|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Los Misterios del Santo Rosario.
Homilía n29d001a, predicada en 19951229, con 27 min. y 20 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos. La Santa Iglesia en estos días de la octava de Navidad, nos invita a reflexionar en los misterios de la infancia de Cristo. En el Santo Rosario nosotros hablamos de misterios y por eso yo quisiera empezar comentando un poquito qué significa esta palabra, porque para nosotros misterio, muchas veces es simplemente lo que no se puede entender. El misterio es lo que no se debe entender incluso. Y resulta que para nuestro Dios, los misterios son puertas de luz, son invitaciones a mirar más profundamente. Son llamados al amor, son signos de esperanza, son fuentes inagotables de doctrina. Todo eso son los misterios. Porque cuando uno reza los misterios del Santo Rosario, eso no es para no entender. Muy al contrario, es para abrir más los ojos, es para ahondar más. Misterio en el lenguaje de la Biblia no es aquello incomprensible, sino es aquello que necesita ser más y más y más comprendido, porque es inagotable. Dios, el Señor, no tiene ante nosotros cosas que quiera esconder, sino cosas que necesitamos mirar más, que necesitamos ahondar más. Recuerdo que en el Evangelio según San Juan, cuando Jesús le dice a los apóstoles: Todo lo que me ha mostrado, todo lo que me ha enseñado mi Padre, os lo he dado a conocer. El que habla así, evidentemente no está escondiendo cosas. Jesús vino aquí, vino a nuestra tierra y es lo que celebramos en Navidad para hacer, el exégeta del Padre. Es que el verbo griego que aparece allá en el prólogo del Evangelio de Juan es precisamente el mismo verbo que se utiliza para hablar de exégesis. Exégesis es aquel estudio profundo, científico que trata de establecer el sentido genuino y los sentidos válidos de un texto de acuerdo con la historia del texto y de acuerdo con la historia que rodeaba al pueblo de Dios en ese momento. Pues bien, la persona que se dedica a ese estudio se llama un exégeta. Y el evangelio de Juan, si lo leemos en griego, aplica precisamente ese verbo a Jesucristo. Él es el que le hace la exégesis al Padre, es decir, aquel que revela plenamente las riquezas de sabiduría, las riquezas de ciencia, los tesoros de luz, las minas de doctrinas que hay ahí en ese Dios que se nos ha manifestado. De manera que nuestro primer comentario, nuestra primera enseñanza, queridos hermanos, es ese de ahora en adelante, en la oración del Santo Rosario o cuando escuchemos la palabra misterio en la Biblia. Entendamos bien, no es para no entender, un misterio no es para no entender, sino es una invitación a mirar más, a ahondar, a profundizar, a darle más atención a algo. Una fórmula matemática, por ejemplo, en sí misma, no es misteriosa, puede costarnos trabajo llegar a entenderla. Por ejemplo, qué sé yo, la fórmula que describe la solución de una ecuación cuadrática. Necesitaremos un poco de tiempo para ver cómo se llega a esa fórmula, pero una vez entendida, está dicho todo. Ya sabemos qué se quiere decir ahí. En cambio, un misterio es una fuente inagotable de luz. Podemos decir que la verdad que nos ofrecen las ciencias es como el agua embotellada, que tiene el tamaño de ese envase. Yo aprendí no hace mucho una trivialidad, una tontería, que la palabra pocillo en castellano, pues viene de pozo. Un pocillo es un pocillo, un pocito pequeño. Pues bien, lo que nos ofrece la ciencia es un pocillo, es decir, un pozo pequeño. Las verdades que nos puede ofrecer la ciencia o la filosofía son verdades. Desde luego que sí. Cuando se razona correctamente son verdades, pero son solamente pocillos, pocitos pequeños. No hay que despreciarlos, claro que no, pero son pocillos, pocitos. En cambio, un misterio es un pozo de talla mayor y en un pozo de talla mayor, tú puedes sacar una y otra y otra vez agua. Y eso explica por qué uno puede orar con el Santo Rosario toda una vida. Qué pasaría si, por ejemplo, un profesor de matemáticas da una excelente clase a sus muchachos y les explica el origen de la ecuación cuadrática, para seguir con mi ejemplo. El día, qué sé yo, Martes cuatro de agosto hizo la explicación de la ecuación cuadrática, el miércoles cinco de agosto otra vez hay clase de matemáticas y empieza el hombre, hoy les voy a explicar cuál es el origen de la ecuación cuadrática. Los alumnos si han estado atentos y si le han comprendido bien, dirían no pierda su tiempo. ya, eso nos lo ha explicado. Y llegará el jueves, y ahora les voy