Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

De la misma forma que en la cruz, donde Cristo parecía completamente fracasado, estaba manifestando el amor infinito de Dios y así nos mostraba su propia divinidad, de esa misma forma cuando se consuma la traición de Judas Iscariote el hecho de que Cristo sigue siendo fiel al Padre y lleno de amor por sus hermanos manifiesta su gloria porque muestra quién es él.

Homilía msan018a, predicada en 20180327, con 5 min. y 24 seg.

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Transcripción:

Amados hermanos, hay una frase que dice Jesús en el pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar, tomado del capítulo número trece de San Juan, cuando Judas Iscariote ha comulgado sacrílegamente, recibiendo ese bocado que Cristo mismo le da con su mano cuando Judas, sale para completar su traición, cuando es de noche, como dice el Evangelista, no solo noche en Jerusalén, sino sobre todo noche en el corazón del Iscariote.

En ese momento Jesús dice ha sido glorificado el Hijo del Hombre. Esa expresión es extraña. Por qué Jesús ubica, localiza su gloria en ese momento tan angustioso, tan triste, casi podríamos decir, el momento mismo de su fracaso. Jesús había escogido a sus apóstoles y en este momento uno de ellos sale para contar a los sumos sacerdotes dónde está Jesús. Y con ese acto de traición, precipitar lo que sabemos que va a venir después la tortura, la pasión ignominiosa, la muerte en la cruz. ¿Cómo es que Jesús dice ya ha sido glorificado el Hijo del Hombre, cuando parece que en ese momento lo que está sucediendo es el fracaso estrepitoso de su misión? ¿cómo puede Jesús decir eso? Respuesta, como habíamos oído, como hemos leído muchas veces en el capítulo número doce de San Juan, Cristo, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo.

Es el amor hasta el extremo el que revela la gloria de Dios en el cuerpo de Cristo. Es el amor hasta el extremo el que muestra que ese que ha sido traicionado es también el que nos ha amado sin límite. Es el amor hasta el extremo el que revela, en fin, el infinito de Dios en la finitud del corazón humano. Porque este es, mis hermanos, el gran drama de la Pasión de Cristo. Cómo se puede revelar el infinito en lo finito, el infinito de Dios, con su poder infinito de Dios, con su sapiencia, el infinito de Dios, con su omnipresencia. ¿Cómo puede hacerse presente en la vida de un ser humano que ciertamente no puede ser omnipresente y que ciertamente tiene tantas limitaciones? Respuesta, el infinito de Dios se puede manifestar en la finitud humana si esa finitud humana se entrega sin límites, si ama sin límites, porque no es propio de la naturaleza humana por sí misma llegar a semejante generosidad. De manera que en el vaciamiento de Cristo, en el darse sin límite, aparece al mismo tiempo la verdad de su humanidad y la verdad de su divinidad. Y por eso, por eso en la cruz se revela al hombre, pero en la cruz también se revela que Él es Dios, porque solo Dios puede amar así, y porque hay esa relación tan estrecha entre el misterio de la cruz y el misterio del aparente fracaso de Cristo, cuando uno de sus discípulos le traiciona, precisamente porque hay ese vínculo estrechisimo entre lo que parece el desastre de la cruz y lo que parece el desastre de su misión como Maestro.

Precisamente por eso Cristo puede decir ahora ha sido glorificado el Hijo del Hombre. Porque lo que estamos viendo aquí es el que está siendo traicionado, sigue amando. El que está siendo traicionado no traiciona. El que está siendo ofendido no ofende. El que está siendo herido no hiere. Por eso, porque ya aquí se ve el amor sin límite de Jesucristo. Por eso sabemos que se ha realizado la gloria del Hijo. Por eso sabemos que se ha manifestado la gloria del Padre.

Hermanos, son los días de Semana Santa. Preparemos entonces los ojos y el corazón, porque ciertamente es este tamaño de amor, es esta inmensidad de amor la que Dios quiere darnos en estos días privilegiados. A Él sea el honor y el poder por los siglos. Amén.

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