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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Ponte frente al Señor y dile: ?Tú sabes qué barro tan frágil soy, Tú sabes mis debilidades, Tú sabes dónde están mis grietas ¡Ten compasión de mí! Sostenme Tú?.
Homilía msan021a, predicada en 20200407, con 5 min. y 27 seg. 
Transcripción:
Yo creo que cada uno de nosotros tiene frases de la Biblia que nos han impactado tanto que uno, como que no puede olvidarlas. Toda la Palabra de Dios está hecha para iluminar y transformar nuestros corazones. Pero no cabe duda que hay versículos que tienen una cualidad especial para quedarse aquí adentro. Uno de esos versículos para mí, y estoy seguro que para mucha gente, es el que encontramos en el Evangelio de hoy, tomado del capítulo número trece de San Juan.
Es aquella declaración solemne y triste que hace Jesucristo, uno de vosotros me va a entregar. Viniendo estas palabras del Señor, uno sabe que no son simplemente un temor que Él está exteriorizando. Uno sabe que no es una especie de paranoia que Él tiene, ni una exageración, es una realidad, una realidad que quedará comprobada muy pronto, precisamente en el curso de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo. Uno de vosotros me va a entregar. ¿Por qué sabía Cristo esto? lo sabía por aquello que nos dice el capítulo segundo de San Juan. Él sabe lo que hay en el corazón del hombre.
La mirada de Cristo, verdadera mirada divina en esta tierra, tiene aquella cualidad que leemos en el profeta Samuel en el primer libro del profeta Samuel, Dios mira la verdad y no la apariencia. Nosotros, seres humanos, muchas veces nos dejamos engañar por las apariencias. Pero Dios no, y por eso la mirada de Cristo, según nos dice el Evangelio de Juan, capítulo segundo, la mirada de Cristo es capaz de penetrar en el corazón humano. Así como ellos lo iban conociendo cada vez más a Él, Él conocía cada vez más, cada vez mejor, cada vez más profundamente, a sus discípulos. No sólo cómo los había encontrado y recibido, sino qué proceso habían hecho y cuántas veces ese proceso se había malogrado y qué podía pasar después. Todo esto, estaba en Cristo. Pero hay otra razón por la que resulta muy natural que Cristo llegara a decir la frase que dijo. Mira, cuando uno habla con una persona que es realmente experta en un campo, esa persona puede anticipar peligros que a los demás no se nos ocurren.
Piensa, por ejemplo, en un ingeniero que ha trabajado en construcción toda su vida. Este ingeniero seguramente sabe muchísimo de resistencia de materiales. Y él sabe que si a una determinada viga se le pone más de la cuenta o si a una determinada estructura se le somete a un terremoto superior a cierta intensidad, no va a aguantar. Él lo sabe. Cristo, verdadero conocedor de la naturaleza humana, sabe que sus apóstoles están sometidos a una carga que ellos no conocen. Cristo sabe que los enemigos que Él tiene fariseos, escribas, saduceos, herodianos. Cristo sabe que esos enemigos no solo lo odian a Él, sino que odian y odiarán hasta la muerte a sus discípulos. Cristo lo sabe muy bien, y precisamente porque Cristo lo tiene tan claro, sabe la presión a la que van a ser sometidos ellos. Y como buen conocedor de la naturaleza humana, sabe en qué momento esto no aguanta. Llega un momento en el que esto se va a reventar.
¿Qué podemos hacer nosotros frente a este pasaje?, ¿qué podemos hacer?, hermanos sólo ponernos ante el Señor y decirle Tú sabes qué barro tan frágil soy yo. Tú sabes mis debilidades. Tú sabes dónde están ya mis grietas, Tú sabes dónde están mis fracturas. Y después de decirle eso, gritarle al Señor. Ten compasión de mí, sostenme tú. Yo quiero que nos quedemos con la frase de San Felipe Neri. Sostenme tú, Jesús, si no me sostienes, te traicionaré peor que Judas. Que toda nuestra confianza se vuelque hacia Cristo y que reconozcamos en todo, nuestra fragilidad. Por bien nuestro y para la gloria de Dios. Amén.

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