|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La respuesta de Jesús frente a la maldad humana es su perseverancia y su misericordia; y frente a la impotencia es su profunda comprensión y compasión.
Homilía msan023a, predicada en 20210330, con 6 min. y 4 seg. 
Transcripción:
Hemos dicho, mis hermanos, que estos días de la Semana Santa nos presentan las despedidas, las despedidas de Cristo. Y dentro de esas despedidas, tal vez la más difícil para él fue de sus propios discípulos, aquellos a quienes había llamado pequeño rebaño, aquellos a quienes con tanto afecto llegó a llamar hijitos, que es la palabra más tierna, me parece a mí, que salió de la boca de Cristo. Pero Cristo tenía que despedirse también de sus discípulos. Y esa despedida, como sabemos, aconteció en la Última Cena.
De allí está tomada la escena que hemos escuchado en el Evangelio de hoy. Tres de los discípulos aparecen con nombre propio Judas Iscariote, Pedro, y aunque el otro no se menciona, sabemos que se trata de San Juan. Yo quiero centrarme en Judas y en Pedro, porque la despedida de sus discípulos tuvo que ser muy amarga para Cristo. Efectivamente, Judas Iscariote despide a Cristo con un acto de traición, con un acto de maldad, y Pedro despide a Cristo con un acto que solo podemos describir como la impotencia de la voluntad humana. No le faltaba voluntad a Pedro cuando dijo por qué no te puedo acompañar ahora, yo por ti daría mi vida. Buena voluntad tenía Pedro. Pero es que una buena voluntad no significa siempre una voluntad suficiente. Uno puede tener buena voluntad y, sin embargo, no ser, suficiente voluntad. Y es lo que le sucedió a Pedro. De manera que en Judas aparece claramente eso que llamamos maldad, y en Pedro aparece claramente eso que llamamos incapacidad o impotencia.
Y si lo pensamos bien, estas dos características son las dos grandes lacras, las dos enfermedades terribles del corazón humano. Que la maldad se atraviesa, nos penetra y entonces tendemos hacia lo que es malo y que la impotencia nos agobia y entonces no tendemos, no buscamos lo que es bueno. Y ahí están las enfermedades del corazón humano bien resumidas, que no buscamos lo bueno por nuestra incapacidad, por nuestra impotencia y que nos dejamos arrastrar hacia lo malo, por esa maldad que también a nosotros nos pica como pica una avispa, como muerde una serpiente, sobre todo.
Pero lo más hermoso de este texto es ver la respuesta que Cristo dará en su pasión frente a la maldad y frente a la impotencia, es decir, lo que más nos interesa, después de comprobar las enfermedades del corazón humano, lo que más nos interesa es preguntarnos ¿cuál fue la respuesta de Cristo? porque ahí es donde está nuestra mejor enseñanza. Y la respuesta de Cristo es clara, la respuesta de Cristo es frente a la maldad, Él sigue su camino, es decir, ahí está la constancia, ahí está la perseverancia. Cristo no se deja arrastrar y fíjate que hasta el final el demonio quiso arrastrar a Cristo hacia la maldad, desconectándolo de la obediencia a Papá Dios, desconectándolo de la obra de nuestra salvación. Pero Cristo no se dejó contaminar por esa maldad. Cristo fue perseverante. Esa es la primera parte de la respuesta de Cristo. Pero no solo eso. No solo persevera haciendo el bien, sino que vence al mal a fuerza de bien, como luego nos enseñaría San Pablo, y lo vence con la misericordia, cuando en medio de su pasión dice Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Frente a ese diluvio de maldad que cae sobre el cuerpo y el alma de Cristo en su pasión, él responde con una inundación de misericordia que vence a esa maldad. O sea que la respuesta de Cristo frente a la maldad humana es su perseverancia y su misericordia.
Y cómo vence Cristo en el caso de la impotencia humana, esa que se manifiesta tan claramente en las negaciones de Pedro. Cómo obra Cristo a ese respecto. En primer lugar, con realismo. Cristo no se hace ilusiones, por eso le anuncia a Pedro que lo va a negar. Y esa tiene que ser también nuestra actitud. Una actitud realista, pero luego una actitud de profunda comprensión en las palabras mismas que le dice nuestro Señor al primero entre los apóstoles, a Pedro le anuncia lo que vendrá después. Por ahora no puedes. Esas palabras. Después me acompañaras. Ahora no puedes acompañarme, después me acompañarás. Están indicando al mismo tiempo el realismo de Cristo y su actitud comprensiva y compasiva que un día hará de Pedro un mártir, como es el mismo Cristo mártir, mártir del Gólgota.
Así que son grandes las enseñanzas que nos deja este Evangelio. Nos presenta resumidas las miserias humanas, pero nos presenta también la respuesta entrañable, bendita, conmovedora, del Corazón de Jesús.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|