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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
"Luz de las naciones" es uno de los títulos más hermoso para Cristo. Así le llama proféticamente Isaías. Y así nos llamamos nosotros también, en cuanto miembros del Cuerpo de Cristo, investidos con su espíritu y redimidos por su Sangre.
Homilía msan007a, predicada en 20110419, con 4 min. y 15 seg. 
Transcripción:
Hoy la Escritura nos enseña uno de los títulos más hermosos para Jesús, Luz de las naciones. Entre paréntesis, este es el título también de uno de los documentos más importantes del Concilio Vaticano Segundo. Lumen Gentium, se dice en latín y en el caso del Concilio se aplica a la Iglesia Cuerpo de Cristo. En el caso de Isaías Capítulo Cuarenta y nueve, que es la primera lectura del día de hoy, Martes Santo, encontramos que el siervo de Dios, el siervo de Yahvé, es luz para las naciones. Muy pronto los cristianos descubrieron que esta clase de título a nadie podía quedar mejor sino a Cristo. Él es el que lleva la luz de la revelación. El verdadero rostro del Padre lo lleva a nuestros corazones. Cristo es el misionero del Padre y con su presencia sobre nuestra tierra, ha santificado no solamente nuestros cuerpos al sanarlos, sino también nuestras inteligencias al darnos la verdad. La dádiva preciosa de la verdad es la revelación que Cristo nos ha otorgado, y por eso es luz, porque nos ha enseñado quién es Dios verdaderamente y también quiénes somos nosotros. Es importante descubrir que si Cristo es la cabeza de este cuerpo, que es la Iglesia, entonces nosotros que hemos sido movidos, iluminados por el Espíritu de Jesucristo y que hemos sido renovados al altísimo precio del derramamiento de su sangre, tenemos también que ser luz, y tal vez debería decir mejor tenemos que aprender a ser transparencia de Dios, que la luz que nosotros recibimos no se quede en nosotros. Los cuerpos opacos reciben la luz, pero la retienen. En cambio, los cristales, los cuerpos transparentes, dejan pasar esa luz. Cristo ha obrado en tu vida. Tú conoces el amor de Cristo, no lo retengas. Esa misma luz, esa misma gracia, tiene que llegar a muchos más hermanos. Ser luz de las naciones significa que tenemos que llegar hasta el confín de la tierra, como dice el texto de Isaías: Te hago luz de las naciones para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra. Y si vamos a llevar la luz de Cristo hasta el confín, quiere decir que tenemos que dar pasos también hacia aquellos que desprecian la fe, hacia aquellos que no creen en Cristo, hacia aquellos que lo han desechado hacia aquellos que tienen prejuicios contra la Iglesia o contra la religión a través de nuestro testimonio de vida, a través de una caridad oportuna, delicada y eficaz. Nos vamos convirtiendo en testimonio del mismo amor que nosotros hemos recibido, y así llegamos a ser luz para otras personas. Esto no es únicamente para sacerdotes, o para monjas, o para misioneras o misioneros. Esto es para ti, que has recibido la luz de Cristo, para ti que crees en Él, para ti que trazas con alegría la señal de la cruz sobre tu frente y sobre tu pecho. Hoy el Señor te hace misionero, hoy el Señor te invita a llenar del esplendor y del delicioso aroma de Cristo, ese lugar donde tú vives, ese lugar donde trabajas, ese ambiente y esa conversación que tienes con tus amigos. Estuvo contigo Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.

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