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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿Te parece aburrida la Semana Santa?

Homilía msan003a, predicada en 19980407, con 11 min. y 3 seg.

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Transcripción:

Queridos amigos, sabemos que Evangelio, sabemos que Evangelio significa buena noticia. Pero cuando se encuentran noticias tan trágicas, tan tristes como las que presenta el evangelio de hoy, es decir, la traición del Señor, Cristo traicionado por uno de sus discípulos, abandonado de los demás. Uno se puede preguntar ¿Dónde está el aspecto alegre o el aspecto de buena noticia en un texto como este? Yo me acuerdo haber escuchado una vez, a una persona, específicamente a un fraile, que en un acto profundo de sinceridad, decía que él le tenía cierta pereza a la Semana Santa porque le parecía un tiempo como triste, un tiempo como lúgubre. Tal vez si pensamos en la Navidad hay como algo de animación, tal vez como de color. Hay niños, hay regalos, hay gozo. En cambio, en la Semana Santa todo parece como circunspecto, como triste, todo parece como lúgubre, parece como un luto largo y esto da un aspecto como de tristeza.

Ahora hay quien dice Bueno, la tristeza durará hasta el sábado, porque ya el domingo viene la Pascua, viene la resurrección del Señor y con la resurrección del Señor nos vamos a alegrar todos. Estoy de acuerdo, es un principio de respuesta. Pero entonces quiere decir que toda esta semana es una semana lúgubre, es una semana triste y en ese sentido se podría decir me disculpan los oídos delicados, se podría decir una semana aburrida. Y yo creo que muchas personas sí lo han pensado así y por eso buscan sitios, oportunidades, maneras de no aburrirse, porque les parece que es una semana aburrida. O sea que esta pregunta que nos hemos hecho, si este texto es o no una buena noticia, tiene muchas implicaciones para nuestra manera de comprender este tiempo de Semana Santa. Yo me quedé pensando cuando escuché a aquel fraile que decía que la Semana Santa era triste, era aburrida, era lúgubre. Alguien podría decir ¿no? una actitud superficial que queda muy mal en un religioso. Sí, podemos hacer juicios de esos, pero hagamos el intento de buscar una respuesta un poco más profunda.

Busquemos teológicamente cuál es el sentido de buena noticia que puede darse en un texto como este Capítulo Trece del Evangelio según San Juan. Este texto empieza con una mala noticia: Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar, y termina con otra mala noticia. Le dice Jesús a Pedro. ¿Darás tu vida por mí? ¡Qué vida ni qué vida! Te aseguro que no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces. Traición de uno y negación de otro. ¿Dónde está la buena noticia? Aquí. Pues sí, la hay. Y yo me alegro de compartir con ustedes este aspecto de buena noticia. No solo por el evangelio del día de hoy, sino también para que podamos vivir no con superficialidad, pero sí me atrevo a decir con gozo, nos atrevamos a vivir con gozo esta Semana Santa.

Trato de explicarme, resulta que Jesús está reunido con sus discípulos y entre ellos hay un sentimiento profundo de solidaridad. Cuando Jesús dice como una bomba esta frase; Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar. Se miran perplejos, hay un sentimiento de equipo entre ellos. Ellos sienten que, que están como unidos, que están unidos alrededor del maestro. Bien, vamos a irnos mentalmente a otra escena. El jardín, el huerto de los Olivos. Ahí la situación es completamente distinta, ahí Jesús está solo. Lo que yo quiero decir es esto, que mientras estaban en la Última Cena, el traidor estaba solo y los demás, los apóstoles estaban alrededor de Jesús. Ahí, el traidor Judas Iscariote era minoría, estaba solo. Cuando nos vamos al Huerto de los Olivos, el que está solo es Jesucristo, el Jesús. Él es el que está solo y los que son mayoría son los del partido del traidor, es decir, aquellos de la policía del templo que han venido con espadas y palos a agarrar al Señor. Aquí hay una enseñanza profunda y hermosa.

Mira, si Jesús hubiera dicho públicamente, abiertamente, no lo que dijo uno de vosotros me va a entregar. Si no hubiera dicho ya que estamos en esta confianza, ya que estamos en esta confianza, quiero decirles un detallito que aquí hay un soplón, un espía, un sapo que es Judas, Agárrenlo. Si Jesús hubiera hecho eso, esta gente, estos discípulos que en ese momento se sentían fuertes, hubieran caído sobre Judas. Probablemente lo hubieran limitado, golpeado, maniatado, y en ningún caso le hubieran permitido que hiciera lo que hizo. Mi punto es, que Jesús no traicionó a Judas. Judas traicionó a Jesús. Jesús había establecido una relación con Judas, Él es el Maestro, Judas es el discípulo, hay una relación. Él es el Señor, Judas es uno de sus apóstoles. Jesús no traiciona a sus discípulos, Jesús es leal con sus amigos, Jesús es fiel con sus apóstoles. Jesús no denuncia a los suyos ni siquiera en perjuicio propio, porque si le hubiera denunciado se hubiera salvado, pero no denuncia a sus amigos.

Luego la situación se invierte y es Jesús el que queda en minoría y es Judas con los de la secta de los fariseos y herodianos y toda la demás gente, los que son mayoría. ya la situación es inversa y ahí caen sobre Jesús. De manera que lo que se nos está mostrando en este Evangelio y esta es una gran noticia y es una buena noticia y es una fantástica noticia, es que Jesús tiene una calidad infinita de amigo, una capacidad infinita de lealtad y de fidelidad, una capacidad de defender a los suyos, de estar del lado de los suyos, de apoyar a los suyos aunque a él mismo se le rompa el alma y le destroce en el cuerpo, Él defiende a los suyos.

Lo que nos encontramos amigos en este Evangelio es la maravillosa, la incalculable, la exorbitante fidelidad de Jesús. Hasta donde Jesús es amigo, hasta donde es maestro, hasta donde apoya incluso al que le deja. Eso nos lo enseña el Evangelio de hoy. Y esta es una gran noticia, una maravillosa noticia. Este es un evangelio con todas las letras, porque nos está diciendo especialmente a nosotros que somos discípulos del Señor, aunque tal vez lo hayamos dejado, aunque tal vez le hayamos traicionado muchas veces. Nos está diciendo que Él permanece fiel, como hermosamente dijo San Pablo. Si nosotros le abandonamos, si nosotros somos infieles, Él permanece fiel, porque Él no puede desmentirse a sí mismo. Por consiguiente, calculemos a partir de aquí, midamos a partir de aquí qué calidad de amigo es Jesús. Calculemos qué calidad de maestro tenemos, descubramos qué calidad de amor nos llama cuando Cristo nos llama. Embriaguémonos de esa fidelidad, de esa amistad que está por encima incluso de la traición.

Jesús habló discretamente al discípulo amado. Le ofreció un pedazo de pan untado con salsa judas, como una señal que podía entender el discípulo amado, pero que nadie más podía entender, porque ese es un gesto de urbanidad y cariño en las cenas judías. Dar un pedazo de mi plato, un pedazo de mi pan al amigo es una manera suprema de comunión, una manera suprema de comunidad con Él. De manera que Jesús obró de tal modo que, aunque mostró al discípulo amado que él sabía por dónde venía la traición, no denunció al traidor porque le seguía tratando como amigo y como discípulo, porque sabía que había un pacto entre ese Judas y Él. Y Jesús no iba a romper ese pacto. Si el pacto lo rompe Judas, que lo rompa Judas. Pero yo, yo no voy a romper el amor que le tengo a mi discípulo. Esa es la calidad de amor que a uno le sirve, esa es la calidad de amor que a uno le salva.

Yo pienso, por ejemplo, en mis hermanos frailes, pienso en mí mismo como religioso y sacerdote. Y yo digo qué consolador es para mí, qué maravilloso es para mí saber que este es mi Señor. Saber que este es mi hermano, mi amigo, saber que yo estoy aunque me caiga, aunque tartamudee aunque cojee, yo estoy tras las huellas de este señor. Me encanta, me fascina que él sea mi Señor y mi Maestro, porque yo sé que Él es fiel, entiende, sana, ayuda, persevera, está de mi parte. Esa es una gran noticia, es una noticia fantástica. Nos podemos gozar en ella, comer del mismo pan que alimentó a los santos y aprender de ese pan y de ese amor. Hacer también nosotros más fieles.

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