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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Cómo se conjugan la pésima noticia de la traición y la hermosa noticia de la glorificación de Cristo?

Homilía msan013a, predicada en 20150331, con 4 min. y 52 seg.

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Transcripción:

El Evangelio del día de hoy está tomado del Capítulo Trece de San Juan. Es un texto dramático, es un pasaje difícil. Difícil si nos asomamos a lo que está viviendo el Corazón de Cristo en el núcleo más profundo, en el núcleo íntimo de sus discípulos, ha entrado la traición. Dijo Jesús profundamente conmovido, nos anuncia el evangelista: Uno de ustedes me va a traicionar. Esa noticia es la más dura y es la más dolorosa que Cristo tendrá que decir a sus discípulos: Uno de ustedes me va a traicionar. Pero hay que destacar que en ese mismo pasaje, el que hemos oído, Cristo dice: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre. Meditemos por un instante en lo que esto significa.

Cristo está dando la noticia más amarga que podía dar la traición, la pezuña asquerosa del demonio se ha hecho presente entre nosotros, está aquí. Ha entrado el veneno al círculo más estrecho de mis discípulos y amigos. Es lo más tenebroso, lo más triste, lo más repugnante que se podía pronunciar en ese momento. Que eso sea así solo puede causar dolor y desconcierto, como lo sintieron los discípulos. Y lo dice el Evangelio de hoy. Pero Cristo dice: Ahora va a ser glorificado el Hijo del hombre. O sea, parece haber un vínculo entre la noticia más horrorosa y triste que es la traición y la noticia más hermosa y la más digna de ser conocida, que es la gloria del Hijo del Hombre. ¿Cómo puede estar ligada la glorificación de Cristo? ¿Cómo puede estar ligada con el hecho espantoso de la traición? Cómo es que el acto más repugnante, al mismo tiempo abre la puerta a la gloria más esplendorosa. Pues es que ese acto más repugnante, es también el momento de la verdad.

Sabemos que el traidor, sabemos que el Iscariote era un ladrón, pero se lo tenía bien guardado. Sabía ocultarse, sabía esconderse. Y sabemos también que cuando llega el momento de la traición por recibir unas monedas y por otras razones que no es el momento de exponer, Judas traiciona a su maestro. Es decir que el momento de la traición es también el momento de la verdad. Y no solo es la verdad del corazón de Judas, es la verdad del Corazón de Cristo. Porque así como va a aparecer en plenitud la magnitud de la traición, también va a aparecer en plenitud la magnitud del amor con que el mismo Judas fue amado. Con que los discípulos fueron amados y con que cada uno de nosotros ha sido amado. Por eso el momento más triste y el momento más bajo se convierte en ocasión de la máxima gloria, porque es el momento más bajo que es el de la traición. Es también el momento de la verdad.

Y ese momento, el momento de la verdad, es el momento en el que va a manifestarse. Quién es en realidad Dios, hasta dónde es capaz de llegar Dios, qué implica la salvación nuestra y cómo es cierto que en Cristo, nuestro Salvador, tenemos verdadera salvación. Así que se unen los extremos, y estos extremos que ya hoy vemos unidos, van a seguir unidos en toda esta Semana Santa, sobre todo el momento de la Cruz. Así como nos dice San Pablo, se humilló hasta la muerte y una muerte de cruz. La cruz como punto bajísimo de la humillación de Cristo. Pero la cruz como momento que también muestra la gloria de un amor lleno de pureza y lleno de verdad. Preparemos entonces nuestros ojos con este pasaje de hoy para ver en la cruz la peor de las humillaciones y la mayor de las glorias.

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