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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Elegidos pero no para el privilegio sino el servicio
Homilía msan020a, predicada en 20190416, con 11 min. y 40 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, como nos explicaba el padre Tiberio el día de ayer en la Semana Santa, para las lecturas de la Misa tenemos un orden especial. Me voy a referir a la primera lectura. El Lunes Santo, el Martes Santo y el Miércoles Santo. La primera lectura está tomada de Isaías. Son textos muy bellos, poéticos y profundos, que son conocidos como los Cánticos del Siervo. En total son cuatro cantos, tres se leen lunes, martes y miércoles y el cuarto cántico, que es el más impresionante, porque está muy cerca de la Pasión de Cristo, se lee en la acción litúrgica del Viernes Santo. O sea que si usted es juicioso esta semana en la asistencia a la Santa Misa y la celebración del Viernes Santo, puede iluminar su fe con estos textos del profeta Isaías.
Hoy, entonces, hemos tenido el segundo de esos cánticos que nos presenta un mensaje muy hermoso. Es la relación que hay entre la elección y la misión, entre ser escogido y ser servidor. Resulta que precisamente el nombre que tienen estos cuatro textos de Isaías, por ejemplo, el de hoy, es del capítulo cuarenta y nueve. Son conocidos como los Cánticos del Siervo del Servidor de Dios. Puede decirse que nos presentan el perfil de cómo quiere Dios que nosotros le sirvamos. Nosotros le decimos al Señor que Él es el Señor, pero esas palabras quedan vacías, quedan huecas. Si le decimos a Él que él es el Señor, y nosotros no somos sus servidores, sus siervos. Y por eso tiene tantísima importancia esto que estamos diciendo de Isaías.
El segundo cántico nos enseña sobre la relación entre la elección y la misión. Este hombre que nos habla, habla en primera persona. Él se sabe elegido. Fíjate cómo dice el Señor me llamó desde el vientre materno, de las entrañas de mi madre y pronunció mi nombre. Él se sabe elegido. Estas palabras nos hacen recordar otras personas que fueron llamadas por Dios. Por ejemplo, el profeta Jeremías, que también dice una cosa parecida. Él entiende que Dios le dice que desde el seno de su madre ha sido llamado. Y lo mismo vale para Juan Bautista y lo mismo para otros. Entonces este servidor ha sido elegido.
Pero el problema de ser elegido, y esto nos lo explica muy bien el Papa Francisco, es que cuando uno ha sido elegido, uno puede empezar a llenarse de una cierta vanidad y de un cierto egoísmo. Es lo que el Papa llama un espíritu de élite. Empezamos a considerarnos algo, demasiado especial, pero cuando nos llenamos de esa vanidad, de esa soberbia, echamos a perder el plan de Dios. Eso también lo insiste muchas veces el Papa.
Por ejemplo, nosotros los sacerdotes. Qué cosa tan hermosa que una persona con sus fragilidades, con sus ignorancias, con sus debilidades, incluso con sus pecados, como es cada uno de nosotros. Qué cosa tan bella que uno de nosotros, cada uno religiosos, sacerdotes, puede decir El Señor me llamó, pero ¿qué pasa? que uno también puede convertir el llamado de Dios en una especie de privilegio, y empieza a creerse mejor simplemente porque lo llamaron o empieza a reclamar ciertas prebendas y se va llenando de una distancia del resto de los demás, incluso hasta el punto de maltratar a las personas. Ahí es cuando el Papa Francisco nos habla del clericalismo. Se cree que porque es sacerdote, entonces puede maltratar a los otros o despreciar la opinión de otros, sabiéndo que el Espíritu Santo no está bajo el monopolio de los sacerdotes. El Espíritu Santo obra en todo el pueblo de Dios. El sacerdote tiene su tarea específica, que es bella. Y tiene que saber ser líder, pero no un líder que aplasta, ni que humilla, ni que se encierra únicamente en su opinión. Ese es un ejemplo de una mala interpretación de la elección. Cuando uno se considera elegido.
Pero a partir de ahí, entonces ya cree que es mejor.
