que aprovechar las circunstancias. Resulta que lo que a mí más me llama la atención, les confieso, es como lo drástico del apóstol con respecto al amor al prójimo. Es muy drástico. Mire lo que dice la carta. Dice aquí: Quién dice que está en la luz y aborrece a su hermano, está aún en las tinieblas. Por un hermano que uno aborrezca, uno está uno en tinieblas. Ahí empieza lo drástico. Pero ahora fíjese lo grave que es estar en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas. No sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos. Camina en las tinieblas, no sabe a dónde va. Por un hermano que yo aborrezca, las tinieblas llenan mi vida y por un hermano que yo aborrezca, ya no sé a dónde voy. Como quien dice, se me perdió el sentido, el norte, la meta de la vida por una persona a la que yo aborrezca. Que grave. No será como muy grave esto. No será que está exagerando. Al fin y al cabo, los apóstoles son predicadores de la palabra divina, y parece que a veces los predicadores, así como para subrayar mucho las cosas, exageran. Por eso se cuenta de un predicador que quería inculcar el Santo Rosario y el Santo Rosario ya no hallaba qué más ejemplos poner. Y entonces se le ocurrió decir, Este ejemplo no hay que seguirlo. Se le ocurrió decir: que cuando Moisés iba atravesando el Mar Rojo, iba rezando el rosario. Movido de su entusiasmo, este hombre llegó a esas exageraciones. Pero la Biblia, la Biblia, no está para esas exageraciones y ese error que cometió ese predicador, evidentemente no lo ha cometido el Apóstol. Qué diremos nosotros por una persona a la que yo aborrezca, mi vida se llena de tinieblas y ya no sé a dónde voy. ¿Por qué? ¿Por qué eso tan grave? Pues la razón está en que ese hermano es una de las razones por las que Dios vino a esta tierra. Ese hermano es un motivo del corazón amoroso de Dios. Yo no le puedo encontrar sentido a mi vida si no es en el amor. Le decía Dios a Santa Catalina de Siena: El alma, el alma humana está hecha de amor. Con amor, de amor, por amor la creé. Está hecha de amor. Nuestra fe enseña que el universo, Dios lo sacó de la nada. Ese es como el origen último, el poder de Dios de la nada. Es decir, sin que nada precediera creó el universo. Bien, pero sabemos que nuestros cuerpos tienen su origen en el cuerpo de los padres. Eso vale para el cuerpo. Pero es enseñanza de fe católica que el alma es creada directamente por Dios. El alma. Tu alma y la mía no las ha hecho Dios del alma de los papás, ¡no! las ha creado directamente. Él las ha sacado directamente. ¿De dónde? De su puro amor. Y por eso la vida humana solo encuentra sentido en el amor. Bueno, hasta ahí nos vamos entendiendo, creo yo. Pero ahora viene lo grave. Solo puedo encontrar mi sentido en el amor, pero el amor de las criaturas no es suficiente para saciarme. ¿Quién hay tan perfecto que no nos decepcione alguna vez? Cuando uno conoce de esos matrimonios maravillosos, espectaculares, soñados, una belleza. ¿Cuál es la virtud que más han cultivado? Vaya y pregúntele a esa ancianita, o a ese o a ese ancianito. Porque si es un matrimonio que llamamos feliz, hay que decirlo, no cuando llevan dos meses de casados, sino cuando ya llevan sus años de casados. Entonces uno le pregunta a la ancianita señora ancianita, usted lleva ochocientos años de casada, y han tenido ustedes un matrimonio feliz. ¿A qué se debe eso? Con toda seguridad la señora le va a decir: A la paciencia, a la tolerancia, a la comprensión. Ahí voy yo. ¿Y por qué tuvo que tener paciencia, señora ancianita? Porque es que ese señor que es mi esposo, a veces me saca la paciencia. ¿Ve? Entonces quiere decir que toda criatura en algún momento nos decepciona. Nosotros estamos hechos para el amor de Dios, para el amor grande, el amor de Dios. Pero el amor de Dios no es solo el amor para mí. Es también el amor para