Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Pidamos a Dios Padre que en medio de las distracciones del mundo actual, nos acerque a su mirada para descubrir su plan divino y el camino de Cristo.

Homilía msan014a, predicada en 20160322, con 5 min. y 10 seg.

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Transcripción:

Hay dos elementos que quiero destacar en este capítulo trece de San Juan, es decir, en el pasaje tomado de ese capítulo que ha sido proclamado en la Eucaristía de hoy. Lo primero lo podemos llamar la ingenuidad de los discípulos, ingenuidad que los hace incapaces de entender lo que está sucediendo. Cuando Cristo les dice, hay un traidor entre nosotros, no entienden. Ingenuidad. Y por esa ingenuidad de los discípulos hay una gran desconexión entre la manera como ellos ven las cosas y la manera como las ve Cristo.

Esa terrible distancia nos lleva a la segunda palabra importante de hoy, la soledad. Incluso un discípulo tan importante, el primero entre los apóstoles. Pedro dice con gran desconocimiento de sus propias fuerzas. Yo te voy a seguir, yo voy a seguir donde tú vayas. Y Cristo, entonces, como es bien recordado, le anuncia no sólo no me vas a seguir, sino que me vas a negar. Fíjate la relación que hay entre las dos palabras que estamos utilizando. Estamos hablando de ingenuidad de los discípulos y de soledad del Maestro, de Cristo. Ingenuidad y soledad.

Pero detrás de esa ingenuidad ya he explicado lo que hay. Ellos son incapaces de ver las cosas como las ve Cristo. Su mirada está desconectada de lo de Cristo. Muchas veces Cristo regañó a sus discípulos diciéndoles, bueno, pero ustedes no pueden leer los signos de los tiempos. Ustedes son capaces de predecir si va a llover o si va a hacer buen tiempo. Ustedes son capaces de predecir el clima. No son capaces de darse cuenta del clima cultural religioso en el que estamos. Es como si Cristo les preguntara eso. O sea que en realidad la ingenuidad de los discípulos no es porque tuvieran problemas de cociente intelectual. La ingenuidad de ellos es la incapacidad de ver las cosas como las ve Cristo y por tanto, la incapacidad de detectar el grave momento en el que se encontraban. Por eso se quedan perplejos.

Posiblemente para ellos, esa era simplemente una Pascua más. O es más posible incluso que para ellos esa fuera la Pascua que inauguraba una etapa nueva. Porque con ese recibimiento que les habían dado al entrar en Jerusalén, pues parecía evidente que ya la victoria definitiva del Mesías estaba muy próxima. Entonces la mirada de ellos posiblemente estaba prendada completamente de los honores, de los triunfos, de los aplausos, del reparto del poder. Había llegado a ese tiempo para el cual cada uno se había preparado y por eso discutían tanto ¿quién es el primero? ¿quién es el primero entre nosotros? ¿quién es el mejor? ¿quién es el primero? Porque para ellos se acercaba esa hora, hora de exaltación, hora de aplauso. Y resulta que lo que Cristo está viendo es hora de combate, hora de dolor. Hay una desconexión completa.

Y por eso tenemos que pedirle también a Dios nuestro Señor, que nosotros podamos conectar con el Señor Jesús, que nos demos cuenta de la gravedad de lo que estamos viviendo en este país. Por ejemplo, en Colombia están sucediendo cosas espantosas desde la muerte de niños por desnutrición hasta la muerte de ancianos por eutanasia, pasando por la destrucción de la familia y por la ampliación de los llamados derechos reproductivos de la mujer, que es un terrible eufemismo para mencionar o para apuntar a más y más y más abortos. Eso está pasando ante nuestros ojos. Están despedazando la inocencia de nuestros niños. Están destruyendo los sueños de nuestros jóvenes. Están acabando con la capacidad de iniciativa de muchos empresarios de clase media. Están triturando la ilusión de los docentes y nosotros, impasibles. Y así en muchas otras partes del mundo, estamos como dopados, estamos como distraídos, como si fuera un día más o como si estuviera muy cerca una victoria que sería únicamente personal, únicamente nuestra.

Pidamos al Señor que nos acerque a su mirada, que lo primero que se convierta en nosotros sean nuestros ojos para descubrir el plan de Dios y para descubrir el camino de Cristo.

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