a explicar la ecuación cuadrática. Te aseguro que si el viernes viene con la misma, lo mandan a un hospital psiquiátrico, este señor se nos ha trastornado. Pero la Iglesia qué hace, por ejemplo, en el Santo Rosario. Este rosario tiene la característica de que tiene los quince misterios. Yo conocí a una señora que me decía: A mí sí me gusta rezar el Rosario, pero sin tanto misterio. Este Rosario, este Rosario tiene los quince misterios y tiene una forma circular, de manera que nosotros aquí podamos empezar, por el primer misterio gozoso, segundo, tercero, cuarto y quinto misterio gozoso. Y aquí sigamos con el primer misterio doloroso, segundo, tercero, cuarto y quinto doloroso. Y aquí empecemos primer misterio glorioso, segundo, tercero, cuarto y quinto. Y vuelve a empezar la secuencia. ¿Cuál es la diferencia entre el rosario, como diferencia entre la liturgia misma de la Iglesia y el profesor de matemáticas? Que el profesor de matemáticas, para explicar lo mismo, repite las mismas palabras. En cambio, aquí, en cada una de las decenas de este tesoro de la Iglesia que se llama el Santo Rosario, lo que tenemos es misterios, misterios. ¿Y eso qué significa? Ya dijimos, no es que no se pueda entender, sino todo lo contrario, que hay que mirar mucho para entender cada vez más. ¿Y cuándo terminaré yo de entender un misterio de los que Dios ha revelado? Nunca. Porque es un pozo que se hunde en el infinito de Dios, en el infinito de Dios. De acuerdo con esa explicación, miremos ahora por qué son misterios, los misterios del Rosario. Se nos habla, por ejemplo, de la Anunciación del Arcángel Gabriel a María Santísima y la Encarnación del Hijo de Dios. Habrá algún profesor de matemáticas o de química o de psicología, de sociología que me termine de explicar ¿Por qué la Encarnación? Habrá algún profesor, habrá algún letrado tan docto, tan supremamente sabio. Siendo así que las verdaderas inteligencias teólogos eminentes que ha tenido la Iglesia sienten que explican y que hablan y que enseñan y al final sienten. No pudo. Pregúntale a un Tomás de Aquino, teólogos grandes. Y los hay. Pregúntale a un Tomás de Aquino. Toda una vida ahondando en los misterios de Dios y en el ocaso de su vida, decía: Frente a lo que he conocido en contemplación, lo que he escrito me parece paja, me parece, paja. De manera que los misterios son llamadas del amor de Dios para que nosotros miremos con mayor atención. Hoy, por ejemplo, el Santo Evangelio se refiere a uno de los misterios que tenemos en el Santo Rosario el misterio de la presentación de Jesús en el templo. Y hay algo muy hermoso en los misterios de la vida de Cristo, y es que todos son misterios que tienen que ver con nuestra vida humana. Que Cristo nació, Ese es uno de los misterios. Bueno, y ahora vamos a explicar lo que significa que Cristo nació. Y sentimos que cada vez que lo pensamos. Si lo piensas en serio. ¡Eh! Cada vez que lo piensas, si lo piensas en serio, descubres algo nuevo. Y eso explica también por qué la iglesia puede tener las lecturas de la Biblia así como las tienes. Pero sucede una cosa muy chistosa. En mi parroquia, allá cuando estaba en casa de mis padres, sucedía este fenómeno. Los adultos entraban a la iglesia y los jóvenes, muchos jóvenes se quedaban en la puerta hasta que llegó un padrecito que les corrigió esa la maña. Porque empezó a decirles Bueno, si van a asistir, entren, si no van a asistir, váyanse. Un poquito cortante el hombre pero eso sirvió. Mi historia va a dejar esto. Estos muchachos se parqueaban allá a la puerta. Y si usted hablaba con esos muchachos. Bueno, ¿Y usted por qué viene a misa? ¡No! Mi mamá me mandó. Como el hombre era obligado, él trataba de cumplirle la mamá, pero oyendo el mínimo de misa posible. Y le pregunta uno ¿Y usted qué opina de la misa? Esa es la misma repetidera todas las veces. ¡Fíjate! Mientras tanto, cuando las personas están dentro de la Iglesia, ahí había de todas las edades. Pero repito, predominaban los adultos. Sienten, oiga, ¡Qué riqueza la Palabra de Dios! Cada vez que uno la medita surge una nueva enseñanza. Esto ¿Qué nos está enseñando a nosotros? Que los misterios se ven del tamaño del amor de la persona. Los misterios son un problema de amor. Los misterios de nuestra fe son un problema de amor. Hoy sucede más o menos lo mismo que pasa cuando la gente se enamora. Todos hemos visto esas parejas de enamorados que ya se han dicho todos los te quieros en todos los idiomas y entonces se quedan mirándose con cara de ternero degollado el uno al