esa persona a la que yo quizá aborrezco. Esa persona que me cae mal, esa persona que yo la masticaría y la masticaría pero no la pasaría. Esa persona que me cae gorda, esa persona que me cae mal, esa persona que se sueño con ella, se me daña el día. Esa persona, esa, la que ni siquiera quisiera nombrar a esa la ama a Dios como me ama a mí. Y si no puedo orar por esa persona, si la tengo excluida, eso es lo que quiere decir el Verbo aquí aborrecida. Si tengo aborrecida esa persona, el amor de Dios no puede venir a mí. ¿Por una persona? Si, porque Dios es el único Creador y el único Salvador de todas las personas, de todas las criaturas, de todas las historias. Aquí pasa lo mismo que en un cuadro, una hermosa pintura. Qué tal que yo voy a visitar a un prestigioso artista, pero un artista no cualquier improvisado un artista. Y llego yo, que no sé demasiado de arte y le digo todo el cuadro me parece bonito, pero esta mano te quedó como mal hecha la persona porque yo le rechace la mano de un niño que estaba escondido detrás de una reja, encima una montaña allá lejos. Por una mano que le rechace, el artista siente. No me aceptó el cuadro. Lo mismo que sucede en la familia. La familia se prepara para festejar el cumpleaños del papá, vamos a hacerle una comida para que a él le guste, para que esté contento, vamos a alegrarnos con él en el día de su cumpleaños. Se le sirve la comida. Bueno, papá. ¿Qué tal te pareció el almuerzo? Todo estuvo bien, pero a mí me parece que a esa carne le faltaba como un poquito más, como cocinarla un poquito. No me recibió el almuerzo. ¿Qué dice la señora? No me recibió el almuerzo. Porque yo quería, era que me recibiera todo. Así es Dios con nosotros. Cuando nosotros le decimos Señor, tu universo, más o menos, más o menos está tu universo. Yo por lo pronto le corregiría la cara de mi vecino, la murmuración de mi tía, en el problema del otro, el no sé qué. Cuando nosotros le rechazamos no le recibimos el universo a Dios. Eso no quiere decir que nosotros tengamos que ser unos tontarrones, que todo nos dé lo mismo, ¿no? Pero cuando yo aborrezco a una persona, cuando quiero que no exista, ay, ojalá no se apareciera, ojalá se mudara después de la porra, tres cuadras poquito más lejos. Ojalá se fuera. Nunca apareciera, jamás llamada, mejor dicho, que se la tragara la tierra y le cayeran tres volcanes. Cuando tenemos ese tipo de deseos, ¿Qué es lo que estamos diciendo? En el fondo estamos diciendo Señor, no debiste crear a esa persona y estamos diciéndole Señor, no merece que la salves. Tú crees que el amor de Dios puede estar en un corazón que dice semejantes blasfemias. No, en un corazón así, solo puede haber tinieblas, y una persona que tiene tinieblas no sabe a dónde va. De manera que de hoy en adelante no podemos aborrecer a las personas de ninguna manera. Al contrario, sabiendo que Dios nos ha acogido y que nosotros somos pecadores, digámosle a Dios Señor. Señor Dios, tú sabes que fulanita de tal, o tú sabes que menganito me cae muy mal, como un mazazo en la nuca. Me cae sumamente mal. Pero es tu obra, Señor, y tú puedes hacer tu obra en esa persona como lo estás haciendo en mí. Y tú puedes salvar y santificar a esa persona cómo me está santificando a mí. Y no digamos lo que decía aquel señor ¡Y que viva mi suegra! Pero lejos ¿no? Sí, no dejemos, Señor, que viva donde tú quieras que viva, porque solo Dios sabe a qué distancia y de qué manera y por qué camino conduce a cada cual. Nosotros no tenemos que ser mayordomos de Dios para decirle bueno, ahora esto aquí y ahora esto de más allá, y ahora mueva para acá. No, al contrario. Gracias por tu misericordia. Dame la sabiduría para servir a tu obra. Dame, Señor, la fortaleza para cumplir, para vivir, para disfrutar y para alabar tu santa voluntad.

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