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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La frustración más dolorosa dará paso al final a la fecundidad más grande: tal es la promesa del señor para su Siervo.
Homilía msan008a, predicada en 20120403, con 4 min. y 18 seg. 
Transcripción:
Nuestra Madre la Iglesia, que es también maestra y maravillosa pedagoga, nos está conduciendo durante estos primeros días de la Semana Santa, en esa preparación final para los grandes acontecimientos de nuestra fe. Ya sabemos que el centro mismo de nuestra fe es la Vigilia Pascual, donde recordamos el triunfo de Cristo sobre la muerte. Pero esa vigilia es la culminación de toda una celebración que en realidad tiene tres días. Por eso se llama Triduo Pascual. Y como preparación inmediata al Triduo Pascual tenemos las lecturas y las oraciones del Lunes Santo, el Martes Santo y el Miércoles Santo. Ahora, por ejemplo, en este martes, ¿Qué encontramos? Bueno, la primera lectura, que es a la que le estamos dando mayor atención en este caso, es tomada de Isaías, lo mismo que sucede en el lunes y en el miércoles. No es casualidad que estas primeras lecturas vengan todas de Isaías. Es que se trata de una serie de textos que este profeta tiene textos que se llaman en su conjunto cánticos del siervo. En realidad son cuatro, y el cuarto y último, más extenso y en cierto sentido, el más hermoso, se proclama como primera lectura en la acción litúrgica del día Viernes Santo. Significa que los otros tres días tenemos los otros cánticos. Ayer, Lunes Santo, estábamos oyendo del Capítulo Cuarenta y dos y hoy tenemos un texto del Capítulo Cuarenta y nueve. Es muy hermoso el texto de hoy, porque nos está recordando al mismo tiempo la grandeza y la profunda humanidad de este siervo. El siervo de Yahvé. Porque lo que aparece aquí es una vocación muy grande, dice el texto. Es poco que seas mi siervo que restaures a las tribus de Jacob, que recojas a los sobrevivientes de Israel. Te hago luz de las naciones para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra. Esto es muy grande.Este es un mensaje de una profundidad. Este es un mensaje de un horizonte tan dilatado que realmente no alcanzamos a abarcarlo ni con nuestra mirada, ni con nuestra imaginación siquiera. Pero a la vez aparece esa realidad tan humana de este siervo de Yahvé. Él dice: Yo pensé en viento y en nada he gastado mis fuerzas. Es decir, es la experiencia como de una frustración, como de un esfuerzo que queda sin resultado. Pero detrás de ese esfuerzo vendrá algo muy grande. Este texto lo escribió Isaías o los discípulos de Isaías muchos siglos antes de nuestro Señor Jesucristo. Y sin embargo, ¿Qué bien se retrata ahí el misterio del Mesías! Con toda razón los primeros cristianos, al volver sobre estos textos de las escrituras, encontraron tan retratado a Jesús que no dudaron en aplicar esta palabra, estos cánticos aplicarlos al Mesías Salvador. Qué bueno que también nosotros, siguiendo el ejemplo de esos primeros cristianos, podamos reconocer a Jesús en estos textos del cántico del Siervo. Y veamos en él aquel que ha pasado por el cansancio extremo, por la frustración más profunda. Pero para llegar a la fecundidad más grande y a la alegría que no muere.

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