Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Aprender a servir a Dios

Homilía msan031a, predicada en 20260331, con 16 min. y 11 seg.

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Transcripción:

Hermanos. Estos números que voy a decir les pueden servir si los quieren escribir mejor. Cuarenta y dos. Cuarenta y nueve. Cincuenta. Y después cincuenta y dos. Cincuenta y tres. Entonces voy a repetir. Son del profeta Isaías. Son capítulos del profeta Isaías. Cuarenta y dos. Cuarenta y nueve. Cincuenta Y después cincuenta y dos, cincuenta y tres. Eso último significa que empieza en el capítulo cincuenta y dos, pero que acaba en el capítulo cincuenta y tres. De hecho, del cincuenta y dos solo toma el último versículo. ¿Qué encontramos en esos capítulos? Hay muchas cosas.

El libro de Isaías es infinito, decía San Jerónimo. Pero en cada uno de esos capítulos hay un pedacito que es lo que llamamos un cántico del siervo. O sea que en el capítulo cuarenta y dos de Isaías hay una parte que es el cántico del siervo, un cántico del siervo. Ya vamos a explicar qué significa eso. Luego, en el cuarenta y nueve, que fue el otro número, no en el cuarenta y nueve, hay otro cántico del siervo. Ese se leyó hoy. No ocupa todo el capítulo, pero está ahí. Los versículos no me los sé de memoria, pero si usted va al capítulo cuarenta y nueve, ahí encuentra el cántico del siervo. O sea que el primer cántico del siervo está en el cuarenta y dos.

Segundo cántico del siervo está en el cuarenta y nueve. Tercer cántico del siervo que se va a leer mañana Miércoles Santo, va a ser el capítulo cincuenta y está en el cincuenta. Y luego tenemos el cuarto cántico del siervo, que no se lee el Jueves Santo, sino que se lee el Viernes Santo. Es la primera lectura cuando tengamos la acción litúrgica de la Pasión del Señor. ¿Qué significa la palabra cántico? Significa que es una composición lírica de profunda inspiración. Los que saben hebreo, yo, lamentablemente, solo sé unas pocas palabras. Los que saben hebreo dicen que el hebreo más hermoso de toda la Biblia, el más, digamos, más logrado, está en el libro de Isaías. Y el mismo Isaías era una persona sumamente culta, el profeta. Entonces cántico es una composición lírica, no es una poesía, pero es una composición muy inspirada. ¿Y qué quiere decir siervo aquí? Esa es la parte más interesante. Esa es la que nos interesa.

Nosotros le decimos que Dios es el Señor. Por ejemplo, decimos Dios nuestro Señor, o decimos Nuestro Señor Jesucristo. Pero si nosotros le decimos Señor, esa es la parte clave. Entonces nosotros somos los siervos. ¿Qué es lo que nos enseñan esos cánticos, esas composiciones bellísimas en prosa inspirada del profeta Isaías? Nos enseñan cómo ser siervos, es decir, cómo hacemos para que cuando nosotros hablemos del Señor, nosotros seamos verdaderamente siervos, porque Él solamente va a ser Señor, si tú eres verdaderamente siervo. Y ya escuchábamos en la predicación de hoy escuchábamos que dos personas que son referencia eterna para nosotros se llamaban precisamente siervos. Así, por ejemplo, la Santa Virgen María decía que ella era sierva. En latín se dice, ancilla, etxe, canchila domini. En griego se dice y douele, douele, es la sierva, douele la sierva del Señor. Ese es el título que ella se da. El ángel la llama, la llena de gracia. Kejaritomene. Y ella dice, Yo soy tu, Yo soy la sierva del Señor. Él es mi Señor, yo soy su sierva. Y luego San Pablo, como también nos recordaba Lina en su predicación, dice que Él es tu Cristo. Es decir, él es el Dulos doulos, que es el masculino. Doule es el femenino Doulos tú, Cristo, el siervo. Y la verdad es que San Pablo llegó a ser un gran siervo de Dios, lo mismo que María Santísima es la gran sierva del Señor.

