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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Jesús no es ingenuo: sabe del barro humano; pero aún así, nos ha amado, y así su saber hace más grande su amor.
Homilía msan011a, predicada en 20140415, con 4 min. y 8 seg. 
Transcripción:
Uno de los aspectos más hermosos del evangelio de Juan es la manera como nos presenta esa mirada y conocimiento que Cristo tiene del ser humano. Y este es un elemento precioso del evangelista, porque Jesús, de acuerdo con los relatos del evangelista Juan. Jesús no es ingenuo, Jesús se da cuenta la miseria de barro que somos, Jesús se da cuenta lo frágiles, lo débiles, lo inconstantes, lo ingratos, lo mezquinos que somos. Y conoce bien a su gente, conoce bien a sus discípulos. Los acontecimientos no le toman por sorpresa. Él sabe que uno, que uno de los suyos le va a traicionar. Él lo sabe. ¿Por qué destaco esto como un rasgo precioso de San Juan? Porque Jesús no se hace ilusiones, de verdad él sabe quiénes somos, de verdad él sabe cuánto fallamos. De verdad él sabe que nuestras palabras, como en el caso de los apóstoles, van muy lejos. Somos buenos para prometer. Somos malos para cumplir nuestras promesas. Y Jesús sabe todo esto. ¿Y por qué lo destacó? Porque sabiéndolo, sabiendo quiénes somos, sabiendo cómo obramos, sabiendo que nuestras palabras son de gigante y nuestras obras son minúsculas, sabiendo todo eso, nos ama y nos ama hasta el extremo. Este es un elemento que yo creo que tenemos que recoger con toda su fuerza. El amor no es ingenuo, el amor no es ilusionarse. El amor, el amor cristiano, como aparece clarísimamente en el rostro de Cristo. El amor es siempre amor de ojos abiertos. Yo creo que tenemos demasiado la idea del amor ciego como una especie de embriaguez deliciosa que se adueña del corazón cuando está lleno de entusiasmo. Es decir, nosotros creemos que tener amor es estar enamorado. Y el texto de hoy, Capítulo Trece de San Juan, nos está mostrando exactamente lo contrario. Repito, tenemos que quitarnos la idea de que tener amor es estar enamorado. Porque en el sentido usual de estar enamorado. Es algo así como estar entusiasmado. Es una especie de engaño o cuasi engaño voluntario, un deseo de solo ver lo bueno, un deseo de solo ver lo agradable, un deseo de no ver lo lo que contradice nuestras expectativas. No, ese no es el amor, ese no es el amor que nos presenta a Cristo, por lo menos. El amor que nos presenta Cristo es amor de ojos abiertos. Él sabe quiénes somos, él sabe que fallamos, él sabe que rompemos las promesas. Él sabe que somos buenos para vendernos, es decir, para decir grandes cosas de nosotros. Somos malos para realizar todo eso que hemos prometido y que hemos anunciado. Amor de Cristo, amor de ojos abiertos, amor de Cristo. Enséñanos a amar.

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