Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Necesidad de la Ciencia de la Cruz

Homilía msan022a, predicada en 20200407, con 19 min. y 12 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Queridos hermanos, una de las enseñanzas que nos dan los Santos Evangelios, y muy especialmente este Evangelio de Juan, es la distancia que hay entre Cristo y sus discípulos. Podemos decir, a pesar de que estaban tan juntos, había una gran distancia, habían trabajado juntos, habían caminado juntos, habían convivido y sin embargo, repito, había una gran distancia entre Cristo y sus discípulos. Esa distancia se nota, por ejemplo, cuando Cristo, siendo como es el mejor Maestro, el Divino Maestro, no se hacía entender de ellos. O digo mejor, ellos no terminaban de entenderle. Un ejemplo notable es cuando Cristo les dice, tengan cuidado con la levadura de los fariseos. Y esa expresión suscita entre los apóstoles comentarios como éste. Eso lo está diciendo porque se nos olvidó traer pan. No le entendían el nivel en el que hablaba Cristo estaba muy por encima de ellos. Y repito, estamos hablando del mejor Maestro, del Divino Maestro.

En otras muchas ocasiones Jesucristo utilizaba este lenguaje, el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres. Pero según nos cuentan los Evangelistas, ellos no querían entender eso, ¿por qué sabemos que no querían entenderlo?, porque el evangelista dice ellos no comprendían, pero les daba miedo preguntar. ¿Les daba miedo qué, exactamente? Ese punto es clave. Les daba miedo ¿qué?, les daba miedo hablar con Jesús, no parece que eso sea. Les daba miedo enterarse de algo que no querían saber. Algo que no querían conocer. ¿De qué querían oír hablar ellos? ellos querían oír hablar de victoria y de la toma del poder y de la expulsión de los romanos y del nuevo régimen político y social que iba a empezar. De eso querían oír hablar. Pero ellos no querían oír hablar de un Mesías crucificado. Ellos no querían oír hablar de los dolores de la pasión. Cristo les hablaba abiertamente, nos dicen los evangelios, abiertamente les hablaba, pero no querían entender.

Aquí, entonces vamos entendiendo nosotros en dónde estaba el problema, no es que a Jesús le faltara algo, ni un ápice le faltaba para ser el más perfecto de los maestros. Pero he aquí que sus discípulos eran los que no querían aprender, no querían aprender ¿qué?. No querían aprender la lección del dolor, de la renuncia, de la cruz, del dar la vida. Ese lenguaje no lo querían oír porque no les gustaba, porque les dolía, porque iba en contra de sus sueños. Y como ellos no querían oír hablar de eso, tampoco podían entender.

Algunas veces, en los viajes académicos o misioneros que he tenido que dar, que he tenido que hacer, me he encontrado con personas que llevan muchos años viviendo en otro país, países con otra lengua. Una vez me encontré hace ya unos años. Me encontré con una señora que en ese momento llevaba algo así como veintiséis o veintisiete años en Estados Unidos. Como por esa época yo estaba tratando de mejorar el idioma inglés, porque en ese tiempo yo vivía en Irlanda y por supuesto necesitaba el inglés todos los días. Entonces yo le decía, por hacer un poco de conversación, le decía esta señora seguramente ya usted tendrá muy buen nivel de inglés con tantos años. Y me dice no padre, yo desde el principio rechacé este idioma. Yo vine aquí porque me tocaba, pero a mí no me gusta esta cultura, a mí no me gusta este idioma. Yo dependo en todo de mis hijos, decía esta señora. Dependo en todo de mis hijos, que si hablaban perfectamente el inglés. Entonces yo relaciono esa pequeña historia con esto que estamos comentando. Cuando uno no quiere aprender, no aprende. Si uno no quiere aprender inglés, no lo aprende. Si uno no quiere aprender matemáticas, no la aprende. Y si uno no quiere aprender cruz, no la aprende. Y los apóstoles no querían aprender de la cruz, Estaban cerrados, estaban sellados. Y por eso el camino que llevaba la vocación mesiánica de Cristo. Ese camino estaba totalmente por fuera de lo que ellos estaban pensando. Y por eso no lograban entender.

El Evangelio de hoy nos muestra las consecuencias que tiene esto de no querer aprender una asignatura llamada cruz, cuatro letritas en español. Una pequeña asignatura que se llama cruz. Y no querían aprender esa asignatura porque ellos no querían, no querían seguir ese camino. Rechazaban la cruz. Así como aquella señora en medio de todo muy buena mujer, así como aquella señora. Pues por sus circunstancias, por su historia, rechazaba la cultura en la que estaba viviendo. Pues así también nosotros muchas veces rechazamos una asignatura llamada cruz. ¿Y qué consecuencias trae rechazar esa asignatura? pues en el Evangelio de hoy aparecen dos de esas consecuencias. Cuando Cristo les dice casi al comienzo de la Última Cena, les dice Cristo os aseguro que uno de vosotros me va a entregar. Esa frase ¿a qué materia, a qué asignatura creen ustedes que pertenece esa frase?. Uno de ustedes, es decir, uno de este grupo, uno de aquí, uno de este grupo, es un traidor. ¿A qué asignatura? ¿a qué materia pertenece esa frase? Acertaste. Pertenece a una materia que se llama cruz.