otro. El que no está en la jugada, tiene la cara. Oiga usted, ¿Qué más le tiene a esa señora? ¿Que qué más le dio a esa niña? Es que tiene unos ojos, todo el mundo tiene ojos, hombre. Bueno, pero es que son los ojos de ella. Todo el mundo tiene dos ojos, una nariz, dos cachetes, una boca, una frente, todo el mundo tiene lo mismo. Pero como son los de ella, los de mi amada, entonces son inagotables. Entonces le hace una poesía a los ojos de ella. Pero le quedó también la poesía que ella entonces dice: Oiga, mijo, usted ¿A quién le hizo esto primero? Entonces, con los misterios de la vida de Cristo pasa exactamente lo mismo, son un asunto de amor. Si tú llegas con poquito amor donde Cristo, tu vives, Bueno, Cristo que que nació igual que tu, lo llevaron para el templo, que lo sacaron del templo, que se perdió en el templo. Yo también me perdí una vez en Carulla, lo perdí una vez allá y eso no es ningún misterio, ¿cierto? Si uno se llama yo, José Antonio y José Antonio se perdió en el centro comercial de no sé dónde. Ese no es el misterio de la pérdida y hallazgo de José Antonio, el misterio de que se perdió y el misterio de que apareció. Pero Cristo si eso si es un misterio. Entonces uno se empieza a acercar. Bueno, ¿Y por qué va a ser misterio que se pierda un niño? Los niños viven perdiéndose. Todo niño nace programado para perderse tres o cuatro veces de hacer chillar a los papás. ¿Y qué se hizo? Y mi hijo, y mi hijo, y mi hijo? ¿Cuál es el misterio ahí? Que cuando José Antonio se perdió en el centro comercial se perdió mirando vitrinas. En cambio, cuando se perdió Jesús en el templo, se perdió ocupadito en las cosas de su padre. Ah, pues claro, ocupado en los asuntos ¿De quién dijo? De su padre. ¡Ah! De su padre. Pero el papá, entonces el papá. Claro, el papá no era José. ¿Dónde estaba? Era un chino de doce años que estaba ocupado. Y llama a Dios Padre. Verdad interesante, interesante, la cosa interesante. Así decimos cuando una cosa no resulta explicable, pero si resulta atrayente. Y esos son los misterios de la vida de Cristo. Entonces, dice uno, es lo mismo aquí el evangelio de hoy, que presentaron a Jesús en el templo, a eso presentaban a todos los primogénitos y allí decía eso, que lleven allá los niños y los presentan en el templo, y eso no tiene nada de particular. No tiene nada de particular. ¿Y qué ofrenda presentaron en el templo? Un par de tórtolas o dos pichones, como manda la ley. Entonces eso no va y mira lo que dice la ley. Y la ley no decía que se ofreciera siempre eso, sino decía en último caso, si la familia es muy pobre, ofrezca un par de tórtolas o dos pichones. Si la familia es muy pobre. Entonces dice uno ella. Entonces José y María tenían que ser sumamente pobres. Y dice uno ¡Pero si era el Hijo de Dios! ¿Por qué tan pobre? ¡Ves! Cuando quieras aprender a meditar en los misterios; Uno, llénate de amor de Dios. Dos, haz preguntas, haz preguntas. ¿Y por qué eran tan pobres ellos? ¿Por qué un Dios tan pobre? La imagen de Dios que uno a veces tiene es la de un Dios que se impone por la fuerza. Porque este Dios tan humilde, porque este Dios es tan humilde. Y además la ley mandaba que los niños fueran presentados en el templo. Pero aquí se nos cuenta que sucedieron una serie de cosas que no pasaban ciertamente con todos los niños. Simeón dice: ahora Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto la salvación. Un hombre que toma este niño recién nacido podría tener unos cuarenta días de nacido, que era el tiempo que estipulaba la ley. Toma al niño recién nacido y dice: Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz. ¿Y por qué no se iba en paz? Simeón, evidentemente manifiesta que está descansando cuando encuentra a Cristo. Y de qué estaba cansado un hombre que estaba tan cerca del templo de Jerusalén. ¿De qué estaba tan cansado? Que se le pidió que no moriría hasta que no hubiera nacido un hijo de Dios. Él estaba esperando la salvación. Y la salvación, ya no lo iban a dar, ya no la iban a dar. Ya no la iba a dar, los antiguos sacrificios del templo. Y entonces ahora uno sigue su meditación. Por eso se llama misterio. Ya dijimos misterio es aquello en lo que uno va ahondando y uno dice yo tengo mi descanso en Cristo. Yo siento que él es mi descanso, que él es mi alegría. Podría yo decir, por ejemplo, después de comulgar ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Ya recibí lo que estaba necesitando, lo que estaba esperando es Cristo mi descanso y mi alegría. Y luego veo uno lo que se le dice a la Virgen