Piense usted ahora en todas las cosas buenas que la vida le ha dado. Por ejemplo, usted ha tenido un hogar estable. Hoy en día, ese es un lujo tener un hogar estable. La última vez que oí una estadística de nuestro colegio aquí, el Jordán de Sajonia. Resulta que la gran mayoría de los niños y las niñas, que están en el colegio, están en una situación de la que, por supuesto, no son culpables. Sus papás son separados, son criados solo por el papá, solo por la mamá. Hay personas que están en segundo o tercer matrimonio, o sea que es la excepción. Podríamos decir que es minoritario en este momento. El caso del niño que ha crecido viendo siempre un papá, una mamá, que además se aman, tal vez tienen problemas, pero se reconcilian, siguen adelante. Ese es un privilegio. Pero es muy importante que quienes hemos tenido esa bendición. Miremos en espíritu de servicio, no en espíritu de humillación o de maltrato, no en espíritu de élite, a quien tal vez no ha tenido esa misma oportunidad. Y lo mismo podemos aplicar de todo lo demás.
Por ejemplo, tener la fe católica, cuando usted piensa lo que sucede en los cultos evangélicos, cuando usted piensa lo que significa perder la Eucaristía, perder la confesión y usted cae en cuenta que usted sí tiene la confesión y sí tiene la Eucaristía. Pero eso no es mérito nuestro, eso no nos debe llenar de vanidad. Más bien, todos esos regalos de Dios tienen que hacernos bajar la cabeza y decir solo tú eres santo, solo Tú, Señor, solo Tú Altísimo Jesucristo, como dice la oración de la Misa, fíjate cómo termina esa lectura tan hermosa de Isaías, dice, ahora habla el Señor, es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob, te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra. Es decir, yo si te he elegido, pero te he elegido para que tú seas luz de otros. Te he elegido para que tú seas mensajero de salvación. Te he elegido para que tú estés al servicio de otros. Esa es la postura católica en todo en la economía, en la inteligencia, en la fe.
Por ejemplo, piense esa lucidez con la que el Papa León trece habla del tema económico. Usted sabe que León trece vivió en el siglo diecinueve, que fue el siglo de Marx y de Engels, y mientras que Marx y Engels lo que proponen es una sociedad en la que las divisiones se exacerban y se aceleran y cada vez más se convierte en lucha de clases. Por qué vamos a derribar a esos desgraciados ricos. Esa es la postura de Marx. La postura del Papa León trece en su carta profética Rerum Novarum es muy distinta. Es lo que nos ofrece la Biblia, es lo que nos ofrece Cristo. León trece dice el camino no es el odio. El camino tampoco es el egoísmo de que el que ha recibido se encierre en su privilegio. El camino es, hombre, si usted tiene algo bueno. Eso que usted ha recibido, que es mérito suyo, porque ya San Pablo dijo ¿qué tienes que no hayas recibido? eso que usted ha recibido es para servir a otros. Si usted tiene sus ojos buenos es para ayudar al que está tuerto, ciego. Si usted puede moverse bien para tenderle una mano al que está paralítico. Si usted es inteligente, ponga su conocimiento al servicio de los demás. Esa es la hermosa enseñanza que ya nos da aquí Isaías.
Si no se sigue esta enseñanza, pues vienen, por supuesto, divisiones, desengaños, decepciones. Que eso fue lo que parece que le sucedió a Judas Iscariote. Judas Iscariote estaba preocupado, obsesionado, concentrado en su pueblo, el pueblo judío. La victoria de los judíos sobre las naciones invasoras. Judas Iscariote echaba de menos, sin duda, el tiempo de Simón el Macabeo o el tiempo del rey David, en que Israel sobresalía sobre todos los demás pueblos. Pero la parte del servicio parece que no le quedaba tan clara. Entonces, por supuesto, Judas Iscariote, que quería únicamente la victoria de su pueblo y de sus judíos. Pues ve en Jesús una postura que le parece demasiado blanda y una postura que no conduce a la victoria que Judas quiere. Por eso Judas termina decepcionándose de Jesucristo y finalmente, entregándolo a las autoridades.
Pidamos al Señor que no tomemos ese camino, por supuesto. Pidamos al Señor que seamos, por una parte, conscientes de todos los bienes que hemos recibido, sobre todo la fe, lo que significa la fe, la esperanza y el amor, y luego entender que todos esos dones sobrenaturales o naturales, no son para orgullo, ni vanidad, ni para elitismo, sino son para ponerlos al servicio de nuestros hermanos. Amén.

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