Hay un salmo que siempre me ha impactado desde que lo conocí en el noviciado y mi noviciado fue hace treinta y cinco años. Yo realmente conocía poco de los Salmos, para ser franco. Tenía unos cuantos favoritos, pero conocía poco de los Salmos. Pero uno que me impactó desde el primer momento que me encontré con él es aquel salmo que dice, incluso mi amigo, de quien yo me fiaba, que compartía mi pan, es el primero en traicionarme. Eso está en un salmo. Tarea, busca cuál salmo. Pero ahí está, es un salmo. Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba, es el primero en traicionarme. Eso dice el salmo. Y por supuesto, es un dolor. Es una puñalada en el centro del alma que una persona de tu absoluta confianza, que una persona cercana a ti sea el primero en traicionarte. Es cruz.

Por eso decía Santa Catalina de Siena, la cruz no empezó en la vida de Cristo, ni cuando lo azotaron, ni menos cuando metieron los clavos, ni tampoco cuando estaba en Getsemaní. La cruz acompañó la vida de Cristo. Es una realidad. Entonces, como ellos no querían oír hablar de este tema, como ellos no querían saber nada de cruz, entonces tampoco podían imaginarse que hubiera un traidor. Porque imaginar un traidor. Mira, imaginar un traidor es imaginar un dolor demasiado grande. Sería demasiado terrible que hubiera un traidor. No, qué traidor. mejor sin traidor. Y uno no quiere pensar en eso. Así como con este tema de la pandemia, hay algunos países que hasta último momento. No, no, nosotros no, aquí no va a pasar. No queremos pensar en eso. Así es el ser humano, así somos a veces.

Por eso dice el texto del Evangelio. Se miraron unos a otros perplejos. ¿Cómo así? ¿cómo así que un traidor aquí? imposible. Esto destruye, derrumba nuestros sueños, nuestros planes, no queremos despertar. No les ha pasado en sus familias que tienen por ahí alguno que cuando era niño o cuando era bebé lo ibas a despertar y no hacía sino quejarse y hacer mala cara ¿no les ha pasado eso en la familia? no habrá por ahí alguno que lo vas a despertar y se pone bravo. Así somos nosotros en la vida cristiana. Cristo nos quiere hablar de que la Evangelización incluye sacrificio y uno no quiere hablar. No, no, no, no, no a mí hábleme de prosperidad, a mí hábleme solo de sanación, a mí hábleme solo de liberación. Y si, es verdad, Cristo sana, Bendito sea Dios. Cristo libera, eso es cierto. Pero tú quieres que Cristo solo haga eso por ti. Y cuando llegue a esa página del Evangelio que dice el que no tome su cruz cada día no puede ser mi discípulo. ¿Tú qué haces? te tapas los oídos, te tapas los ojos ¿qué haces? Entonces así les pasó a los apóstoles, ellos no querían saber nada de la cruz. Y cuando no se quiere saber nada de la cruz, se entra en algo espantoso que se llama ignorancia voluntaria.

Y estos apóstoles vivían en esa condición que se llama ignorancia voluntaria. Ellos querían ser ignorantes. Ellos querían, o mejor dicho, no querían pensar en lo que Cristo les decía. Y el que no acepta la materia llamada cruz, no acepta la realidad de la naturaleza humana, porque está en la naturaleza humana herida por el pecado original. Nuestra tendencia a la concupiscencia, nuestra tendencia al camino fácil, nuestra tendencia a la egolatría, nuestra tendencia al narcisismo, nuestra tendencia al hedonismo, a acumular placer. Todas esas tendencias sucias están en nosotros y solo encuentran redención en la cruz. Y si uno no pasa por una materia llamada cruz, todas esas tendencias no se van a sanar, simplemente van a trabajar subterráneamente, envenenando los matrimonios y llevándolos al divorcio, envenenando las comunidades y llevándolas a la fractura y la división, envenenando a las personas y poniendo destrucción en sus almas. Ignorar el mal no lo resuelve. Como hemos dicho en otras ocasiones, quitar la palabra pecado no quita la realidad del pecado y quitar la realidad del pecado supone estudiar una asignatura que se llama cruz, porque solo en la cruz, solamente en la cruz es vencido el pecado. Entonces, la ignorancia voluntaria de quien no quiere saber nada de la cruz, esa ignorancia voluntaria ¿a qué conduce? no a que yo me liberé de mis enemigos, sino a que todos mis enemigos estarán fuera del alcance de mi conocimiento y de mi mirada, donde pueden trabajar más ágilmente, más profundamente y más devastadoramente. Eso es lo que va a suceder. Eso es lo que sucede cuando ignoramos la materia llamada cruz.

