Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Resulta sencillo acusar a Judas, o también desconcertarse de su traición, pero ¿somos inocentes nosotros, que tanto hemos recibido del Señor?

Homilía msan025a, predicada en 20220412, con 16 min. y 5 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Queridas hermanas, la traición de Judas quizás resulta tan difícil de entender para nosotros como fue difícil de entender para aquellos apóstoles. El Evangelio que acabamos de escuchar. Nos muestra que ellos quedaban perplejos. Más de una vez, dice el evangelista, no entendían. No entendían cómo podía haber un traidor. Incluso cuando Cristo le dice a Judas lo que tienes que hacer, hazlo pronto. Tampoco entienden, están como bloqueados. No comprenden por qué se da esa situación. Ni siquiera entienden qué es lo que está sucediendo.

Admitamos con San Agustín que hay un límite en nuestra capacidad de explicar el mal. Dice San Agustín que si hubiera una razón última para todo lo malo, entonces lo malo no sería malo, porque tendría una razón de ser. Pero en el fondo de la maldad existe siempre un absurdo. Existe siempre algo incomprensible, algo que es contradictorio. Y tal vez lo más interesante al llegar a este punto es volver un poco la mirada hacia nosotros mismos. Y hacernos esa sencilla pregunta ¿por qué no somos, lo que estamos llamados a ser? quizás es bueno que no nos dediquemos solo a analizar a Judas, sino que pensemos nosotros.

Varios de nosotros ya hemos pasado la mitad de la vida. Hay otros que no, pero varios ya pasamos la mitad de la vida. Y la pregunta es ¿por qué no somos lo que estamos llamados a ser, lo que deberíamos ser? Sobre el absurdo que estaba en el corazón de Judas Iscariote, dejemos ese tema a Dios. Pero preguntémonos por nuestro propio absurdo. Preguntémonos ¿qué es lo que nos frena a nosotros? preguntémonos ¿por qué posponemos a Cristo? porque una cosa sí está clara, y es que el Iscariote pospuso a Cristo. Parece que sus ideas, las de Judas, no coincidían con el modo de Cristo, ser Mesías. Entonces probablemente se decepcionó de Cristo. Lo vio como un tiempo perdido, como un esfuerzo vano, estéril. Entonces Judas puso primero sus ideas que el proyecto de Cristo, o tal vez puso primero el dinero, como sugiere el mismo evangelista Juan. Como decimos en Colombia, él sacaba tajada. Manejaba la economía y sacaba dinero para sí. Posiblemente Judas, por amor al dinero o por amor a sus propias ideas o por otro motivo, pospuso a Cristo.

Pero repito, lo interesante es que volvamos sobre nosotros mismos y nos preguntemos ¿por qué nosotros hemos pospuesto a Cristo? Esa es la pregunta que vamos a recorrer en nuestro retiro espiritual. Porque cuando posponemos al Señor, cuando Él no ocupa el primer lugar. Entonces nuestra vida se va atascando. Aquí pasa como con los barcos. Se dice que tal barco encalló. El barco no estaba hecho para atascarse, pero por error en la navegación o por otra causa, encalló, no llega a su puerto. A veces uno se encuentra vidas cristianas y vidas consagradas que encallaron, se atascaron. El barco salió de donde tenía que salir, pero no llegó a donde tenía que llegar. Entonces queda así. Azotado por las olas, probablemente deshaciéndose. El libro de los Hechos de los Apóstoles cuenta un naufragio que sufrió Pablo cuando lo llevaban, lo iban conduciendo para que fuera juzgado por el César. El barco se quedó atascado. Y nos dice el libro de los Hechos de los Apóstoles, que empezó a destruirse. Porque, claro, una parte de él quedaba fija y otra parte estaba al garete de las olas y se iba fracturando.

Yo me he preguntado por esas vidas atascadas y me pregunto. Si es posible desatascarnos o desatascar esas vidas. Y ese va a ser nuestro tema en el retiro. Vamos a hablar de eso, de desatascarnos, porque una vida encallada, una vida atascada, necesariamente empieza a cargarse de frustración. Si saliste bien del puerto, como Judas Iscariote, salió bien, Él empezó bien. Como hemos comentado en otras ocasiones. La Biblia nos dice, por ejemplo, que los apóstoles volvieron felices de la misión y le contaban a Cristo, hasta los demonios se nos someten. La Biblia no dice, a todos les fue bien, menos a Judas. Él iba bien, Él empezó bien. Probablemente hizo milagros. Probablemente hizo exorcismos en el nombre de Cristo. Pero algo pasó y se nos estancó. Se atascó esa vocación.

Además, pasa una cosa cuando se hacen diagnósticos sobre la iglesia. Casi siempre pensamos que los peores problemas son los escándalos y los abusos. Me permito estar en desacuerdo. Yo creo que claro, los escándalos hacen mucho daño, pero porcentualmente los escándalos son pocos. Uno puede pasar años en un lugar sin que haya ningún escándalo en ese sitio en concreto. En cambio, las vidas atascadas, la mediocridad, sí que llega a todas partes, tanto que se nos mete en el corazón. De eso vamos a predicar con el favor de Dios. Yo tengo la esperanza. De que una combinación de fe, de humildad y de oración puede desencallar, puede desatascar las vidas. Y la edad no importa. La Biblia nos da esperanza también para personas que ya tenían algunos años. Estoy pensando en el caso de Nicodemo, por ejemplo. Nicodemo, a quien Jesús lo llama maestro de Israel, no entendía nada del Reino de Dios, pero el desenlace del Evangelio nos muestra que Nicodemo tuvo un proceso de conversión, tanto que se opuso a la muerte de Cristo, que Cristo fuera condenado a muerte.

Con el favor de Dios vamos a seguir esta celebración eucarística y vamos a entrar en nuestro retiro espiritual. En esa línea, en esa pregunta. ¿Qué retiene mi vida? ¿Qué atasca mi vocación? No importa si estoy muy cerca o muy lejos de la muerte. Eso solo lo sabe Dios. Pero yo quiero que mi vida se desatasque y avance. Porque cuando yo salí del puerto, yo quería llegar a la meta. Y probablemente la razón principal por la que Dios me tiene todavía en esta vida es por eso, porque no he llegado, porque Dios me tiene paciencia y en su paciencia Dios quiere que pueda vencer esos bancos de arena donde encalló mi barca. En su amor Dios no quiere llevarme así, mediocre como estoy a un largo purgatorio. Él quiere que mi corazón se libere, se desate, avance, navegue. ¿Qué es lo que puede estar haciendo que mi corazón no avance? Pues con la ayuda de Dios algo de eso conversaremos en estos días. Pero por ahora, es muy importante, que tomemos una actitud de fe, de humildad y de oración para pedirle al Señor que nos desatasque, que nos libere y que podamos avanzar.

Todos los días le pedimos al Señor que nos conceda una noche tranquila y una muerte santa. Esa es la meta, morir santos. Estoy seguro que en nuestra juventud eso teníamos bien claro, pero luego algo nos atascó. Recuperemos esa meta. Avancemos hacia una muerte santa, hacia una eternidad bienaventurada. El Señor no nos va a faltar. Tal vez nuestro amor ha pasado por tibieza, frialdad, distracción, incoherencia. El amor de él no. ¡El amor de él no!. El amor de él permanece tan fresco, tan vivo, tan lozano, tan hermoso. Y más que el primer día. Así que emprendemos este pequeño y sencillo camino con fe, con humildad y con oración.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM