Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

No cometamos con el Señor los mismos errores que cometió Judas Iscariote. ¡Seamos fieles discípulos suyos!

Homilía msan006a, predicada en 20100330, con 29 min. y 45 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, los evangelios del día de hoy y del día de mañana tienen indudablemente un aroma de tristeza que se percibe desde el primer momento. Estamos ante los días, prácticamente las horas finales de Jesucristo en esta tierra, y es inevitable mencionar la traición de Judas, el abandono de los discípulos, la violencia de los enemigos de Cristo y luego lo que se sigue, la manera cómo fue torturado y cómo murió. Es indudable que hay un tono de tristeza en todos estos días, y uno tendría que no amar a Jesús para dejar de sentir esa tristeza. Cómo puede uno ver que a un amigo de uno le hagan todo esto y quedarse impasible. Pero el hecho de que haya esa sensación de tristeza no significa que deje de haber luz para nosotros, enseñanza, camino. Precisamente lo más notable de la Pasión del Señor es que Él es el lucero que permanece encendido, Él es la lumbre que no se apaga. También cuando tiene que entrar en ese abismo de contradicciones y de enemistad, y de odio y de engaño, que fue la estrategia de sus enemigos. Es decir, en toda esta oscuridad el único que sigue brillando es Jesús. Y como nosotros somos seguidores de Jesucristo, entonces a nosotros nos interesa la luz que Él nos regala. Incluso si todo lo demás está a oscuras, lo que Cristo nos muestra siempre es importante.

Hoy, por ejemplo, tenemos que aprender algo sobre la traición de Judas. Hay unas cuatro teorías sobre la traición de Judas y quizás no son excluyentes. Es decir, probablemente Judas llegó a ese extremo de traicionar a Cristo movido por varias causas y no por una sola. Pero mirémoslas por separado. La primera teoría dice que en Judas hubo ante todo una decepción personal. Es decir, Judas se decepcionó de Jesucristo. Yo sé que esa frase suena muy extraña, muy dura, pero resulta que esa frase la dice el mismo Cristo. Por ejemplo, él dice: Dichoso aquel que no se escandalice de mí. Aquel que no encuentre obstáculo para creer en mí. Se puede traducir también eso. Porque hay personas que se decepcionan de Cristo. Eso le puede suceder incluso a uno. Recordemos un ejemplo, Yo creo que bastante conocido aquel joven rico en el Capítulo Diecinueve del Evangelio de San Mateo. Este era un hombre que quería hacer algo por Cristo, admiraba a Cristo. Seguramente le fascinaba la predicación de Cristo. Y entonces le dice a Cristo: Que quiere seguirlo. Y le dice ¿Qué tengo que hacer para alcanzar la vida eterna? Cristo le dice: Cumple los mandamientos. Y el muchacho responde, los he cumplido desde niño. Se ve que era una persona de buena familia, de buena educación y de buena fe. Pero no le bastó, no le fue suficiente. Cristo le dijo a este muchacho; Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme. Y el muchacho se fue entristecido. Esa propuesta de Cristo fue demasiado para él. No era lo que este joven estaba esperando. ¿Quién sabe cómo se imaginaba él que iba a ser la cosa? En todo caso, le dio la espalda a Cristo.

También hubo otros que le dieron la espalda a Cristo, según se cuenta en el Capítulo Sexto del Evangelio según San Juan, cuando Cristo dijo esas palabras tan hermosas por una parte, pero tan impresionantes por otra. El que no come mi carne y no beba mi sangre, no tiene vida. Y entonces la gente comenzó a irse y se iban comentando unos con otros, este lenguaje está muy duro, ¿Quién puede resistirlo? Es decir, les gustaba el Jesús de los milagros, les gustaba el Jesús que sana. Ese Jesús sí que le gusta a todo el mundo. El Jesús aspirina, el Jesús que arregla los problemas, ese nos gusta a todos. Si usted quiere llenar un estadio gigantesco que casi no se llena nunca, que es el estadio aquí de Chiquinquirá, si usted quiere llenar el estadio de Chiquinquirá, anuncie que hay alguien que está curando gente. A eso se le llena el estadio, allá llegan todos, hasta los que tengan una uña encarnada. Todos llegan allá. Ese Jesús nos encanta.

Pero el Jesús que dice palabras tan comprometedoras, tan profundas y que implican una cercanía tan tremenda, pues la gente da la espalda. Como quien dice, ibas bien hombre, Jesús ibas bien. Ahora a ahora, con lo que vino a salir, se decepcionaron de Jesús. Entonces una teoría dice que Judas se decepcionó de Jesús. Y esto va unido a la segunda teoría, frustración política. Todo indica que Judas pertenecía a un grupo extremista, de esos que ha habido prácticamente siempre en el Medio Oriente. Esos grupos que están convencidos que la violencia es el camino y que hay que aprender a dar golpes claros y certeros. Motivados por el ejemplo de una especie de guerrilleros, los llamados Macabeos, que vivieron en el siglo tres antes de Cristo. En la época de Cristo había unos que se llamaban los zelosos, celosos de la casa de Dios. Zelotas o zelotes, se le suele llamar y parece que en el grupo de Cristo había por lo menos dos de ellos, uno que se llamaba Simón y otro que era Judas Iscariote. De hecho, la palabra Iscariote parece estar relacionada con una raíz hebrea que significa puñaleta, daga.

Es decir, estos eran luchadores de la causa de Dios y Judas Iscariote, cuando empezó a ver el poder de Cristo y el liderazgo de Cristo, seguramente creyó que Cristo era el líder de esa revolución que Él y tantos otros habían imaginado. Es decir, que Jesucristo era un Mesías, un Mesías revolucionario como el que ellos tenían en su cabeza. Y resulta que algunos signos de Cristo apuntaban en esa dirección. Por ejemplo, cuando Cristo dice: El reino de Dios ha llegado, ese era prácticamente el santo y seña de todos estos grupos, porque la expresión el Reino de Dios ha llegado en los oídos de esa gente en ese tiempo significaba ahora le toca a Dios. Este es el turno de Dios, como quien dice ya no van a mandar los romanos, ya no va a mandar la potencia extranjera, se acabó la dominación extranjera, le llegó el turno a Dios. Así que cuando Jesús decía, Ha llegado el Reino de Dios, una parte no despreciable de sus oyentes pensaba oiga, eso significa que este es el tiempo de la revolución, este es el tiempo del levantamiento. Y Judas Iscariote probablemente sintió eso. Además, Jesús tenía todo el aspecto del líder valiente, porque Jesús se enfrenta prácticamente con todas las autoridades de ese tiempo y se da uno cuenta que no les tiene miedo. Y esta es una característica de un buen guerrillero que sepa darle duro, que deje humillados, que deje callados a los tales saduceos, manada de corruptos, todos esos sumos sacerdotes del templo, negociantes, déles duro, hágalos quedar en ridículo, denúncielos.

Y Jesús varias veces cayó, hizo callar a los saduceos, a los escribas, a los fariseos y todos estos grupos, fariseos, escribas, saduceos, todos ellos buscaban la llegada del Reino de Dios, lo mismo que los zelotas. Entonces, fíjate que si Judas Iscariote era un zelota y él buscaba el reino de Dios y él se daba cuenta que Jesús le daba duro a los otros. Eso implícitamente significaba la propuesta nuestra es la buena. Jesús es de los nuestros, Jesús en cualquier momento va a declarar que se acabó la dominación, que se acabó la esclavitud, que llegó el tiempo nuevo y él se va a posesionar como rey y va a empezar una cosa nueva. Pero Judas, así como podía ver estos signos de mesianismo político en Cristo, también tenía que darse cuenta. Y esto sin duda lo llenó de frustración. Tenía que darse cuenta que Jesús salía con unas cosas raras también. Por ejemplo, esa vez, en que estaban los discípulos, ¿Con que quién es el más importante? ¿Quién es el más importante? Y Jesús llama a un niño y lo pone en medio y lo abraza y dice: Hay que hacerse como niños para entrar en el reino de Dios. Yo me imagino a Judas diciendo ¿Qué, qué? Si los niños no son soldados, no son guerreros, los niños se asustan con cualquier cosa, no tienen vigor, no pueden aguantar hambre, no pueden resistir el sueño. ¡Qué cuento de niños! Lo que necesitamos es valientes guerreros.