Pero también en el Evangelio de hoy aparece otra consecuencia, no solamente ignoramos lo que sucede a nuestro alrededor, nos ignoramos a nosotros mismos. Recuerdas que el gran lema de Santa Catalina de Siena es la Celda del conocimiento de sí mismo en Dios, esa es la gran propuesta de ella, y según ella, es el comienzo de la vida espiritual. Y así nos habla esta santa Doctora de la Iglesia. Recuerdas que eso es así. Bueno, pues la persona que no quiere tomar en serio el misterio de la cruz no sólo ignorará la realidad de lo que tiene a su lado, sino que ignorará su propio corazón. Y esto trae demasiado dolor. O sea que tú ignoraste la cruz huyendo del dolor y caes en dolores peores.

Te doy un ejemplo. No has conocido tú a esas jovencitas enamoradas que tienen su novio, pero como ellas no quieren pensar en cruz, sino ellas quieren pensar únicamente en un paraíso, una isla para dos. Y ellas únicamente quieren pensar que por fin abrazaron la felicidad con los dos brazos como ellas solo quieren pensar en que en ese noviazgo, por fin, por fin alguien me ama. Por fin, por fin alguien me pone cuidado. Entonces no quieren pensar en cruz y se vuelven ciegas ¿y en qué termina esa historia? tú y yo lo sabemos. Esas historias terminan en mujeres embarazadas que, sí son valientes y muchas lo son. Irán al camino de ser madres solteras y Dios fortalezca a las madres solteras y las bendiga. Pero todos sabemos que es muy difícil y todos sabemos que no es lo ideal para el bebé y otras tomarán el camino del aborto y la inmensa mayoría de ellas, de todas estas mujeres ilusas que nunca quisieron pensar en cruz, terminarán con un dolor peor y con un remordimiento muy grande. Porque luego hay un momento y ese momento le llega a toda mujer que estuvo ilusamente enamorada. Hay un momento en el que esa mujer si es honesta consigo misma, como se dice a veces hablando con la almohada en la madrugada, que bueno eso ¿no? hablando con la almohada en la madrugada. Esa mujer tiene que admitir, ¿valía la pena que yo le entregara mi cuerpo a ese hombre, valía la pena lo que yo estaba haciendo? no me lo respondas a mí, respondérselo a tu almohada en una madrugada de desvelo.

Cuando uno no quiere el camino de la cruz, termina estrellándose con dolores peores, pero sin saber ni siquiera de dónde vino el golpe, porque no conoce lo que está afuera y tampoco conoce lo que está dentro. Fíjate la frase que utiliza el apóstol San Pedro. Pedro dice, Señor. Mira cuánta seguridad en sí mismo, parece que había hecho mucha programación neurolingüística San Pedro. Pedro había hecho mucho mantra de auto fortaleza y de auto redención y de autosuperación. Yo creo que Pedro había hecho una cantidad de cursos de autosuperación y Pedro, con su cantidad de discursos de superación, le dice a Cristo por qué no puedo acompañarte ahora, daré mi vida por ti. Pedro no se conocía a sí mismo. Cristo conocía mejor a Pedro que Pedro, conocerse a Él mismo. Daré mi vida por ti. Jesús lo mira con su mirada penetrante y al mismo tiempo mansa y pura. Con qué darás tu vida por mí. Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.

La enseñanza para nosotros es que hay que estudiar la materia llamada cruz. Y ¿cuáles son los subcapítulos de esta materia? pues son los que se estudian en Semana Santa. Bienvenidos. Estamos en Semana Santa. Eso es lo que se estudia. Por eso uno tiene que estar en Semana Santa en las ceremonias, oír, meditar, orar, porque ahí se conoce la naturaleza humana en su miseria y ahí se conoce el poder de Dios. Y en ese conocimiento que no es abstracto sino práctico porque apunta al corazón de cada uno, ahí uno va avanzando. No presumamos de ser grandes doctores de la ciencia de la cruz, no presumamos, pero aseguremos una cosa. Cuanto más entremos en estos misterios, mayor conocimiento real tendremos de cómo es el ser humano, incluyendo mi papá, mi mamá, mi hermano. El que tenga su novia, su novio, lo vas a conocer mejor, mucho mejor, mucho mejor lo vas a conocer. La ciencia de la Cruz y sobre todo, como nos pide la doctora de Siena. Cuánto le debo yo a Santa Catalina. Conocerte mejor tú misma, conocerte mejor tú mismo. Acerquémonos, pues, al altar de Cristo. Acerquémonos al misterio de su amor y reconozcamos el valor infinito de la cruz. Y pidámosle a Cristo, tal vez con estas palabras, Señor, cuando tú dictaste esa materia, a mí no me interesaba. Perdóname, pero hoy ayúdame a ponerme al día. Amén.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM