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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Solemos fallarle al Señor al dejar entrar la idolatría en nuestras vidas, al desconectamos de su amor crucificado y al desconocernos a nosotros mismos fiándonos más de nuestras fuerzas.
Homilía msan019a, predicada en 20190416, con 5 min. y 55 seg. 
Transcripción:
El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo número trece de San Juan. La escena que presenciamos es sumamente triste, porque lo que estamos viendo lo podríamos llamar el colapso de los discípulos de Jesucristo. Todo lo que parecía que se había logrado con ellos se va al suelo. Pero como de costumbre, es bueno que aprendamos qué es lo que está sucediendo, que no nos quedemos únicamente con los datos, los datos exteriores. ¿Por qué fallan? ¿qué fue lo que sucedió?
Hay tres elementos que yo creo que conviene destacar y nos interesan porque nosotros somos discípulos del Señor. Y si aquellos apóstoles fallaron, nosotros podemos fallar y de seguro hablo por mí, hemos fallado de seguro. Entonces ¿cuál es la situación? Encontramos un traidor que es Judas. Encontramos que ni siquiera cuando el Señor muestra cuál es el traidor, ni siquiera cuando eso sucede. Los discípulos entienden. O sea que hay un problema de conexión. Como lo hemos comentado en otros pasajes del Evangelio. Una cosa es lo que Jesús ve, dice y entiende, y otra cosa es lo que los discípulos escuchan y practican. Hay un problema de desconexión, como que fueran en planos diferentes.
Y luego tenemos otro problema. Y ese problema es que no solamente los discípulos están desconectados de lo que Cristo quiere enseñarles, sino que tampoco reconocen sus propias limitaciones. Son presuntuosos, creen que son más fuertes de lo que en realidad son, y esta es una gran falla. Entonces, podemos decir que este evangelio nos está mostrando tres rutas por las que nosotros solemos fallarle al Señor. Y repito, esta enseñanza nos interesa porque nosotros somos discípulos de Jesús y nos debe preocupar, nos debe preocupar que lleguemos a fallarle o que se repitan las fallas que hemos tenido en otro tiempo. Bueno, entonces, ¿qué fue lo que sucedió? Una vía por la que le fallamos al Señor es simple y llana traición.
Si examinamos la situación de Judas, encontramos que él se desilusionó de Cristo y fue cultivando idolatría al dinero. Estos son los datos que nos da la Biblia. Decepcionado de Jesús e idólatra. Pero si lo piensas bien, estas dos cosas en realidad son una sola. Porque efectivamente, en la medida en que Jesús se apartaba de lo que Judas quería e idolatraba, que era un modelo de reino de Dios poderoso, al estilo de los zelotas, un reino de Dios que empezaba por expulsar con gran fuerza a los paganos, a los romanos. A medida que Judas se fue decepcionando, se consolidó el ídolo en su corazón. Entonces somos traidores porque somos idólatras, somos traidores porque va entrando en nuestro corazón otro tipo de intereses y esos intereses ganan el primer lugar y Dios queda por fuera. Ahí le fallamos al Señor, le fallamos al Señor cuando nos desconectamos de Él.
Varias veces los Evangelios dicen que Jesús hablaba, por ejemplo, de la cruz. Los apóstoles no entendían, pero por lo menos en una ocasión dice, le daba miedo, les daba miedo preguntar, no entendían y en el fondo no querían entender. Mensaje de cruz, no, no, no. Estaban desconectados. Y esa desconexión significa que en el momento decisivo Cristo se queda solo.
Y luego tenemos el otro elemento, los discípulos no se conocen a sí mismos. Entonces se fían demasiado de sus propias fuerzas, como aparece en las palabras de Pedro. No, yo voy a luchar por ti. Yo me haré matar por ti. Jesús conoce mejor a Pedro de lo que Pedro se conoce a sí mismo.
Entonces, tener cuidado con esas tres vías, esas tres grandes avenidas por las que solemos fallarle al Señor. Si dejamos entrar la idolatría, si nos desconectamos de su amor crucificado o si caemos en grave ignorancia de nosotros mismos y empezamos a fiarnos más de nuestras fuerzas, que puede ser, por ejemplo, nuestros conocimientos, nuestros amigos, la eficacia de nuestro apostolado. Con humildad reconozcamos estos límites y pidamos al Señor conversión. Amén.

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