Pero nosotros tenemos que aprender a ser siervos para que cuando nosotros digamos que Él es el Señor, o cuando nosotros digamos que le damos la gloria, o que Él es nuestro Señor, no estemos diciendo palabras vacías, que no vaya a caer sobre nosotros, la corrección que tuvo que hacer el profeta Isaías: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Entonces, para que tu corazón y tus labios digan lo mismo, tú tienes que aprender a ser siervo. ¿Qué nos enseña, por ejemplo, el cántico de hoy? Nos enseña muchas cosas, pero vamos a ser breves y solo señalar dos. Primera que Dios te eligió para que tú fueras su siervo. Eso es lindísimo. Lo voy a decir con una frase más fuerte, solo encontrarás tu verdadero ser cuando descubras que tu verdadero ser está en servir a Dios. Tu verdadero ser no es servir al gobierno, servir a los ricos, servir al dinero o la predicación de hoy, servir a los ídolos. Cuando tú sirves a los ídolos, así parezcan ídolos muy bonitos, y así parezca que te prometen prosperidad, belleza, felicidad o amor. Cuando tú sirves a los ídolos, te desfiguras. Cuando tú sirves a los ídolos, te deformas.

Enseña la filosofía desde antiguo que tú te vuelves semejante a lo que contemplas. Si tú contemplas el ídolo que en sí mismo no es nada, tú te aniquilas, te vuelves nada. Entonces la primera enseñanza de hoy es: Encontrarás tu verdadero ser, tu verdadero ser es servir a Dios. Entonces tú tienes que poner tu nombre. en la siguiente frase yo la voy a decir con mi nombre. El Nelson de verdad es el Nelson entregado completamente al servicio de Dios según el camino que a mí me corresponde, porque cada uno tiene su camino. Tú no tienes que ser como yo, yo no tengo que ser como tú según el camino de cada uno. Entonces tú pon tu nombre, yo voy a decir aquí unos nombres porque a mí me gusta decir nombres. Entonces yo voy a decir, por ejemplo, tomemos un nombre al azar. Alexander Entonces el verdadero Alexander es Alexander, que sirve completamente a Dios por el camino de Alexander. El tiene unas condiciones, tiene un hogar, tiene un trabajo, tiene unas responsabilidades, pero que en medio de todo eso él esté sirviendo a Dios. Ese es tu verdadero ser hermano querido. Y ahí es donde vas a encontrar tu verdad, tu libertad, tu felicidad, tu paz.

Y mientras no encuentres eso, pues te va a pasar lo que dijo San Agustín. ¿Qué dijo San Agustín? Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti. ¿Y cómo descansa uno? Uno descansa. Cuando uno dice Él es mi Señor. Como dijo San Francisco de Borja. Frase que me encanta: Yo ya no voy a servir más a Rey, que se me muera. Cuando él escogió a través de su vocación, que era ser jesuita, uno de los primeros y grandes jesuitas de la historia, cuando él escogió ese camino, pues que no escogió, sino que Dios lo había escogido para él porque lo amaba. Él dijo: Ya encontré mi ser. Tu verdadero ser es servir a Dios. Ahora digamos otro nombre al azar. María Paula, María Paula, tu verdadero ser es servir a Dios. El día que tú digas: Voy a servir a Dios con todo mi ser, por el camino que sea tu vocación, porque tú no vas a repetir a nadie, pero que en tu propósito estés voy a servir a Dios. Algunos sirven a Dios, como por ejemplo la querida hermana Isabel. Ella sirve a Dios como religiosa, pero hay otra mujer que no tiene esa vocación de religiosa, sino que es mamá. Entonces, como mamá pero ¿Qué voy a hacer yo como mamá? Servir a Dios con todo mi ser. Voy a hacer un monje. Voy a servir a Dios con todo mi ser. Soy un ingeniero. Voy a servir a Dios con todo mi ser. Donde yo estoy, esa es la primera enseñanza que nos deja esto. Y la segunda enseñanza es que el camino siempre es superior a nuestras fuerzas.

Hay un profeta del Antiguo Testamento llamado Elías, que fue terriblemente atacado porque eso suele suceder. El que se pone de parte de Dios es atacado, recibe burlas, recibe exclusión. Es una cosa terrible. Pues Elías fue terriblemente atacado. Y Elías para salvar su vida, porque todo el estado que era el estado de Israel en ese momento se puso en contra de Elías, la reina, que era la que de verdad mandaba. Ella se llamaba Jezabel. Puso todas las fuerzas del Estado a perseguir a un solo hombre, a cazarlo como si fuera una bestia y matarlo. Y ese hombre era Elías. Y él sabía que lo estaban persiguiendo así. En medio de esa situación, él huye y camina y camina por el desierto, que era lo que parecía más seguro en ese momento. Finalmente cae agotado. No puede más. No, es solo que se le acabaron las fuerzas del cuerpo, es que no sentía tampoco ya vigor en su alma. Ya no podía más. O sea, imagínate que un país, que una nación te declare la guerra a ti. O sea, tú eres el enemigo de todo el país. Eso fue lo que logró Jezabel, que además era bruja, por si quedaban las dudas. Entonces, pues, ¿qué pasó? Que Elías no pudo más, se deseó la muerte. No se suicidó. Él dijo: Yo debería morirme. Yo no soy más que mis padres. Pero él no tomó acción contra su propia vida. Y se quedó tendido debajo de un árbol. Dice que era una retama. Dios lo despertó y le dio alimento porque el pobre estaba muerto de hambre y de sed. Y él comió el pan que Dios milagrosamente le dio. Bebió agua que nadie sabe de dónde salió, porque eso fue en el desierto. Y después de que comió y bebió, se volvió a acostar. Estaba muy mal el pobre Elías. A mí me da tanta compasión Elías. Entonces Dios lo volvió a despertar y le dijo: Come, bebe el camino es superior a tus fuerzas. Y eso fue lo que le pasó a este que es el siervo de Dios.

