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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La traición de Judas es un pecado, pero a la vez es victoria porque el demonio no logró separar a Nuestro Señor de su misión, y porque nuestros pecados quedan lavados con su sangre y porque Él nos abrió el camino hacia el cielo.
Homilía msan026a, predicada en 20230404, con 9 min. y 58 seg. 
Transcripción:
Hermanos, hoy es un buen día para hacer una pequeña reflexión sobre lo que es la libertad humana. A qué me refiero. Libertad humana porque nosotros no estamos enteramente condicionados por las circunstancias. Es muy hermoso lo que plantea, por ejemplo, Tomás de Aquino cuando dice que evidentemente nosotros tenemos muchos condicionamientos, no lo podemos todo.
El primero de esos condicionamientos es nuestra propia naturaleza, es decir, lo que somos como ser humano. Yo no voy a vivir doscientos años, eso pone un límite, como ser humano yo no puedo lanzarme desde un décimo piso y pensar que se agitó los brazos voy a volar. Esa es una limitación de mi naturaleza. Entonces, dado que tenemos esas limitaciones, la pregunta es si somos libres y estamos hablando sobre la libertad, básicamente porque hoy es el día en que la Iglesia recuerda la terrible decisión que en libertad tomó Judas Iscariote la decisión de entregar a Cristo, de traicionar a Cristo.
Entonces, si, cada uno de nosotros tiene condicionamientos, en primer lugar, repito, por nuestra propia esencia, por nuestra propia naturaleza humana, luego tenemos también condicionamientos por el hecho de que nosotros, pues venimos de una familia, venimos de un país, de una cultura, de una raza, de una etnia. Todos son condicionamientos y todos esos condicionamientos que nosotros estamos viviendo nos pueden hacer pensar que todo está como determinado en nuestras vidas. Y de hecho hay personas que han hablado de Judas Iscariote simplemente como una persona que estaba condicionada por las circunstancias o que estaba condicionada por una especie de predestinación para pecar. La frase que encontramos al final del Evangelio de hoy que habéis tomado de San Mateo cuando Judas le pregunta directamente a Cristo ¿el traidor soy yo? y Cristo le responde así es, es como tú dices. Entonces alguien podría pensar que Él no era libre, porque había una especie de predestinación para el pecado.
Son temas muy profundos, pero sigue acompañándome y vamos a reflexionarlos porque son temas que nos interesan mucho. Entonces, primer punto libertad humana. Sí hay, que hay una montaña, que hay una gran cantidad de condicionamientos, que nuestra rendija de libertad es pequeña, eso es cierto, pero existe. Y en esa rendija de libertad existe la posibilidad. Existe la posibilidad de elegir. No puedo elegir infinitamente. No puedo elegir saltar del décimo piso de un edificio y salir volando. Eso no lo puedo elegir. Pero yo sí puedo elegir, por ejemplo, si eso es lo que me conviene o lo que no me conviene. Y en últimas, puedo elegir si eso lo deseo o no lo deseo, aunque me vaya a suceder.
Piensa, por ejemplo, en el caso de un mártir. Un mártir es una persona a la que llevan obligada a la muerte. Esa persona ¿quería morir?, es decir, ¿quería que la torturaran y todo eso?. Mira, básicamente la persona no quiere eso, pero una vez que eso va a suceder, lo que sí quiere la persona es que su muerte tenga un sentido, tenga un propósito para la gloria de Dios, para la conversión de mucha gente. Es decir, nuestra libertad fundamental está en el sentido que le damos a las cosas, en la manera como nosotros reaccionamos frente a aquello que llega a nuestra vida. Llevamos dos puntos. Primero, que aunque sea estrecho nuestro margen, si tenemos libertad. Y segundo, que nuestra libertad fundamental está en cómo reaccionamos frente a las cosas, porque muchas no las podemos cambiar.
Tercer punto ¿hay una predestinación para el mal, una predestinación para el pecado? No, la respuesta es un rotundo no. Judas fue por su propio pie. Judas fue buscando su beneficio y buscando su beneficio él acordó un precio para traicionar a Cristo, un precio alto, pero por supuesto infinitamente bajo y completamente miserable frente al infinito valor de una vida humana. No se diga frente a la vida del Hijo de Dios. Él escogió un precio alto. Él trató de ganar algo. Es decir, hay una elección que él tiene y por consiguiente, no podemos ni debemos hablar. Es herejía hablar de una predestinación para el mal. Es una decisión de este hombre. Un último punto en medio de nuestras decisiones libres. Porque tenemos decisiones libres, en medio de nuestras decisiones libres que muchas veces son equivocadas, que muchas veces son pecaminosas, que muchas veces son incorrectas. En medio de esas decisiones libres, el Señor termina realizando su voluntad más allá de nuestros planes. El plan del Señor se cumple, y esto es lo más admirable de su providencia, y es lo más admirable de su sabiduría. Que con agentes libres, con actores libres, que somos nosotros, Tú, yo, Judas Iscariote, Pablo, Mateo, Bartolomé a través de actores libres, Dios realiza su propio plan. Dios lleva a cabo su plan, ¿por qué? porque el mal no es un freno definitivo para el Dios creador, para el Dios omnipotente. Es decir, que a través de traiciones, como en el caso de Judas, a través de traiciones, a través de mentiras, a través de engaños, a través de codicias, Dios no detiene su plan. No vamos a detener a Dios por nuestras codicias o por nuestras mentiras. Muchas veces, a través de esas malas acciones, Dios está haciendo sus maravillas.
Y te voy a recordar solo un ejemplo bíblico que lo tienes en el libro del Génesis, cuando por envidia, los hermanos de José, te acuerdas los doce hijos de Jacob, uno de ellos era José y los hermanos de José lo detestaban. Cuando por envidia los hermanos de José lo venden y José llega a Egipto y luego tiene tanto sufrimiento en Egipto y llega a la cárcel, y luego de una manera prácticamente milagrosa, sale de la cárcel y tiene un puesto de tanta importancia hasta convertirse prácticamente en el administrador único de los bienes de Egipto, ¿qué nos está enseñando esa historia? no era buena la intención de los hermanos de José, pero cuando llegó esa hambruna terrible, cuando llegó esa hambruna espantosa, el hecho de que José fuera el administrador en Egipto hizo posible que se salvara la vida no solo de muchos egipcios, sino que se salvara la vida del mismo pueblo de Dios. Entonces, de una manera libre, estos hermanos de José lo traicionaron porque les fastidiaba, porque le tenían envidia, porque querían sacar algo. Acuérdate que también a ese José lo vendieron, querían sacar algo de ahí. Pero a través de esa acción que era perversa, Dios tenía un plan. Bueno, lo mismo, una acción libre, absolutamente repugnante de Judas Iscariote llevó a Cristo a la muerte. Pero a través de esa entrada de Cristo en la muerte, como José entró en Egipto, pues ahora Cristo es el gran administrador de los bienes celestiales que hace posible la abundancia del Espíritu en nosotros.
En resumen, si es verdad que tenemos libertad, nuestra primera libertad es cómo reaccionamos frente a aquello que nos llega. En tercer lugar, que esa libertad que nosotros tenemos excluye toda posibilidad de predestinación. Y cuarto, que Dios nuestro Señor, sabe sacar bienes incluso de los males. Grandes lecciones que nos deja este episodio. El episodio de la entrega de Cristo. La traición a Cristo por parte de Judas Iscariote. Una última palabrita. A pesar de todo lo grave que pueda ser el pecado de Judas, nosotros no tenemos el derecho de decidir cuál fue el destino eterno de Judas. Obviamente, las señales que nos presenta la Escritura son terribles. Y uno dice pues eso da para condenación eterna. Y algunos autores, por ejemplo Dante, siempre presentan a Judas como el gran condenado. A nosotros, individualmente considerados, a nosotros como Iglesia, no nos corresponde eso. Nosotros el juicio se lo dejamos a Dios. A nosotros nos corresponde trabajar por difundir la Buena Noticia y por supuesto, orar por todos, vivos y difuntos.

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