Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Meditación sobre el Segundo Cántico del Siervo de Dios: Aunque pasemos por momentos bajos, en los que dudamos del sentido de nuestra labor, el que persevere verá el fruto abundante luminoso de su esfuerzo.

Homilía msan015a, predicada en 20160322, con 19 min. y 13 seg.

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Transcripción:

Hemos encontrado en la primera lectura de hoy, un texto del profeta Isaías. Corresponde al segundo cántico del siervo de Yahvé. Es que en el profeta Isaías hay cuatro textos que son conocidos como los cánticos del siervo. Son descripciones muy hermosas en un lenguaje poético y bello que muestran lo que implica servir a Dios, ya que siempre decimos que Dios es el Señor. Lo que a nosotros nos corresponde es ser sus servidores, ser los siervos del Señor. Y estos cánticos de Isaías nos presentan precisamente el perfil, podríamos decir, el retrato de lo que significa servir a Dios. En Semana Santa estos cánticos tienen un valor único, porque el que nos muestra el camino, el que nos muestra qué implica servir a Dios, es precisamente nuestro Señor Jesucristo. Y ese camino que nos muestra Cristo está entonces muy bien dibujado con las palabras de estos cánticos de Isaías. Subrayemos algo de lo que nos muestra el texto de hoy.

Este segundo cántico está tomado del capítulo número cuarenta y nueve de Isaías. Ayer Lunes Santo tuvimos el primer cántico del capítulo cuarenta y dos. La memoria puede servir para recordar dónde están estos cánticos. Capítulo cuarenta y dos. Capítulo cuarenta y nueve. Capítulo cincuenta es el tercer cántico que lo leeremos mañana. Y luego el cuarto y último cántico se proclama el Viernes Santo y está entre los capítulos cincuenta y dos y cincuenta y tres de Isaías. Hoy, pues, tenemos el segundo cántico del siervo. Capítulo cuarenta y nueve.

Y lo que nos encontramos es un momento bajo y un momento alto en el servicio de Dios. A veces uno tiene momentos bajos, pero también hay momentos altos y lo importante es no quedarse en el momento bajo. ¿Qué llamamos el momento bajo? Exteriormente es cuando uno siente que no hay una respuesta, la respuesta que uno quisiera encontrar. Por ejemplo, se organiza una reunión y casi no llegó gente, con mucho cariño se preparó esa reunión y no llegó la gente. Nos sentimos decepcionados o tal vez lo que a veces han vivido estos misioneros que están por aquí acompañándonos. Llegas a una casa con la mejor buena intención. Tú quieres compartir un mensaje bonito de Semana Santa y te dicen no me interesa, no pierda su tiempo, no quiero hacer oración. Váyase, Es algo que te baja, es algo que duele, Es un momento bajo. A veces los papás quieren llevar por el mejor camino a los hijos y a veces se llevan momentos muy malos porque tratan de darle buenas costumbres a los hijos. Y a veces pasa que los hijos son altaneros o son desagradecidos. Déjeme, mamá, es mi vida. La mamá está buscando lo mejor para el hijo, pero el hijo le da esa respuesta. Es un momento bajo. La mamá se cuestiona ¿por qué me tratan así? Ese es un momento difícil.

Aunque hay que reconocer que en nuestra época también pasa lo contrario. A veces son los hijos, a veces son los chiquitos los que tienen que evangelizar a los mayores, porque yo conozco varios casos en que son los niños los que animan a los papás para que vayan a la iglesia. Y también puede pasar que ese papá o esa mamá, en vez de darse cuenta que es Dios quien le está hablando a través de ese hijo, desprecia al hijo y entonces, vaya usted, si a usted le sirve ese grupo, vaya usted. Si a usted le gusta andar metido en la iglesia, ¡vaya, vaya!. Pero el papá no da el paso y el hijo se siente mal porque quisiera que el papá o la mamá tomara las cosas de Dios más en serio.

Pero el momento bajo no solamente viene por la adversidad o por las decepciones externas. A veces también pasa que adentro nos quedamos como sin fuerzas, porque no todos los días uno está igual de fervoroso. Hay días que uno quiere rezar y quiere predicar y quiere evangelizar, pero también hay otros días en que lo que uno siente es, hoy me da pereza, hoy no tengo ganas de rezar. Eso le puede pasar al sacerdote. No piensen ustedes que el sacerdote todos los días está muriéndose de ganas por evangelizar. También hay días en que se puede sentir decaído o un poco perezoso o un poco incrédulo. Y así nos pasa a todos. Así que ya se trate de circunstancias exteriores o de cómo se siente uno por dentro. Todos pasamos por el momento malo.

Y el momento malo es el que nos describe el texto que hemos oído del profeta Isaías. Dice aquí el cántico que se ha proclamado hoy. Yo pensaba en vano me he cansado, en viento y en nada, he gastado mis fuerzas. ¡Ay, Dios! ¿Cuántas veces los papás sienten esto? Perdí mi tiempo con esos hijos, no se logró nada. A veces los profesores sienten eso. Estos alumnos no aprenden nada. A veces el sacerdote siente eso. Esta gente ni cuidado pone. A veces sentimos eso, pero lo importante es no quedarse en el momento malo. Si usted se siente que está así, bajo, bajo de nota, bajo de pila, bajo de entusiasmo, ¡no se quede ahí, no se quede ahí!, porque luego viene otro momento que es distinto y es muy hermoso.

En este cántico de Isaías, darse cuenta que la misma persona que pasó por el momento malo, luego fíjate lo que tiene que oír, es poco que seas mi siervo y restablezcas a las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra. La misma persona que antes estaba diciendo en vano he gastado mis fuerzas, perdí mi tiempo, no logré nada. Esa misma persona luego es levantada por Dios. Porque el que se humilla será enaltecido dice Jesús, es levantado por Dios y fíjate lo que le dice Dios. Te hago luz de las naciones para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra. Te hago luz de las naciones. Esa persona que se sentía muy abajo, ahora Dios la levanta. Ahí el momento bajo, pero también el momento alto. ¿Cuál es la lección? no debemos desanimarnos porque llegue un momento de depresión, de derrota o de dificultad, porque luego viene el momento alto y ese momento alto cuando llegue va a ser esplendor que supera los límites y las barreras de lo que uno mismo se imaginaba. Esa es la victoria de Dios.

Pero quiero hacer una última aclaración o comentario. A veces ese momento alto llega después de que la persona se muere. No siempre uno ve en esta vida lo que uno sembró. No siempre se ve en esta vida esa luz. En mi comunidad dominicana yo soy dominico. En mi comunidad dominicana tenemos un ejemplo notable de esto. Uno de los más grandes sabios de la Iglesia fue y es Santo Tomás de Aquino. Muchos de ustedes lo habrán oído mencionar. Santo Tomás murió en el año mil doscientos setenta y cuatro. Cuando murió, tenía cuarenta y nueve años de edad. Eso quiere decir que yo ya soy más viejo que Santo Tomás. Para vergüenza mía, más viejo soy yo que Santo Tomás. Pero cuando Santo Tomás murió, resulta que los escritos de él no eran bien recibidos en el lugar donde él enseñó. Él fue profesor, sobre todo en la Universidad de París, en el siglo trece y había mucha discusión, mucha controversia y contradicción con los escritos de Santo Tomás en esa época, e incluso el señor Arzobispo de París se oponía a las enseñanzas de Santo Tomás y el Arzobispo de París en esa época quería prácticamente sepultar los escritos de Santo Tomás. Podemos decir que cuando Santo Tomás murió, él no alcanzó a ver el momento bueno, pero luego pasaron muchos años y muchos son muchos. Tres siglos después, en el siglo dieciséis, un Papa llamado Pío V, hizo una edición nueva de los escritos de Santo Tomás y lo proclamó como guía seguro para enseñar a los sacerdotes. Ahí ya vino un momento alto. Pero Santo Tomás tenía tres siglos de estar muerto y todavía otros tres siglos después, en el siglo diecinueve, el Papa León trece dijo, no hay maestro como Santo Tomás. Y mandó hacer una edición todavía más crítica y completa de las obras de Santo Tomás.

Ese proyecto que empezó el Papa León trece en el siglo diecinueve todavía está funcionando. Este servidor tuvo ocasión de visitar el centro donde se sigue trabajando en las obras de Santo Tomás, precisamente en la misma ciudad de París, a donde él en otro tiempo fue despreciado, podemos decir. Yo tuve ocasión de estar allá y todavía se sigue trabajando en ese mandato que dio el Papa León trece en el siglo diecinueve. Pero déjeme le cuento, que en mil novecientos setenta y cuatro, al cumplirse setecientos años de la muerte de Santo Tomás, el gran Papa Beato Pablo Sexto escribió una carta especial agradeciendo las obras de Santo Tomás. Y adivina qué título le puso a esa carta. Luz de la Iglesia, Lumen Ecclesiae. Así llamó a Santo Tomás, setecientos años después de su muerte. O sea que se cumple casi a la letra lo que hemos oído en el cántico del siervo de hoy, te hago luz de las naciones para que mi salvación llegue hasta el confín de la tierra. Uno de los grandes lectores de Santo Tomás, que no ha tenido otro maestro como Santo Tomás y que a sus noventa y cuatro años sigue leyendo a Santo Tomás. Es el padre Domingo Lozano. Él ha sido fiel discípulo de Santo Tomás toda la vida y para él no hay profesor de teología como Santo Tomás. Nuestro padre Dominguito, tan querido aquí en la parroquia. Eso demuestra que del momento malo, se sale. Dios lo saca a uno. Hay que perseverar, no hay que rendirse.

Tampoco le podemos exigir a Dios que veamos inmediatamente los frutos de nuestros esfuerzos. Yo me acuerdo del caso de una señora, esto fue en España, muy piadosa ella, enamorada de la Santísima Virgen. Y resulta que el hijo, uno de sus hijos, mejor dicho, el único. Este hijo, empezó a coquetear con esas historias raras de la nueva era, que el mentalismo, que la fuerza mental, que los rosacrucistas, que las fuerzas magnéticas, toda esa palabrería de la nueva era. Y el hijo perdió la fe católica y después de mucho tiempo ese hijo dijo pues hasta cristianos si voy a hacer pero católico nunca y se volvió protestante. Y esta mujer sufriendo porque ella tenía una verdadera fe, la fe de nuestros padres, fe católica. Y resulta que su hijo único, primero metido en esas brujerías tontas de la nueva era y después protestante. Pero esta mamá, ya casi llegando al final de su vida, porque era muy enferma, le pidió como único favor al hijo. Yo no puedo viajar sola hijo, acompáñame. Yo quiero ir a la Virgen de Lourdes. Ella, española, le pide al hijo que la acompañe para ir al sur de Francia, a Lourdes, donde está ese famoso santuario de la Virgen y el hijo, no por amor a la Virgen, porque no creía en la Virgen y se reía de eso y se burlaba de eso. No por amor a la Iglesia Católica, sino por no fastidiar y darle esa tortura y ese dolor adicional a la mamá la acompañó a la Virgen de Lourdes Y este hombre llegó protestante a la Virgen de Lourdes. Pero de ese santuario salió con el corazón en un camino de conversión y él alcanzó a regresar a la Iglesia católica meses antes de que la mamá muriera.

O sea, mis hermanos, que uno pasa por momentos oscuros y malos. Así como le pasó al siervo de Yahvé. Capítulo cuarenta y nueve de Isaías. Pero si se persevera, si perseveramos, si seguimos, llega el momento alto también, que a veces lo veremos en el lecho de muerte, otras veces lo veremos ya desde la tribuna de los cielos. Pero Dios, si somos fieles, permanece fiel. Y con esa fe grande vamos a seguir esta Santa Misa.

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