Santísima. Este está puesto para que en Israel uno se levanten y otros caigan. Esas palabras no te hacen pensar. Este está puesto para que uno se levante y otros caigan. Y a ti una espada te atravesará el corazón. ¡Qué presentimientos! Por algo se cuenta, ese entre los dolores de la Virgen. Qué pudo sentir ella, con la alegría de la maternidad y de que maternidad y con el gozo de decirle a Dios en el templo de Jerusalén. Mejor que Ana siglos atrás, Señor, por este hijo te rogaba a ti te lo ofrezco. Volaría con ese corazón henchido de gozo. ¿Y qué se le dice? A ti una espada atravesará el corazón. Será una bandera discutida, será un signo de contradicción. Unos se van a caer y otros se van a levantar por él. Tú crees que la Virgen agarró su chino y se fue para Nazareth. Tranquila, pues. Agarró su chino y se devolvió tranquila. Tú crees que escuchar eso no le da que pensar a ella y a ti. Saber que Cristo es una bandera discutida. Eso no te pone a pensar sobre tu propia vida. ¿Tú has sufrido algo por ser cristiano? Seguramente que hay personas que sí. Pero aquí también hay personas que no, porque aquí hay personas que, como los judíos en otro tiempo, así como ellos disimulaban la circuncisión para que no se viera que eran creyentes. Así también hay cristianos que disimulan su bautismo y disimulan sus convicciones. Cuando yo veo tantos rostros jóvenes, de muchachos, de niños, yo me pregunto si van a seguir así de convencidos, cuando tengan que ser banderas discutidas y signos de contradicción. Cuando vea ya, mi querida Cindy, cuando veo allá estas niñas tan hermosas, cuando veo aquí a mi amigo, cuando veo aquí a mi amigo, aquí todos somos cristianos y todos somos muy creyentes. Pero el día en el que tú tengas frente a tus amigos, frente a tus amigas, óyeme bien el día que tú tengas que ser cristiano y pasar por bobo, ¡Ah! y pasar por tonto. Y cuando tengas que soportar la burla, ay, la convertida, la santita, venga y le rece una novena. Y el día que eso empiece a suceder. El día que le digan a usted, hermano, que se cura, le lavó el cerebro. Porque lo van a decir. O sea, tengo más fe en esos pantalones. Que los curas viven de eso, hermano. Así le van a decir. Los curas viven de eso. En ese momento, cuando usted le toque ser signo de contradicción. ¿Que? Esto está puesto para que en Israel unos caigan y otros se levanten. Y a ti una espada te atravesará el corazón. Demos gracias a Dios por esta palabra que se nos predica. Demos gracias al Señor por estos ministerios. ¿Qué he hecho yo con mis palabras? Contarles un poco que es un misterio en cristiano y hacer un ejemplo, un ejemplo sencillo de cómo usted puede hacer meditación con los misterios. Ya le dije solo dos cositas. Bueno, supuesta la fe, llénese de amor y hágale preguntas al texto. Póngase a dialogar con el texto. Si tú ves en la escena. Ahí se nos habla, por ejemplo, de una viuda, una señora Ana Bueno, que en este texto no aparece. Usted entonces se pone a pensar y se pone a relacionar con su vida. Haga ese ejercicio. Este ejercicio es la digestión del texto. Usted mastique el texto, digiéralo, hágale la digestión al texto, así si le alimenta y así usted si lo descubre como nuevo para el que tiene poco amor o para el que tiene demasiado poco tiempo. La Biblia nunca dirá nada y la Palabra de Dios nunca dirá nada. Ánimo, pues, hermanos, vamos a meditar en los misterios de Cristo. Vamos a abrir nuestros ojos a la luz que él nos ofrece. Vamos a creerle más, cada vez más, vamos a enamorarnos de él. Y así nosotros a nuestro tiempo daremos fruto. Cuando uno a veces participa en un grupo de oración y uno ve que hay personas que le brotan las palabras y dicen oraciones. Y uno dice pero de dónde sacará tantas palabras. Como también cierto, como también guiadas, como tan bonitas. ¿De dónde le salen esa inspiración? Hermano, hermana, a tu tiempo tú también darás fruto. Pero tienes que masticar, tienes que alimentarte, tienes que mirarte hacer la digestión. Qué tal una mamá que se desesperara por el chino. Chino, Chino, no crece, yo no veo, yo no veo que crezca este muchachito. ¿Verdad? Agarrémoslo un poco. Abrámoslo a ver qué pasa. A crecer, a crecer en la gracia y el conocimiento del Señor. Meditando los misterios de Cristo hoy. El misterio de esta presentación en el templo en el cual ya se declaró que él, por encima de los antiguos sacrificios de la ley, es el verdadero sacrificio de redención para nosotros. Bendito sea su nombre hoy y siempre. Amén.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|