Dice: En vano me he cansado en viento, y en nada he gastado mis fuerzas. Van a llegar estos momentos. No creas que tú, con tus solas fuerzas vas a poder. No creas que porque eres joven, o porque eres inteligente, o porque has predicado en muchos sitios o porque le caes bien a mucha gente, o porque tienes unos dotes de organizadores que a mí todo lo que sea logística soy el mago de la logística. Yo manejo la palabra de Dios para arriba y para abajo. Yo soy el predicador, yo soy el sacerdote, yo soy el misionero. Yo ya he pasado por esto. El camino es superior a tus fuerzas, a tus fuerzas y a las tuyas, y a las tuyas y a las mías. Uno tiene que saber que finalmente la fuerza no la tiene uno. Uno tiene que saber que uno necesita ayuda y que al final viene la recompensa. Porque también dice este cántico: En realidad el Señor defendía mi causa. Mi recompensa la custodiaba Dios. ¡Qué lindo eso! Mi recompensa la custodiaba Dios.

Yo sé que hay papás y hay mamás que dicen: Me siento agotado. Está rezando por este hijo, por estos hijos, por esta hija. Yo sé que hay mujeres que se sienten agotadas y dicen: Yo no sé qué más hacer. Les voy a hacer una sugerencia y con esto termino mi homilía. Yo soy una persona que ha experimentado el fracaso en la oración. Ni el tiempo ni las circunstancias dan para que yo les cuente los fracasos que he tenido. Pero son muchos. Yo admiro a los santos a los que Dios les escuchaba, como tanto a mí también me escucha, pero yo como que siempre rezo para el lado que no es. O sea que la gente que vive diciendo Padre, rece por mí, piénsenlo, piensen que yo no sé si es un buen negocio decirle a fray Nelson rece por mí. Pocas veces la cosa sale por donde se deseaba. Pero entonces he aprendido una cosa de mis múltiples fracasos en la oración.

Seguramente porque yo soy un mediocre de mis múltiples fracasos he aprendido algo muy parecido a lo que escuchábamos en la predicación también de la tarde. No pretendas darle consejos a Dios. Tú, desde tu mente, que es chiquita. ¡Cierto! Es posible que tenga sobrepeso, pero tu mente es chiquita. Entonces tú, desde tu mente, a ti se te ocurre, se te ocurre que sería bueno que sucediera tal cosa. Y yo soy bueno para que se me ocurran así cosas. Qué bueno que sucediera esto. Qué bueno cuando ya llevo meses orando que eso me ha pasado, meses orando por una intención y no pasa nada y de hecho las cosas empeoran. Entonces llega el momento en el que yo rezo como este señor de aquí, del de Isaías. Entonces yo digo en viento y en nada he gastado mis fuerzas, aquí no va a pasar nada. Pero entonces Dios me inspiró una oración que esa sí me ha servido más. Entonces yo le digo a Dios tú tienes mejores ideas que mis ideas, yo no tengo que darte ideas a ti. Solo te sé decir que me duele tanto lo que está viviendo esta persona. La pongo en tu presencia como aquellos amigos que le pusieron un paralítico. ¿Te acuerdas? Unos que le pusieron un paralítico al frente a Jesús.

Ellos no le dijeron haz esto y después haces esto y después haces esto otro. Simplemente lo pusieron en la presencia de Jesús. Yo te invito a que tu intercesión sea eso. No sigas más los ejemplos de los errores que yo he cometido. Yo he cometido, creo que es un error, que es darle demasiados consejos a Dios. No le des tantos consejos a Dios, pero sí sigue orando, sigue orando, así te parezca perdido el caso, sigue orando porque dice este cántico. En realidad el Señor defendía mi casa, mi recompensa la custodiaba el Señor. Amén,

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