Y la gente le llevaba niños a Jesús para que se los bendijera a Jesús. Y los discípulos, seguramente entre ellos de muy buen gusto. Judas Iscariote, trataban de frenar a la gente, dejen, dejen tranquilo al Maestro. Pero no era solo dejen tranquilo al Maestro, sino que ellos tenían otra idea de lo que significa ser discípulo de Cristo. Pero Cristo, en vez de regañar a la gente, regañó fue a los apóstoles y entre ellos a Judas, y les dijo: No, Señor, la cosa es de otro modo hay que ser humildes. Y Judas Iscariote se quedó así como mirando ¡Ay caramba! Con esta humildad no va a haber mucha revolución, con tantos perdones no va a haber mucha, mucha revolución. Además, Jesús en varias ocasiones puso como modelo de fe y como modelo de acogida al Evangelio, a personas que, como decimos en Colombia, nada que ver, nada que ver. Cómo se le ocurre a Jesús decir en una ocasión los publicanos y las prostitutas van delante, ¿Cómo que van delante? ¿Cómo se le ocurre decir que personas así nos dan ejemplo a nosotros? ¿Qué le pasa?

En otra ocasión Jesús hizo otra cosa que debió dolerle mucho más a Judas. Ustedes se acuerdan cuando un centurión romano tenía un criado enfermo, y Jesús entonces le dice al centurión; Voy a curar a tu criado, y ya se pone en camino para ir a la casa del centurión. Y resulta que ya esa es una cosa muy seria. ¿Por qué no se supone que los romanos son los enemigos? ¿Cómo así que va a ir usted y ayudarle a un enemigo? ¿Cómo así que va a ir donde los romanos? ¿Cómo va a entrar en casa de un romano? ¿Cómo se le ocurre? Pero Judas, callado. Ahí aguantando, pero él tenía una libretita donde iba apuntando todo. Me decepcionó, Jesucristo me volvió a decepcionar. Son decepciones personales y decepciones políticas. Y ahí sí, como dice nuestro pueblo colombiano en tono popular Pa más Piedra. Resulta que el centurión le dice: Oye, no tienes que llegar hasta mi casa, basta con que lo digas de palabra. Y Jesús se detiene y llama la atención de toda la gente y les dice: ¿Saben una cosa? en Israel no he encontrado tanta fe. No contento con irse a la casa de un romano, que es ir a la casa del enemigo, y se supone que Judas lo que quería era volarle la cabeza a ese romano. Y Jesús iba a ir allá a tomarse un tintico con el romano. ¿Qué pasa? ¿Qué pasa Jesús? No contento con irse a la casa del romano, pone la fe de ese centurión, la fe de un pagano, la fe del enemigo. ¿Cómo la va a poner de ejemplo, hombre? Judas estaba rabiosamente decepcionado de Jesucristo.

Entonces lo peor de su propia naturaleza empezó a salir a flote. Y aquí viene la tercera teoría. Resulta que Judas era el encargado de la plática. Y qué pasa cuando una persona está en un proyecto con otras personas pero ya no cree en el proyecto. Pues ese es el momento en el que la gente dice de esto no va a salir nada. ¿Pues yo qué voy a hacer? Sacar mi tajada, yo saco aquí mi tajada, yo aseguro lo mío. Punto. Eso empezó a hacer Judas. En un momento dado, Judas se decepcionó radicalmente de Jesucristo, pero seguía andando ahí. Seguía callado, allá iba callado con su libretita, tomando apuntes. Su traición ya empezó mucho antes, la traición de Judas no empezó en la noche de la Pascua. La traición de Judas empezó mucho antes, cuando seguía andando con Jesús, pero ya le escondía la mirada. Por eso Jesús en la Última Cena, dijo: ¿No os he escogido yo mismo a vosotros? Y sin embargo, no todos sois de los míos. Jesús no era ningún tonto. Jesús se daba cuenta que Judas era de esos que siempre esconde así la mirada es el que está detrás de la columna, es el que llega tarde y se va temprano. Eso también pasa aquí en misa. Pero no hagamos comparaciones.

En todo caso, Judas ya daba señas de que no creía mucho. Estaba, pero no estaba. Y mientras tanto pues siempre llegaba alguna plática, Llegaban, ahi algunos fondos de Alemania, ahí llegaba, platica. Entonces con esa plata que entraba Judas empezó a decir bueno, esto no va para ninguna parte. Conclusión sacar mi tajada y que por lo menos aseguro lo mío. Así que Judas era un oportunista y era también un ladrón. Así lo dice expresamente el evangelista Juan. Llevamos tres casas o tres teorías de la traición de Judas. Decepción personal, frustración y rabia política, provecho, egoísta y robo. Pero detrás de todo eso, la lectura de hoy sugiere algo mucho más tenebroso. El enemigo malo, el demonio quería destruir como fuera a Jesús, como fuera. Y el enemigo malo estaba buscando alguna grieta, algún resquicio para entrar a ese círculo de los amigos de Jesús y poder consumar el crimen. Lo que no sabía Judas es que el enemigo estaba en esa búsqueda. Al ponerse en esa condición de traición interior, de decepción interior, de hipocresía, de estar pero no estar, Judas se estaba ofreciendo a sí mismo como perfecto candidato para esa obra del enemigo, y por eso la cuarta teoría dice, que realmente lo que sucedió en el caso de Judas es que él fue un instrumento del poder de las tinieblas. Y aquí es donde la teología se vuelve complicada.

Ahí es donde viene el tema ese que estuvo de moda hace unos años del Evangelio de Judas y no sé qué más. Y básicamente lo que dicen los que así escriben es esto, Si Judas, al fin y al cabo era un instrumento, podemos decir como un títere del enemigo. Y si Judas finalmente sirvió para que Cristo nos salvará a todos, pues tampoco es tan malo Judas. Pues tengamos en cuenta lo que hemos venido explicando. Es verdad que Judas obró como verdadero instrumento del poder de las tinieblas, pero también es verdad que antes de convertirse en ese asqueroso instrumento de traición, Judas ya había rodado pendiente abajo bastante por su propio pecado, porque su corazón endurecido no había recibido la Palabra de Cristo, porque él juzgaba a Cristo según sus propios criterios, porque Él creía que Él tenía la razón y que Cristo estaba equivocado. Y desde su lógica y desde su propuesta condenaba el modo de actuar de Cristo. Es decir, ya Judas, mucho antes de que se diera esa acción, llamémosla inmediata o muy próxima del demonio, mucho antes de esa acción inmediata o próxima del demonio, Judas había rodado cuesta abajo, en el abismo de la traición, se había enredado y se había encarcelado en sus propios intereses y pensamientos. De modo que, si bien nosotros no podemos decir, ni nos corresponde decir, si Judas es el peor pecador o no tan malo, o lo que sea, si se condenó o no se condenó, eso no tenemos que decirlo nosotros. A nosotros no nos toca eso. Solo Dios verá qué fue lo que hizo con Judas. Nuestra Iglesia Católica, es decir, por boca del Papa de los diferentes Papas. Nuestra Iglesia Católica jamás ha declarado formalmente que Judas se condenó, es decir, que existe un resquicio de esperanza, incluso aunque se haya quitado la vida. Solo Dios puede saber en esos últimos momentos, en esos últimos jadeos, qué clase de pensamientos pueden cruzar la mente de una persona que estuvo atormentada por tantas cosas, por tantos intereses. Solo Dios tiene que juzgar a Judas, a nosotros no nos toca. Pero aunque a nosotros no nos toca decidir si él es el peor culpable o si no lo es.

Una cosa que sí tenemos que decir es, antes de convertirse en instrumento de Satanás, el hombre rogó bastante y rogó bastante por su propio pecado. Y ese pecado aparece clarísimo en la Escritura. Y esta es la parte que más nos interesa a nosotros, porque finalmente, y lo digo por tercera y última vez, a nosotros no nos toca juzgar qué pasó con Judas. Eso lo dejamos en las manos de Dios, que es el único juez y es el único Señor. A nosotros lo que nos toca es aprender lo que podamos aprender ahí ¿Y qué es lo que podemos aprender? Primero, que yo jamás le puedo imponer mis planes a Dios, porque ese fue uno de los peores pecados de Judas imponerle su pecado a Dios. Es decir, Él creía que su idea y su plan y su su propuesta era la que valía y la de Jesús no. Remedio para no caer en esa tentación espantosa, el Padre Nuestro, bien rezado en el Padre Nuestro decimos: Hágase tu voluntad, tu voluntad, dejar de imponerle a uno la voluntad de uno a Dios. Eso es lo primero que hay que hacer.

Segundo, ¿Qué más podemos aprender de Judas? Judas estaba convencido de que era necesaria una liberación política, una liberación social, una independencia, una autonomía. Y es verdad que el mensaje del Evangelio tiene una dimensión social. Pero las cosas tienen un orden. La transformación de la sociedad y, en particular, las transformación de las estructuras, la transformación de las estructuras sociales, no es el corazón del Evangelio, sino la consecuencia natural de la obra de la evangelización, es decir, de lo que en lo que debemos esforzarnos los cristianos no es a ver cómo cambiamos la sociedad y así seremos cristianos, sino a ver cómo somos de Cristo y verá que cambia la sociedad. O sea que Judas le dio la vuelta a las cosas. Una cosa es decir yo tengo que cambiar la sociedad como sea y cuando esa sociedad esté cambiada ya queda cristiana. No señor. Ese era el pensamiento de Judas y hay que tener mucho cuidado con eso. Mientras que la verdadera propuesta es, nosotros tenemos que asegurarnos de ser de Cristo, tenemos que asegurarnos de pertenecerle a Él, de escuchar su Palabra, de ser sus discípulos, de ser siervos de su reino. Y en la medida en que pertenecemos a ese Jesús, entonces personas y estructuras cambian de acuerdo con el pensamiento de Dios. Entonces esto tiene que quedar muy claro. Primer error de Judas y que Dios haya tenido misericordia de él. Querer imponerle su plan a Dios, solución para esa tentación, Parp no caer en ella. El Padre nuestro bien rezado; Hágase tu voluntad en la tierra como se hace en el cielo. Segunda Segunda falla del hombre Judas Iscariote, del cual Dios haya tenido misericordia. Que Judas vio las cosas al revés. Él pretendía cambiar la sociedad para que Dios reinara, la cosa es al revés. Primero tenemos que ser de Dios, pertenecerle a Él y hacerle caso a Él, y verá que cambian las personas y las estructuras.

Tercer error de Judas hipocresía y robo. Remedio contra la hipocresía, para nosotros los católicos es muy sencillo. Se llama Sacramento de la Confesión, bien celebrado. La sinceridad, la transparencia ante Dios, este es mi corazón. Judas empezó a jugar a la doble vida callao con su libretita, llevando su agenda aparte, llevando su pensamiento aparte, escondiendo la mirada, prefiriendo las tinieblas. ¡Cuidado! El que prefiere las tinieblas un día tendrá por Señor al príncipe de las tinieblas. Cuidado con eso. San Pablo nos dice: Nosotros somos hijos de la luz e hijos del día. Lo nuestro es la luz, la verdad, la transparencia. Ahí no hay espacio ni para hipocresía ni para robo.

Cuarto problema de Judas. Finalmente terminó siendo instrumento del enemigo, instrumento del príncipe de las tinieblas. Remedio para ese, para esa tentación, para ese problema. Si tú no quieres que ninguna otra cosa sea Señor de tu vida, escoge como Señor a Jesucristo, permanece como siervo de Jesucristo, enorgullécete de ser de Jesucristo. Y ahí estás. Esa es la solución siendo de Jesucristo. Si Jesús es tu Señor, Jesús te defiende para que nada más se enseñoree de tu vida. Si Jesús es tu Señor, entonces no va a haber ningún otro Señor en tu existencia. Aprendamos del ejemplo de Judas y que Dios haya tenido piedad de Él. Más que acusar a Judas o más que absolver a Judas, aprendamos de todo esto que sucedió con Judas y pidamos al Señor ser fieles discípulos suyos. Discípulos misioneros. Amen. Amen.

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